Fernando Cordero: “Sevilla despertó en mí la pasión por la Semana Santa”

Nacido en Algodonales (Cádiz, 1971), Sevilla ha sido la ciudad en la que más tiempo ha vivido ejerciendo su ministerio durante dieciséis años en las parroquias de Los Padres Blancos y La Candelaria. Es Periodista, sacerdote y consejero general y secretario general de la Congregación de los Sagrados Corazones y miembro de la Comisión de Comunicación del Sínodo de los Obispos en Roma. Autor de numerosos libros, director, y colaborador en varias publicaciones religiosas, tiene un programa semanal de entrevistas en YouTube llamado, Cruzando Fronteras. Viaja constantemente por todo el mundo interesándose por los corazones que dan vida a la orden. Si todo transcurre según lo previsto, en octubre de 2023 culminará el Sínodo de los Obispos, un proceso iniciado en 2021 que califica como «el gran acontecimiento de la Iglesia después del Concilio Vaticano II»

– ¿Ha visto las imágenes del multitudinario rezo por la paz en la ciudad de Varsovia y otros lugares del mundo?

– Me han conmovido. Estamos viendo gestos de una gran solidaridad y humanidad que contrasta con la invasión del pueblo ucraniano. Son momentos de un gran desafío para la humanidad.

– En los momentos de mayor fragilidad es cuando recurrimos a Dios. Y, sin embargo, empeñamos nuestra vida a ‘dioses’ intranscendentes.

– Forma parte de la condición humana. Cuando vivimos momentos límites es cuando nos acordamos de lo más central de nuestras vidas. Dios es una constante en nosotros. El ser humano busca por tendencia la presencia de Dios.

– Qué noticias tiene de las comunidades de los SS.CC. en Polonia y Ucrania.

– Se vive un gran desconcierto entre los toques de queda y el sonido de las bombas. En Ucrania tenemos un hermano, el padre Jan Dziadkiewicz, que es polaco y vive desde hace veintidós años en Machniwka, una ciudad en el centro del país. Es la única iglesia católica, puesto que la mayoría son ortodoxas. Existe una gran sintonía y solidaridad entre ambas. Nuestro hermano ha decidido quedarse allí para siempre, porque quiere defender al pueblo ucraniano con las mismas armas de Cristo. Ya nos ha comunicado que si muere o le ocurre algo, que su cuerpo se quede en Ucrania. 

– Se cumple poco más de un año del fallecimiento del padre Isaac García. Una gran pérdida para Sevilla y también para vuestra congregación.

– El padre Isaac fue un sacerdote que representaba muy bien todos los valores del Concilio Vaticano II. Desde el sentido de conexión con todo el pueblo de Dios. Porque fue un hombre que abarcó muchas facetas en su ministerio. No era solo un cura de iglesia, sino que realizo teatro, televisión y estuvo muy presente en los medios de comunicación. En la Parroquia de San Marcos, en la última etapa de su vida, estuvo junto a los más pobres y necesitados. Una figura de un hombre castellano, recio, serio, pero que al mismo tiempo se desvivía por los sevillanos. Creo que desde el cielo debe de estar muy contento con su calle junto a la Parroquia de los Padres Blancos. Ha sido un pionero en muchos asuntos, un puente entre la Iglesia y la sociedad actual. 

– Después de dos años de restricciones debido a la pandemia, Sevilla se prepara para vivir su semana grande. Una Semana Santa también de ausencias.

– Todas las ausencias se hacen muy presentes, sobre todo en esta semana que es tan grande y especial para Sevilla. Es un tiempo para el encuentro profundo con la Pasión de Cristo en la que se nos revelan también esas ausencias que llevamos en el corazón.

– Usted es de Cádiz, pero ha vivido muchos años en Sevilla. ¿Le gustan las cofradías? ¿Se considera un capillita?

– No alcanzo ese nivel. En absoluto. Sevilla despertó en mí la pasión por la Semana Santa porque mis alumnos, compañeros y profesores me hablaban apasionadamente de sus hermandades y cofradías. Si estás en Sevilla y no ves su Semana Santa es como vivir en otro mundo. He podido disfrutarla durante muchos años desde la liturgia de la Iglesia y también asistiendo con los hermanos a ver muchas cofradías en la calle. La Madrugá, el silencio sobrecogedor del Gran Poder. No soy capillita, pero reconozco que tenemos un potencial enorme a la hora de evangelizar y de que la gente conozca figuras como Jesús, los apóstoles, María o la Magdalena. Escenas bíblicas en la calle que muchos jóvenes probablemente no las conocerían si no fuera por las cofradías y la manifestación popular. Reconozco que hay luces y sombras, pero también muchas posibilidades. Es un gran tesoro. 

– ¿Alguna hermandad predilecta?

– Nuestra congregación en Sevilla está muy vinculada con la Hermandad del Calvario, pero yo soy una persona universal. Me gusta en su conjunto.

– ¿Qué opina de la forma de vivir la Semana Santa en Sevilla?

– Si la procesión es exterior y se convierte en procesión interior lo veo con un potencial fantástico. El arte te eleva. La Semana Santa de Sevilla es de una estética sublime. Cualquiera que se acerque a la Semana Santa de Sevilla quedará tocado. Si eres creyente, te lleva a momentos sublimes. He visto cofrades que lloran ante las hermandades y que después eso lo intentan llevar a su día a día. En el pontificado del Cardenal Amigo Vallejo se ha intentado trabajar mucho la formación y la caridad de las hermandades; que esa procesión tenga continuidad también en lo cotidiano, como auténticas comunidades cristianas.

– El sentir de un costalero, la emoción de quien contempla a su virgen venerada en la calle, una saeta, la mirada encendida que se clava en el Cristo de tu hermandad… ¿Son sacramento? 

– No es un acto litúrgico pero si un sacramento de la vida que tiende puentes hacia Cristo. Todo lo que nos ayude a estar más íntimamente ligado al Señor se convierte en un sacramento. Una mujer que llora frente a la imagen de su Virgen es un sacramento. Los diferentes ritos que se hacen también en torno a los pasos, cuando se hacen con convicción, en realidad son momentos de oración profundos. Son encuentros con Cristo. Cuando la emoción brota del corazón, y son auténticos, vehiculan una vida de fe que debe tener su continuidad con los sacramentos de la Iglesia, sobre todo con la eucaristía.

– En estas fechas se llenan las iglesias, pero cuando pasa la Semana Santa están casi vacías. ¿Debemos hacer alguna reflexión? 

– En general nos apuntamos a los momentos de fiesta e intensidad. En lo ordinario de la vida nos cuesta más apasionarnos. Nos apasionamos con la Pasión, pero no nos apasionamos tanto con la pasión del cada día. Sería algo a revisar. También es cierto que vivimos en un mundo de muchas prisas. De muchas exigencias. Tratamos de solventar los más urgente y nos olvidamos de lo más importante: la relación personal con Cristo a través de la eucaristía y su palabra. Son cosas que hay que ir ajustando. 

– ¿Qué le pareció la Santa Misión del Gran Poder? 

– He vivido en la Parroquia de La Candelaria. Me emocionó mucho ver al Gran Poder en La Candelaria, Los Pajaritos, Madre de Dios, y cómo todo el barrio se volcó con el Señor de Sevilla. Me llegó especialmente. Me recordó mucho la exhortación apostólica Evangelli Gaudium del papa Francisco, que habla de una Iglesia en salida; que no se queda en el centro, que va hacia todo. Una Iglesia que quiere avivar la fe. Creo que el hecho de que el Señor de Sevilla estuviera allí fue un reconocimiento a tantos laicos, sacerdotes y religiosas que han pasado por esos barrios entregando su vida. Pienso que fue un guiño de la Iglesia de Sevilla hacia las iglesias de esos barrios.

 

“Este sínodo es el acontecimiento más importante

 después del Concilio Vaticano II”

 

– Hablando de Iglesia. Está en pleno proceso sinodal. ¿Qué busca el papa Francisco con este Sínodo de los Obispos que culminará en octubre de 2023? 

– La participación. El papa quiere que participe todo el pueblo de Dios, que nadie quede excluido de las consultas y que se escuche a todo el mundo, tanto creyentes como no creyentes y de otras religiones. Francisco ha dado una gran libertad para escuchar, porque como es una obra del Espíritu Santo, desea que camine hacia donde Dios quiera. Es la primera vez que se consulta a toda la Iglesia y no solo a especialistas. Estamos viviendo la fase diocesana. Es muy emocionante que en un campo de refugiados en Kenia estén trabajando el sínodo y se les escuche en diferentes momentos. O en Latinoamérica, Tailandia o Filipinas. Hay un gran entusiasmo por este sínodo. Es como el gran acontecimiento de la Iglesia después del Vaticano II, y creo que va a suponer un antes y un después. Lo que se busca es la escucha y la participación del pueblo de Dios.

– El Sínodo de los Obispos de 2012 dio origen a la primera exhortación apostólica de Francisco, la Evangelii Gaudium (La Alegría del Evangelio). En el documento se habla de una Iglesia en salida, de discernir, de actitud de escucha. Toda una declaración de intenciones desde entonces, ¿no le parece? 

– Es una convicción del papa. Creo que está muy ilusionado con el sínodo por lo que supone esa participación. Francisco va desmitificando la figura del papa y quiere acercar el papado y el episcopado, subrayando la figura del pueblo de Dios como lugar teológico principal donde se nos revela la voluntad de Dios. Es parte esencial del misterio de La Trinidad. Se muestra muy interesado en cómo está enfocado este sínodo.

– Todo esto recuerda un poco al capítulo El sacramento de la casa, del libro del teólogo Leonardo Boff, Los sacramentos de la vida (Sal Terrae): «Lo que hace que la casa sea familiar y sacramental no son las cuatro paredes, no es el hueco dentro de ella que nos permite habitarla. Es el Espíritu. La persona que llena de vida el vacío de la casa confiere sentido a las cuatro paredes. Entonces se torna habitable y familiar». 

– Sí. Es El sacramento de la casa. De hecho, la Secretaría General del Sínodo quiere ser una casa abierta. Una Iglesia donde todos somos hermanos, puesto que lo que nos une es el bautismo.

– Francisco quiere una Iglesia sinodal. Habla de comunión, participación y misión. ¿Qué nueva acepción pretende darle al término?

– No tanto dar un significado, sino que vayamos a la raíz de lo que significa caminar juntos. No es un caminar de manera piramidal, sino en horizontal. Todos nos sentimos unidos y este impulso del Espíritu, que está en el propio logo del sínodo, es un caminar hacia la misión de vivir la alegría del Evangelio. Una iglesia en salida en la que todos somos hermanos. 

– El teólogo y misionero, García Paredes, se lamentaba en su libro, Cómplices del Espíritu (Claretiana), del gran fracaso y la dificultad de la misión evangelizadora de la Iglesia que sentían los participantes del sínodo sobre La Nueva Evangelización y la Transmisión de la fe, convocado por el papa Benedicto XVI. ¿Qué conclusiones se esperan obtener en el que nos encontramos?

– Las de oír a todo el pueblo de Dios. No habrá conclusiones hasta que no se hayan escuchado a todas las diócesis del mundo. Es un libro en blanco que nos da la oportunidad de expresar profundamente qué es lo que la Iglesia quiere para sí misma y para el mundo, para su misión. No hay un guion establecido, pero lo que sí está sucediendo es que, por ejemplo, en España, el 70 % son mujeres. Esto tiene que llevar a pensar qué rol va a tener cada uno en la Iglesia y qué está aportando realmente. 

– ¿Puede configurar la Iglesia del siglo XXI? ¿Nos puede adelantar algunos rasgos?

– Va a configurar el futuro de la Iglesia, sus ministerios, el ministerio petrino y el papel de los laicos. Va a tocar todas las estructuras. Hay reticencias porque se sabe que las estructuras vaticanas no van a quedar igual. Se está haciendo una reforma de la Iglesia. No queremos que haya otra Iglesia, pero sí otra manera de ser Iglesia. Esto nos va a dejar a todos un poco tocados -positivamente.

 

“La Iglesia no escucha a los jóvenes. Lo primero es escuchar, que es lo que hizo Jesús”

 

– Hablando cierto día con Rafael Díaz-Salazar, profesor de Sociología de las Religiones, en la Complutense de Madrid, me comentaba que su asignatura es de las más demandadas entre los jóvenes estudiantes. La espiritualidad se manifiesta hoy de mil maneras y es un tema que preocupa a la juventud, sin embargo, no terminan de conectar con la Iglesia católica. ¿Por qué? 

– En el fondo, la Iglesia no escucha a los jóvenes. Lo primero es escuchar, que es lo que hacía Jesús. La Iglesia te suena a un rollo tremendo. Y hoy en día, en la cultura del Tik Tok, de la inmediatez, los jóvenes quieren el encuentro personal. No escuchamos. Hay que relacionarse. Y no esperar a que la gente vaya a la iglesia a escuchar el rollo. En la propia Iglesia tenemos que hacer una reflexión. Las hermandades cuidan mucho la relación con los hermanos. Hay un trato personal que es el que ayuda en la fe. 

– Como periodista, experto en pastoral y educador, supongo que le resultará difícil atraerles hacia el mensaje de Jesús existiendo canales como YouTube u otras redes sociales con contenidos que les resultan más atractivos, ¿no?

– También tenemos que estar en esas plataformas. Mis alumnos me escriben en Instagram. Lo mismo que pueden hacer mucho daño, también podemos estar presentes. El joven se irá con quien tenga más cerca. Una cosa es la imagen de la Iglesia y otra la del cura cercano con el que se siente acompañado.

– Sobre el último libro de Carlos Lunas, Fundamentos de marketing religioso: 11 lecciones de Marketing religioso para evangelizar y vendernos mejor sin perder la esperanza ni la misión (Puedesmasmarketing S.L.), ¿no le chirría un poco el título? 

– Le he hecho una entrevista al autor y el libro me parece una genialidad. Pienso que la tesis del libro gira en torno a que a la hora de comunicar no nos ponemos en el lugar del otro. Comunicamos el mensaje del papa, el párroco tiene su mensaje, el obispo el suyo… Ofrecemos una serie de productos pero no nos ponemos en el lugar del otro, que no está tan cerca de nosotros. Ofertamos un retiro y vienen los de siempre. No estamos en los procesos vitales de la gente. Es el otro el que tiene que adaptarse a nuestra propuesta. Lo primero que dice el marketing religioso es que conozcas a tu público para ver que producto le puedes ofrecer. Eso es lo que hacía Jesús, que se acercaba a la gente y luego le ponía ejemplos, parábolas, unas palabras muy concretas de la vida cotidiana para que lo entendieran. A partir de ahí surgía la conexión. El libro es de una gran espiritualidad y está escrito desde las claves evangélicas. Personalmente, lo habría titulado Marketing misionero.

– ¿No le parece suficiente marketing ser testigos de Dios? «Por sus obras los conoceréis», dijo Jesús.

– Actúa el Espíritu, pero tenemos que ponerle las cosas más fáciles. 

– Santa Teresa de Ávila decía que «entre pucheros anda Dios» y usted ha escrito un libro titulado, Dios anda entre puntos y comas (PPC Editorial). Qué nos ha intentado transmitir.

– La gramática está más unida al Evangelio de lo que pensamos. En realidad, esos signos de puntuación son una excusa para repasar la vida cristiana en todas sus dimensiones. Por ejemplo, el punto, como el lugar donde nos paramos, rezamos, respiramos. Cada signo está relacionado con la vida cristiana. Un libro que nos interpela, por medio de los signos ortográficos, acerca de nuestra comunicación con Dios y con nuestros hermanos.




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