Frases «educativas e ingeniosas» (o no tanto)

Vivimos inundados de frases lapidarias, frases que nos reenvían, siempre con un sello dogmático, sentenciando algo sin más…Incluso evitando las redes sociales, las frases “brillantes” se las arreglan para seguir “educándonos”.

Al pedir un café en el bar de una piscina, el sobrecito de azúcar viene con una frase lapidaria que sin querer, antes de darnos cuenta, ya hemos leído. He aquí:

“Vivimos en una época donde la violencia se practica a plena luz del día, pero nos escondemos para hacer el amor”. John Lennon.

Algo corta la paz del momento… Claro, muchas personas dirán, por pura inercia, por la inteligencia vital que diría Ortega de saber disfrutar del momento sin preocuparse por tonterías, “Ah, qué bonito, qué ingenioso”, sin ni detenerse un instante a considerar si esa afirmación, aparte ya de “brillante” o no, por lo pronto es verdad o mentira.

“La violencia se practica a la luz del día”. Alguna sí. Y la mayoría de los actos violentos, los más espeluznantes, se producen a escondidas. Bien en secreto, en sótanos ocultos, en zulos. Los asaltos más temibles, en calles solitarias, a oscuras. Lo peor para una víctima de la violencia es precisamente el verse tan sola. La sensación de indefensión y de terror es muchísimo mayor si no hay testigos. Esto es tan obvio… Pero esas frases lapidarias, por la fuerza de la palabra, se imponen hasta sobre lo obvio.

Y la segunda parte de la frase. Aparte de que en cierto modo es mentira también (no hay nada ahora más omnipresente ni más explícito que lo que antes se llamaba “las intimidades”), ¿por qué aboga Lennon? ¿para que desaparezca todo resabio de intimidad? ¿para que la vida íntima se haga en público? ¿No es esa la mayor violencia a la condición humana? ¿Y para que las torturas y ensañamientos se practiquen más a escondidas aún…?

Para los que padecimos la EGB, con escasa nostalgia, los Beatles son un personaje del libro de Sociales, donde también figuraban, bajo el epígrafe “Los cambios del siglo XX”, personajes como Einstein y como Ghandi. Entonces eran simplemente nombres que había que aprenderse; más tarde, otros estudios y los avatares de la vida nos harían familiarizarnos con unos u otros y empatizar menos o más.

Pero algunos, inevitablemente, se quedaron sólo en eso, en nombres que un día hubo que aprenderse. Para una Gran Inculta como la que suscribe, John Lennon pertenecía a ese limbo borroso, de manera que sólo recientemente, y con horror, se topó con la letra de la canción “Imagine”…

Pensaba que era una cosa más bella o noble o idealista. Lo que imagina es una desolación, una aridez total. “Imagina un mundo sin religión, y sin fronteras, y sin nada por lo que morir…” Ya, ya. No tengo que imaginar: lo veo.

Y añade: “Imagina un mundo sin posesiones”. ¡Sin posesiones! Recordé entonces a Yoko Ono, la viuda, que se pasa la vida demandando a unos y otros por derechos de imagen y derechos de autor, y sin cejar de entablar y de ganar, a veces perder, demandas millonarias. “Imagine”. Podía responderle: Imagina un mundo sin derechos de autor, sin jueces, abogados ni fiscales (que fatalmente aplicarán las leyes de un país concreto – toma fronteras), sin demandas que aumenten tu fortuna… Imagina un mundo donde no existieran las canciones protesta para entretener a los ricos.

En fin. Inútil el enardecerse contra un fallecido, a quien no voy a quitar de su puesto tan grandioso en los libros de texto. Lo más que puedo hacer es pedir el café sin azúcar – no por salud física, sino mental.




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *