Vivimos en España, desde el pasado domingo por la noche, en plena alerta antifascista decretada por el muy demócrata Pablo Iglesias Turrión (no en vano la de Venezuela es la más consolidada democracia, no ya de Hispanoamérica, sino del mundo entero).

A la convocatoria realizada por el ilustre demócrata no han dudado en sumarse raudos, desde los viejecitos insolidarios que, en lugar de pensar en la pensión de sus hijos y nietos, se echan a la calle en demanda de que a ellos les paguen unos euros más, hasta los universitarios que no estudian pues deben dedicar todo su tiempo a la consecución de la República (que hará innecesario estudiar o trabajar pues proveerá de todo lo necesario a sus ciudadanos).


Por supuesto, aparte de en algunas capitales de provincia andaluzas (primer lugar donde han advenido las hordas del fascio), donde con mayor ardor democrático se ha seguido esa convocatoria para defender la libertad ante el avance de las tropas hitlerianas capitaneadas por un tal Santi Abascal (que debería cambiarse el nombre pues suena poco intimidatorio, nada que ver con nombres como Mussolini o el mismo Hitler), ha sido en Cataluña, la región de España, como todo el mundo conoce, donde con más ímpetu y convencimiento se defiende la igualdad, la libertad y los principios democráticos.

Y como arietes de la defensa espartana de dichos principios no podían estar otros que los alegres muchachos de la CUP, en amistosa, casi fraternal, unión con esos otros evangelistas de la libertad y los principios liberales que son los ultrademocráticos, amén de pacifistas CDR.

Juntos han tenido que enfrentarse a la terrible, criminal violencia de esas masas fascistas enfebrecidas que les agredían, con saña y sin compasión, con banderas de España. Dios Santo, cuánta agresividad.

Los mozos de Escuadra, que no se enteran de nada, reprimieron a los demócratas pacifistas frente a los violentos émulos de las SS (o quizá querían protegerlos de estos, tan peligrosos, armados ¡con sus banderas de España!).

En cualquier caso, yo duermo plácidamente: podemos estar tranquilos, con tan aguerridos y convencidos demócratas nuestra libertad está a salvo.