Femicinismo, calzoncillos y drag queens 

Tras marcarse unas palabras pretendidamente reivindicativas de la libertad de las mujeres, y contra el acoso y la violencia de género, que por supuesto incluían las ya consabidas frases de rigor del «Nos queremos vivas» y una tácita acusación generalizada que queda flotando en el ambiente, sobre lo malos que somos los hombres, todos agresores en potencia (salvo el churri de la presentadora, claro), la bella presentadora se despojó de su vestido rojo, quedándose semidesnuda con un mono transparente que apenas le ocultaba cuatro cosas; un modelito que días antes había calificado como una prenda «superfeminista».

De lo anterior cabe deducir que su apasionada defensa sobre el valor de la libertad de la mujer no iba tanto por la libertad de pensamiento, palabra y obra en general de las mujeres, o por el cultivo de su inteligencia, talento y cualidades; sino más bien por la utilización de la desnudez del cuerpo femenino como reclamo visual y publicitario. Aunque curiosamente, en esto coincida con los machistas más recalcitrantes que ella tanto rechaza; pues también ellos consideran que el destape en la mujer constituye su mayor y mejor valor. 

Mientras sucedía este ejemplo de un cínico feminismo o femicinismo, en la otra poderosa cadena privada era saludado el año nuevo por su inefable presentador estrella despelotándose al más puro estilo del Boris Izaguirre en las Crónicas Marcianas de Javier Sardá. Esto es: bajándose los pantalones en momentos eufóricos. Una maniobra que realizan estos influyentes gays de la tele en vivo y en directo, pero que si la hiciesen otros presentadores, no homosexuales, posiblemente les costaría mucho más que duras críticas. 

Y como remate del tomate progresista con que iniciamos el año, el anuncio por el equipo de progreso de la alcaldesa de Madrid, de que en Vallecas se incluirá en su Cabalgata de Reyes a un/una drag queen como Maga; una drag queen que, por cierto, había dicho y redicho por las redes sociales que detestaba la Navidad con todas sus fuerzas. Pero conste que la inclusión de este personaje se hace en aras de la normalización del dragqueenismo en el mundo infantil, para que niños y niñas lo consideren como lo que es: lo más normal y natural del mundo mundial.  

Feministas que se despelotan para pronunciarse contra el machismo… Gays que se quedan en calzoncillos como gesto normalizador… Y drag queens que detestan la Navidad pero se incluyen en la Cabalgata de Reyes para normalizar su imagen entre los niños. Muestras todas ellas de la habitual coherencia que caracteriza a algunos y algunas progresistos y progresistas. O sea, que comenzamos un 2018 sin novedad: ni en el frente ni en la retaguardia.   


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