Género singular. Manual para Gente sin Género

 

El negro azulado es el color del cielo, el amarillo es el color de la tierra. Cuando se derrama, pues, sangre negra y amarilla, es señal de que, debido a esta lucha, que no es natural, ambas fuerzas fundamentales sufren daño.

I Ching
El Libro de las Mutaciones

NOTA PREVIA DEL AUTOR: REQUIEM POR LA INTIMIDAD

Lo de verdad amargo es el modo en el cual destruimos una vida alegre y rica, y la más emancipada de la historia, para sustituirla por un prolijo infierno. Éste de ahora. En el cual, aniquilado el refugio de lo privado, ese refinamiento mayor de las sociedades libres, decidimos instalarnos sobre un territorio de guerra. A muerte. Llaman a eso “corrección política”. Pero su nombre es suicidio.

Gabriel Albiac (2009), filósofo y periodista

FASTIDIA TENER QUE ESCRIBIR OBVIEDADES. Porque la mayoría de lo que se dice en este ensayo son obviedades que casi todos conocen, pero casi todos callan, por diversas razones inconfesables. Razones que –salvando la de la ignorancia-, se pueden resumir en dos: conveniencia, o miedo (o una combinación de ambas). Pero cuando lo obvio desaparece debajo de capas de insidias y de falsedades, creo que es el momento de reivindicarlo. Por muy obvio que nos parezca.

¿Y, qué es esto que casi todos ya saben? Que la “guerra de sexos” esconde el mayor debate pendiente de la sociedad española, y que es un debate silenciado. Un debate tabú, aplastado por el pensamiento único, que es una forma de totalitarismo. ¿Y por qué es tabú este debate? Porque evidencia la injusticia generada por el feminismo en nuestro país. Aunque ya hay muchas voces que se han alzado para denunciarlo. Quizás la única virtud de este Manual sea estructurar lo que ya sabemos y decimos acerca de este feminismo contrario a la igualdad, en una teoría acerca de la naturaleza de esta ideología

En este libro se realiza un análisis crítico del feminismo radical, una ideología que, desde el poder político, se ha introducido en la sociedad y ha llegado hasta el núcleo mismo de la intimidad de las personas, con efectos devastadores. Por eso es éste un Manual antisistema a su pesar, frente a un sistema que nos conduce a ninguna parte: a la soledad, a la injusticia, al crack demográfico, al triunfo de las emociones tóxicas, a la pérdida de la dignidad. Tras casi 40 años de acción feminista en España, creo que es hora de revisar con pensamiento crítico esta ideología dominante, que invade todos los espacios, públicos y privados, mentales y materiales, con una intensidad creciente. Hora de analizar en qué se ha convertido este feminismo, que parece empeñado en enfrentar a la mitad de la población contra la otra mitad. Como si del conflicto mismo se alimentara. Creo que es hora de desnudar el tabú, si es que queremos sobreponernos a su tiranía.

No es éste un Manual de consejos prácticos, tan solo de supervivencia emocional e intelectual, frente a la locura colectiva e institucional que nos rodea. Un Manual de supervivencia filosófica, podríamos decir. En un mundo donde lo masculino se ve denigrado hasta la exasperación, donde se nos adjudican por norma culpabilidades colectivas, y dónde parece que hasta ser hombre es delito; en un mundo donde se segrega nuevamente por sexo, encontrar nuestro espacio resulta vital. Un Manual para intentar ayudarte, seas hombre o mujer, a gestionar el desconcierto que la “guerra de género” ha introducido en la sociedad española del siglo XXI. Para que no “normalices” interiormente situaciones absurdas e injustas, por muy legales o mediáticas que lo absurdo pueda llegar a ser. Un absurdo que aquí tiene nombre y apellidos: se llama feminismo radical. Es hora de tomar conciencia, y de suscitar una reflexión profunda sobre un tema que nos atañe, directa o indirectamente, a todos. Y, sobre todo, es hora de posicionarse.

No soy ningún revolucionario que se mueva por sus convicciones, solo me mueve la rebeldía. Contra que se me ponga a fuego una etiqueta por mi sexo. Contra que se quiera borrar mi individualidad –lo único que tenemos- para meterme en el saco de los monstruos. Contra que se invada mi espacio mental con consignas alienantes. Me rebelo para no olvidar el significado de la Intimidad, o de la Justicia, con mayúsculas. No, no me voy a dejar envenenar el corazón con la dialéctica del rencor y del miedo. No voy a aceptar las mentiras sin rechistar. No voy a mostrarme indiferente al uso bastardo del conocimiento y de la ciencia. No quiero “normalizar” -como ellos dicen- lo aberrante, que es contrario a la vida. No quiero estar en manos de la indigencia intelectual y moral de los oportunistas de la política. No me voy a dejar lavar el cerebro así, sin más. Ni a renunciar a mi derecho inalienable de reivindicarme como humano. Y espero que tú, lector, tampoco lo hagas. Porque, sin humanidad, ¿qué iba a quedar de ti?

Sin embargo, lector, te hago una advertencia aquí y ahora. Si eres varón y te atreves a leer este libro, tu vida puede cambiar. Ojalá fuéramos bendecidos por la ignorancia, y si en ella vives, mi mejor consejo es que sigas ahí mientras puedas, y guardes este libro en un cajón. Para que cuando, antes o después, perturben esa bendita ignorancia, puedas echar mano de él. Porque ya se ocuparán de que te enteres del despropósito generado por el feminismo en España, cuyo primer objetivo soterrado es que sus destinatarios, nosotros, nos enteremos. Un objetivo de coacción, como forma insana de manipulación y de revancha que expresaban abiertamente las pancartas el 8 de marzo de 2018 por toda España: “El miedo ha cambiado de bando”. Una finalidad de enfrentamiento que sólo puede conducirnos a la indigencia emocional.

Si os atrevéis a cruzar la sordidez de estas páginas, debéis estar preparados. Porque supongo que ya no os callaréis. Preparados para la descalificación (machista, misógino… quien sabe si directamente os llamarán maltratadores) por cuestionar los tabúes. Preparados para la burla fácil, incluso la condescendencia, de quien ostenta un ilegítimo poder postizo. Preparados para la prepotencia impotente y para el cinismo, que ha contagiado desde la política a toda la sociedad. Quizás para la soledad, aunque la peor soledad es la de esas dos personas que, sentadas la una frente a la otra, no pueden ya decirse la verdad mirándose a los ojos. La atmósfera tóxica ha enrarecido las relaciones, a veces de manera evidente, a veces de manera soterrada y ruin. Por lo que ser consciente de esta toxicidad ambiente y expresarla resulta necesario. Como dice el profesor Jordan B. Peterson, cuando existe algún tipo de tiranía la persona tiene la obligación moral de levantar la voz. ¿Por qué? Porque la consecuencia de quedarse en silencio es peor. Finalmente, si atravesáis las “grandes aguas” y llegáis al final, no sé muy bien dónde estaremos, confieso que no he llegado aún a tal lugar. Pero si dejas de reprimir lo que sientes y piensas, será liberador. Así que, si estáis dispuestos a seguir, os animo: adelante.

Creo que quién no disienta del feminismo actual, si es varón, muy mal concepto ha de tener de sí mismo, para aceptar que lo castiguen por su mera pertenencia a un sexo; y muy superior debe sentirse también por su sexo, para aceptar que abiertamente lo discriminen. Y si es mujer, grandes dosis de cinismo deben formar el eje de su conciencia, por llamarlo de alguna forma. De la injusticia se es cómplice sobre todo por omisión, quizás la peor forma de serlo. Se es cómplice por el silencio, y también por la inacción. Ya pasó el tiempo de las opiniones, que son gratis; es hora de posicionarse, de arriesgar algo por aquello en lo que uno cree. Hoy, quién persista en decir que el feminismo persigue la igualdad, está dejando muy claro el signo de su militancia.

Por mi parte, no voy a pedir permiso, ni perdón, por defender la Igualdad, con mayúsculas. Por eso no voy a decir aquí que amo a las mujeres, parecería estar pidiendo perdón de antemano por algo. Ni voy a decir que no admito el maltrato –ninguna clase de maltrato contra nadie-, por la misma razón. No empezaré pidiendo excusas, como hace casi todo el que se atreve a discrepar, aunque sea levemente, del feminismo dominante. Porque para defender la Igualdad no hace falta poner excusas. Lo que sí espero es que alguien nos las pida a nosotros algún día.

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