Franceses en la Sevilla del XIX (II)

Franceses en la Sevilla del XIX (I)

En ocasiones, un encuentro casual da lugar a consecuencias insospechadas, tal y como le pasó a un prometedor y joven escritor francés en 1830 cuando tras investigar sobre el terreno la batalla de Munda, subió a una diligencia en un pueblo manchego con destino a Madrid. Allí iba a conocer al padre de Eugenia de Montijo, futura emperatriz de Francia. Estoy hablando de Prosper Mérimée, el autor de  “Carmen”, obra ambientada en Sevilla, que nace precisamente de unas conversaciones y anécdotas que le cuenta la madre de quien había de ser esposa de Napoleón III.

Curiosamente, Merimée no le dio nunca importancia a su novela, al contrario que sus editores, sin los cuales quizás no existiese ese tipo humano, esa personificación bravía y zahareña que ha llenado más de un siglo de literatura, y que con Don Juan Tenorio constituyen, sin duda alguna, los dos mitos literarios más amplios y trascendentes de Sevilla y Andalucía por el vasto mundo.

“Carmen”, bailarina sevillana de ojos negros, sin proponérselo, abre cauces al naturalismo en que ha de desembocar la superabundancia imaginativa de los grandes maestros del siglo XIX. Llama la atención que sólo dos calles de Sevilla se citen en sus páginas –aparte, claro está, de la Fábrica de Tabacos y la Puerta de la Carne en la escena del matute-: la calle Sierpes y la del Candilejo, ésta última unida a la memoria de Pedro I de Castilla.

Entre Merimée y la condesa de Montijo crearon un mito literario de primerísima clase: el de una Andalucía que lo mismo nos glorifica con sus encantos, como nos destruye y aniquila con sus misterios de razas insondables.

Antonio de Orleáns, duque de Montpensier, hijo menor del rey Luis Felipe I de Francia se casó con María Luisa Fernanda de Borbón, hermana de Isabel II, enlace fruto de un pacto de Estado entre Francia e Inglaterra que incluía también el matrimonio de la reina española con Francisco de Asís de Borbón. Las dos ceremonias se celebraron el mismo día en el mismo lugar.

En 1848, Antonio de Orleáns y su esposa tuvieron que huir de Francia tras el estallido de la Revolución de 1848 y la instauración de la Segunda República Francesa; se instalaron en Sevilla y adquirieron en 1849 el palacio de San Telmo, antigua universidad de mareantes, donde fijaron su residencia.

El propósito de Isabel II al ordenar el distanciamiento de su hermana y su cuñado respecto de la corte de Madrid fue infructuoso. El francés no sólo siguió influyendo en la política nacional (se le considera el principal instigador del asesinato del general Prim junto a Serrano), sino que articuló en torno a su residencia una corte que rivalizaba en esplendor con la de su cuñada. Los Montpensier fueron unos destacados mecenas de las artes e impulsaron la reactivación económica de Sevilla: impulsaron la construcción del puente de Isabel II, potenciaron la nueva Feria de abril de Sevilla, dieron vida con su anual presencia a la romería del Rocío, reconstruyeron la ermita de Valme y reinstauraron su romería tras años de abandono, y reconstruyeron el Palacio de Hernán Cortés, hoy colegio de las Irlandesas en Castilleja de la Cuesta (Sevilla). 

La Semana Santa hispalense se vio muy favorecida por el patrocinio de los duques. Promovieron la realización del primer Santo Entierro Grande en 1850, financiaron las imágenes de las titulares de las Hermandades de la Soledad de San Buenaventura y de la Carretería, se implicaron en la revitalización de cofradías que llevaban décadas sin procesionar, e ingresaron como hermanos en las corporaciones del Gran Poder, Pasión, Montserrat y San Isidoro.

La trayectoria política del duque se vio frenada por haber dado muerte en duelo a Enrique de Borbón, duque de Sevilla, en Leganés (Madrid) el 12 de marzo de 1870. Más tarde, colaboró en la subida al trono de Alfonso XII (1874), esposo de su hija, María de las Mercedes, ambos fallecidos muy jóvenes. 

El último de los ilustres franceses que recojo en estos dos artículos es Augusto Peyré, que en 1877 cuando contaba catorce años, se vino a vivir a El Coronil (Sevilla) y de allí a la capital,  donde llevó a cabo su gran labor comercial y profesional. En 1909 creó “Peyré y Cía sociedad comanditaria”, quedándose al frente del negocio como socio único en 1914. En 1919 se restaura el edificio según proyecto de Aníbal González, y finalmente en 1936 fundó “Peyré S.A.”, un modelo de gestión transición de los paradigmas económicos y sociales del siglo XIX a los del XX. Se impuso un precio fijo a los artículos en venta, se comenzó a usar el sistema métrico decimal, se estableció una red de proveedores intermediarios en toda Europa de los que se servía para recibir en Sevilla los materiales desde su lugar de fabricación valiéndose de los nuevos medios de transporte, se creó la figura del viajante para la celebración de reuniones en casas de señoras de clase alta que compraban por catálogo y recibían sus pedidos por correspondencia, y mantuvo en la planta alta del edificio una escuela pensión para aprendices, así hasta su cierre en 1965.

Este modelo situó a los almacenes como una referencia en el sector, con delegaciones en París, Frankfurt, Colonia, Londres, Lyon, entre otros. Llegó a tener quinientos empleados, costureras y sastres que trabajaban para la firma y hasta 43 representantes comerciales en plantilla.

Podría nombrar a muchas más familias de origen francés que han dejado una profunda huella en Sevilla, como los Candau, los Lahore, los Masigoge, los Pommarez, y qué decir de los Lacave y su vinculación al Gran Poder o los Haurie, precursores del rugby en nuestra ciudad. A todos ellos, chapeau!

Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com




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3 Comments

  1. María Soledad Lagüéns Cobos dice:

    Gracias por darnos un trocito de Historia de Sevilla !!! Datos importantes que hacen comprender mejor nuestra actualidad

  2. José Antonio Molino dice:

    Estos dos últimos artículos son un auténtica master class de historia de Sevilla, y con los que aprendido no pocas cosas nuevas. Salvo la mención a las cofradías y la historia de Peyré ( mi padre y mi tío trabajan allí ), el resto de tu texto es un incentivo para saber más de esta pate “afrancesada de la ciudad “. Gracias Alberto¡¡¡¡¡

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