Fuentes históricas y Laureles de Indias

Fuente de la Encarnación. La «pata» de las Setas aparece amenazante.

Poseemos en nuestra incomparable urbe tres fuentes o pilas de acendrada raigambre, de porte altivo y señorial, con retazos y reflejos de épocas pasadas, supervivientes de un abordaje singular que se estila por esta tierra, a veces ingrata y acosadora de antiguos mitos. A pesar de estos embates,  permanecen en pie de forma milagrosa. Me refiero a los manantiales que se encuentran hoy en día, después de mil avatares, en la Plaza de San Francisco, la Plaza de San Leandro y la Plaza de la Encarnación. Son, respectivamente, la Fuente neobarroca de Mercurio, la Pila romántica del Pato con reliquias renacentistas y la Fuente tardobarroca de la Encarnación, el pilar  público más antiguo de Sevilla. Sueño que esta voluntad de vida se debe al esbelto acompañante vegetal que tienen todas ellas en sus aledaños, actuando como una especie de ángel protector.

Cada uno de estos surtidores de aguas, herederos de otros pretéritos, está cobijado bajo uno o dos ejemplares del denominado Laurel de Indias, Ficus microcarpa. Un árbol extraordinario, de porte majestuoso, que ha aportado su prestancia y su generosa umbría para el resguardo en periodos caniculares; así como su color, imprescindible en cualquier monumento que se precie. Procede esta planta de regiones orientales y es hermana de la higuera y de otras especies de Ficus; su follaje es perenne y colorea todo el año con un verde intenso algunos de nuestros mejores parques y jardines. Así, engalana enclaves emblemáticos de la antigua Híspalis, tales como el Parque de María Luisa, los Jardines de San Telmo o el Casino de la Exposición, aunque con escasa presencia en general.

Las fuentes son volanderas, soportando una vida ingrata y variopinta al haber ocupado diversos lugares a lo largo de los tiempos. La Fuente de Mercurio tiene sus orígenes en el siglo XVI, considerada la primera monumental de la villa y soporte de derribos y renacimientos hasta que en 1974 se erigiese la réplica actual. La Pila del Pato ha disfrutado desde su construcción en 1850 de cinco localizaciones; dos de ellas en la Plaza de San Francisco; en la Alameda desde 1881; en el Prado de San Sebastián a partir de 1953; y en la Plaza de San Leandro desde 1966… Por su parte, la Fuente de la Encarnación, que data de 1720, ha sido maltratada y desubicada con la implantación en sus proximidades de una pata de cartón piedra de “Las Setas” que distorsiona el conjunto y anula su vista lejana, según reconoció hace un año el propio Ayuntamiento Hispalense poco antes de su última restauración.

Mantengamos la esperanza de que los mágicos y sorprendentes laureles mantengan su amparo sobre estos efluvios inmarcesibles, que irradian luz y belleza desde la profunda historia de la recóndita Ispal. Así, la “Isla del Señor” fenicia seguirá manteniendo erguido su orgullo de metrópoli universal y referente de venerables culturas a lo largo de los siglos. ¡Así sea…!

Galería fotográfica.




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