Flamenco de ambiente

No sé cómo empezar con esto del ambiente. Es lo que pasa cuando los supuestos transgresores por la libertad – por la suya, claro está – se convierten en censores contra quien les lleva la contraria.

El mundo del flamenco siempre ha sido un mundo variopinto que a través del tiempo ha pasado de las ventas y las tabernas a cabarets y teatros de varietés de medio pelo, hasta llegar a los teatros de primera categoría mundial, cosa esta última que sucedió hace más o menos un siglo y desde entonces hemos ido viendo montajes, buenos, regulares, malos y atroces, e incluso de music-hall hollywoodense de tendencia friki como los de Rodolfo Valentino en ¨Sangre y Arena¨, de Fred Niblo, o las dos versiones de ¨la Mujer y el pelele¨ de 1929 y 1935, de Jacques Boroncelli, con Conchita Montenegro, y de Sternberg con Marlene Dietrich.

Si las tres películas que acabo de citar pusieron la españolada de corte aflamencado a nivel internacional – la de Valentino tiene un siglo – los flamencos, flamenquitos, carabirubi por aquí te quiero ver, están convirtiendo el flamenco en un espectáculo de cabaret de ambiente – no especifico de qué ambiente porque ustedes ya saben a que me refiero – del París de 1900 para venderlo por ahí y por aquí, según ellos como espectáculo transgresor con el que le están quitando al flamenco la caspa franquista, sacando del armario a grandes figuras del cante como Fernanda de Utrera, Antonio Mairena y La Paquera, convirtiendo el flamenco en una máquina de reivindicaciones social-sexuales, vistiendo a los bailaores con bata de cola y mantón de Manila, dejando a las bailaoras en bragas y a los cantaores sentados en un retrete soltando bocinazos, porque está claro que cantar, lo que se dice cantar y bailar por derecho es antiguo y de derechas, según la teoría del gurú del ¨Flamenco Queer¨ – flamenco extraño, frustrado y perturbado – bailarín y miembro del International Dance Council de la UNESCO – ¡ Ojú! ¡Ojú! ¡Con la ONU hemos topado! – nos dice que daba igual que Carmen Amaya – a la que no me ha quedado muy claro si la saca del armario – saliera al escenario vestida de hombre porque a las mujeres se las aplaude porque son vistas como seres inferiores.

El gurú de la cosa, que va de filosofo porque se sacó el título en la Complutense, nos dice que ¨el arte debe molestar ¨. El gurú, del arte de molestar, tiene tan solo treinta y dos años y a pesar de haberse titulado en la universidad no sabe que eso de que un hombre se vista con bata de cola y se baile una farruca no es nuevo, por ejemplo lo podemos ver en el cuadro de 1902 del pintor barcelonés Hermenegildo Anglada Camarasa, sacado de una escena de uno de los cabarets parisinos que frecuentaba. Este cuadro se titula ¨Danza Gitana¨ y en él vemos a un hombre bailando vestido con una bata de volantes colocada como se las coloca el modernísimo y transgresor Manuel Liñán, que cree haber descubierto la pólvora con su particular ¨Jaula de las Locas ¨.

Foto del cuadro ¨Danza Gitana ¨de Hermenegildo Anglada Camarasa, en París 1902

A toda esta troupe les lanzo el siguiente ruego: No molesten por favor. El arte no debe molestar, ni servir para mover conductas ni conciencias y dense cuenta de una vez por todas que un tío como un trinquete, con barba de tres días y vestido con bata de cola, a estas alturas de la película no sirve para reivindicar absolutamente nada. Eso sí, a vosotros os está sirviendo para conseguir subvenciones y giras pagadas, pero de eso ya hablaré en otra ocasión.




 

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