Uno de los trascendentales y graves temas afectados por el escoramiento producido en los medios de comunicación «y por consiguiente» (Felipe dixit) en la opinión pública, gracias a la intensa presión del progresismo y en general de las materialistas ideologías anticristianas, ha sido la normalización del aborto como si se tratase de una simple liposucción. Y para conseguir este objetivo, no ha resultado nada desdeñable la inhibición de muchos que, obligados a defender el derecho a la vida de los más inocentes, últimamente se han dedicado a priorizar otros frentes menos comprometedores.

En una reciente entrevista de Jordi Évole en La Sexta al presentador estrella de la COPE (radio propiedad de los obispos españoles) Carlos Herrera, soltó entre otras perlas que consideraba una barbaridad la propuesta de VOX de dejar de financiar el aborto con fondos públicos. O sea: que no consideraba una barbaridad la lucrativa industria de los matarifes de seres humanos en gestación, sino que lo bárbaro era ¡no pagarlo con fondos públicos! Pensando así, se explica que en su programa se eludan pronunciamientos contra el aborto que no se correspondan con repetir aquello tan socorridamente inane de calificarlo como un fracaso del que todos debemos  dolernos, etc., etc.


Hubo un tiempo -no lejano- en que los obispos eran los abanderados de la defensa de la vida de los seres humanos más indefensos, la voz de los sin voz. Y hasta alguno queda hoy. Pero parece que los nuevos (y no siempre buenos) aires que soplan en el Vaticano han postergado esta defensa, ante otros asuntos más políticamente correctos y «populistas». Qué triste.