Gente con perro

Hace más de diecisiete años, publicaba en El Correo de Andalucía mi artículo “Gente con perro”. Llevaba colaborando unos tres o cuatro años y nunca había tenido respuesta a mis opiniones. Junto a mi foto y mi nombre, aparecía una dirección electrónica. 

Pues en esta ocasión, recibí multitud de comentarios; eso sí, todos ofensivos. No, no discordantes, contrarios o disconformes, sino ofensivos, muy ofensivos: Que si no tenía corazón, que si yo no podría amar nunca a nadie, que me deberían expulsar del planeta.

El artículo de ese yo, bárbaro y sin sentimientos, decía así:

“No me gustan los perros; bueno, en realidad lo que me disgusta es convivir con ellos, porque cuando he tenido la oportunidad de abrazar o jugar con un cachorrito sí que lo he hecho. Me pasa igual con los caballos, disfruto con sus estampas y sus evocaciones míticas, pero rehuyo los establos y los picaderos. Ni quiero jinetear ni aumentar la familia, por muy agradecido y cariñoso que sea el posible nuevo componente.

Sin embargo, admito que se pasee, se confíe, se cuide y se comparta la vida con cualquier animal irracional, además de algunos seres humanos. Es una actitud que me parecería de elemental sentido común si no conociera a mucha gente con perro y también a muchos amantes de las caballerizas.

Por lo visto, debe de ser normal que me guste el olor a heno pisado, las trufas húmedas y las babas, pero yo no soy normal y, en esta sociedad tan permisiva, mi elección no puede ser respetada.

Las personas con animales domésticos se han atribuido la capacidad de otorgar en exclusiva los calificativos de humano, sensible e incluso sociable o progresista a quienes comparten su afición por los pelos y las razas; y los demás no podemos hacer compatible ningún tipo de filantropía con nuestro desinterés por los cuadrúpedos. Así que si se va a sus casas, habrá que aguantarse con el ruido, los saltos y muchas veces el olor, ya imperceptible para ellos; y si nos visitan, la situación se agravará, ya que suelen añadir una educación distraída y nos endosarán sus bestiecitas, queramos o no. 

Así suelen ser los amantes de los animales, que no de la naturaleza, categoría reservada para los cazadores que, como se sabe, se responsabilizan de la conservación de las especies.

No sé si algún lector con perro, gato o león caseros me dirá por todo lo que escrito que soy un animal. Seguramente, llevará razón”.

Quizá en 2023 haya acabado tanta intransigencia. Por cierto, mi dirección para estos menesteres es jandivia@yahoo.es.




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