Europa o la nada

Que la Unión Europea le entregue ahora un cheque en blanco de más de 150.000 millones de euros a Pedro Sánchez es salvarle la vida política. Y condenarnos a los demás. No solo a una deuda que no podremos pagar. También a la indigencia política, porque ese dinero lo usará Sánchez para su mera permanencia en el poder. Y el venga después, que arree.

Muchos creen que Europa nunca nos dará dinero sin asegurarse de que se va a emplear adecuadamente en la reconstrucción de España. Y se equivocan, de parte a parte.

En primer lugar, porque obvian que en la Unión Europea priman los intereses nacionales de los Estados Miembros muy por encima de los intereses en común. En los años 90, siendo becario de la Comisión Europea en Bruselas, tuve el privilegio de conocer al Sr. Ángel Angelidis, un alto funcionario griego del Parlamento Europeo, amante de España, que andaba como un verso suelto por los pasillos enmoquetados de las instituciones europeas, escandalizado por la presencia a cara descubierta por esos mismos pasillos de los lobbies de intereses, tanto públicos como privados, y del contubernio del establishment político para que cualquier cambio significara que todo seguía igual. Para Angelidis, aunque los países mediterráneos –desde Portugal a Grecia- nos hubiéramos unido en una liga para defender nuestra particular posición en la Unión como países agrarios y de servicios, no habríamos conseguido nada. Porque el núcleo duro de los países industriales, con Alemania a la cabeza, dominaba el Consejo Europeo de los jefes de estado de los estados miembros, por amplia mayoría. Una mayoría que desmanteló nuestra agricultura abriendo las fronteras comerciales con terceros países, a los que esa misma Europa industrial vendería sus productos manufacturados. A día de hoy, los países mediterráneos no hemos sido ni siquiera capaces de formar esa hipotética liga propuesta por Angelidis, de manera que nuestra situación relativa no ha hecho sino empeorar.

En segundo lugar, quienes confían en una especie de buena fe supranacional europea, obvian que los países industriales no quieren competidores dentro de las fronteras de la Unión. Por eso los fondos europeos para España nunca han ido destinados al desarrollo industrial, sino al medio ambiente y al desarrollo rural no productivo, además de a grandes infraestructuras que en, el yermo industrial mediterráneo, solo sirven para traer y llevar turistas. Ahora, la Europa desarrollada, con Merkel a la cabeza, el único condicionamiento que le quiere poner a Sánchez para darle el cheque es que lo aplique con criterios de “transición ecológica” –un nuevo palabro para enmascarar el despilfarro-, y también con criterios de “digitalización de la economía”, otro concepto que nadie ha definido todavía. Es decir, más de lo mismo: nada de industria ni de I+D, nada de acercarnos al verdadero primer mundo. Creo que el nuevo orden europeo implicará una nueva reconcentración de la industria en los países ya industrializados. Si en los noventa se sacrificó el sector primario europeo de los países mediterráneos, ahora se concentrará aún más la industria clave europea en los países matrices. Agravándose las desigualdades territoriales en el seno de la propia Unión Europea, que prefiere mantenernos como un país de camareros antes de que le hagamos la competencia.

El otro gran condicionante –además de invertir en desarrollo industrial- que Europa debería imponerle a Sánchez es una drástica reducción del gasto público, y por tanto de la deuda; pues, de lo contrario, las ayudas europeas serán pan para hoy, y mucha más hambre para mañana.

¿Y qué hace la oposición política española frente a esta situación? Nada. O peor que nada. El PP y Ciudadanos acaban de firmar junto al PSOE y Unidas una carta remitida el pasado 18 de junio al Consejo Europeo, oponiéndose a que se hagan recortes en el Plan de Recuperación. La palabra “recorte” no se atreven ni a pronunciarla por puro electoralismo. Por eso resulta crucial una intervención de Europa para meter mano allí donde nuestros políticos no se atreven. Sí, como hizo en Grecia y Portugal para salvarlos de la bancarrota populista, que nadie se escandalice.

Pero, al igual que la reducción del gasto público, el desarrollo industrial -que requiere políticas sostenidas a medio y largo plazo-  tampoco entra en las agendas cortoplacistas de los partidos políticos españoles, que asumen íntegramente los palabros políticamente correctos de esta coyuntura, esos que La Unión Europea ha puesto sobre la mesa para hurtar la equitativa distribución de la verdadera riqueza, que es el desarrollo y no la limosna.

Con esta actitud la oposición política nacional –de nuevo con la honrosa excepción de VOX- le facilita a Sánchez su ansiado cheque en blanco. En vez de forzarlo a convocar elecciones, lo avala para que Europa financie su permanencia. ¿A cambio de qué? Supongo que cambio de una quimérica oportunidad de supervivencia, en el caso de Ciudadanos. Y de una vaga promesa de pactos para un PP cobarde y acomodaticio, que se muestra, una vez más, no ya incapaz de plantar cara al populismo, sino como unos de sus principales artífices.

Lo que parece seguro es que un cheque en blanco a Sánchez, para que se gaste nuestro dinero como le dé la gana en clientelismos, va en dirección opuesta a una verdadera incorporación de España al primer mundo del nuevo orden mundial y europeo. Estamos en un momento crucial para España, y la solidaridad europea no significa repartir limosnas, sino alcanzar esa tan cacareada “cohesión económica y social” de su tratado fundacional que, hasta la fecha, ni siquiera ha comenzado a fraguarse. Corresponde a nuestros partidos políticos de la oposición exigir en Europa que se le impongan condiciones férreas al díscolo de Sánchez, tanto de reducción del gasto público, como de inversión de los fondos en desarrollo tecnológico e industrial. A no ser que este paquete de fondos incluya una partida destinada a taparles la boca a este establishment político, como decía Angelidis, cuyos representantes recorren los pasillos enmoquetado de Bruselas a cara descubierta con su “qué hay de lo mío” escrito en la frente. Porque si no, que alguien me lo explique. ­­­

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