Follamigos

La amistad aporta contenido a nuestras vidas. Desde que empezamos a corretear a nuestro albedrío por las afueras del nido familiar, el crecimiento interior, el carácter, la impronta de la personalidad definitiva que terminará de pulir o embastecer la roca madre de la que provenimos estará apoyada en esas nuevas personas que vamos conociendo. Uno no sería lo que es -bueno o malo- sin el aporte de aquellos tipos con los que empezó a rondar las calles, con el paso tímido a lo desconocido, agarrado siempre a la certeza de la seguridad transmitida por el más fuerte del grupo. Algunos hemos tenido la sensación de que Podemos, el partido maoísta-bolivariano de extrema izquierda-naif que ha conseguido erigirse en tercera fuerza política española era, sobre todo y al menos en su estado original, un grupo de amigos. Una pandilla unida por el tejido confuso que entrelaza la ideología y esos sentimientos primarios que acosan a los cuerpos jóvenes. Echando a volar la entelequia, al embrión imaginario de este grupo político, lo supongo imbuido de un afán revolucionario por cambiar el mundo a la vez que una necesidad imperiosa y hormonal por aliviar las tensiones propias de su escasa edad. Sostenía Paul Claudel que la juventud no está hecha para el placer sino para el heroísmo y en el caso que nos ocupa, poco han tardado en invertir estos términos para alcanzar el poder, ayunos de proeza, pero plenos de gozos carnales. No hay que ser un esteta parisino para evidenciar que sus líderes varones-los machos alfa como se hacen llamar- no han sido tocados por la gracia de Adonis. Uno de mis mejores amigos de aquella adelantada edad decía que follar siendo guapo no tenía valor alguno, que lo realmente meritorio era yacer con señora teniendo la cara que él tenía; ajena a cualquier canon de belleza, pero dotada de la dureza del acero al cromo-vanadio. Así pues, “enamoriscando” jovencitas universitarias para las que, sin el halo romántico del revolucionario hubieran resultado del todo invisibles, han ido trepando los lideres podemitas, con un pie en una beca ilegítima por acá y el otro en una televisión privada por acullá, hasta alcanzar el confort del escaño plebiscitario. Y como la jodienda no tiene enmienda parlamentaria que valga, tanto ir del coro al caño y viceversa, han terminado por instalar en puestos relevantes a todas las compañeras que han pasado por esa piedra de toque, ese sindicato horizontal sobre el que han construido su iglesia revolucionaria. Portavoces, diputados, Bruselas, senado, tenientes de alcaldes… amores nada platónicos, pero de la absoluta confianza que da el cariño posterior al roce. Mientras tanto, España o la Gente (según el argot podemita), ajena a estos ayuntamientos, permanece voyerista, jodida y sin esperanzas, sabedora que solo le queda trabajar para ir pagando tanta cama ajena.

Publicado en el extinto XYZ Diario


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