BOCA PRESTADA

Seguramente usted, carísimo lector, haya escuchado en alguna emisora la cuña radiofónica en la que se inspira este artículo. Se trata de uno de esos anuncios con aire de años cuarenta en los que se propaga con gracia y simpatía un desengrasante multiusos que lo mismo sirve para un roto que para un descosido. “Y mancha que te quito”, así concluye el argumento comercial, en ripio a la marca, con el que el fabricante del producto en cuestión nos propone rotundamente la bonanza de su mercancía. La izquierda española actual, también tiene un recurso multimodal para todo tipo se situaciones: Franco. Ante la escasez de argumentos sólidos y, sobre todo, la indigencia argumental de sus líderes, el sector zurdo de la política española recurre una y otra vez al manoseado militar gallego que lleva más de 40 años bajo la pesada losa de granito de su lápida de Cuelgamuros. Da igual que los problemas de las clases menos beneficiadas por la fortuna y el sistema sean nuevos y por tanto requieran de soluciones acordes a su tiempo; el rojo de turno levanta un hueso del dictador galaico y lo pone encima de la mesa de negociación. ¿Que no hay empleo?, ahí va el menguado fémur del hijo de la señora Bahamonde y mancha que te quito. ¿Que la sanidad es un desastre elevado a la decimoséptima potencia autonómica?, tengan la quijada del general para uso y disfrute de la plebe y mancha que te quito. Podría extenderme hasta el fin de la anatomía ósea del pequeño ferrolano, pero sería aburrido para ustedes y complicado para mí que, aunque descienda de padre médico no le tengo ningún apego a la ciencia forense ni me conozco la nomenclatura de la anatomía ósea del cuerpo humano. El caso es que, ante la pasividad acomplejada de la derecha española, el rojerío cañí está en tris de tocar pelo o mejor dicho hueso, en el objetivo tan anhelado de poner patas arriba al otrora generalísimo de todas las Españas. Como un cervantino bálsamo de Fierabrás, todos nuestros males quedarán convenientemente remediados en cuanto la momia del Caudillo repose -si es que la dejan- en otro lugar. Este es el nivelito de nuestro progresismo. Uno piensa en tantos intelectuales y dirigentes de la izquierda histórica nacional quienes, si levantaran la cabeza, se volverían a morir de la vergüenza o pedirían el traslado también, en solidaridad con el embalsamado inaugurador de embalses hidráulicos. A mi modo de ver lo que aquí acontece con todo esto no es mas que un ánimo de venganza contra media España que dudo mucho se detenga en esta astracanada. A saber cuál será la siguiente idea de los Sánchez, Garzones, Iglesias y demás mentes esquilmadas con la que lavar u ocultar su ineptitud para afrontar el futuro. Por cierto, que dice mi queridísima madre que El Milagrito en cuestión es un producto cojonudo y que a ella le hace muy feliz. Dicho queda.