Estar en modo goblin

Los últimos días del año son fechas propias para nombrar al “Personaje del año 2022” (Zelenski, según la revista Time), la “Palabra del año 2022” (Inteligencia Artificial, según la Fundación del Español Urgente, FundéuRAE), ¡hasta anticipar el color del año 2023!, designado por la firma Pantone, que para el período entrante será el Viva Magenta 18-1750, pero me ha llamado especialmente la atención la expresión que ha elegido el diccionario de Oxford para nombrar la del año recién concluido: “Goblin mode”, que traducido al español viene a ser algo así como “Modo duende”, porque estimo que su significado es digno de comentario. La expresión se utilizaba ya en 2009 entre los angloparlantes, pero fue en febrero de 2022 cuando se popularizó y se hizo viral. 

Verán ustedes, el término goblin se puede traducir por “duende”, pero también por “trasgo”, criatura mitológica de culturas centro europeas, semejante a un hombrecillo pequeño, como un duendecillo travieso, burlón, a veces malévolo, que disfruta destrozando los enseres domésticos o engañando a los humanos, como los orcos de El señor de los anillos o los goblinoides de Dragones y mazmorras. Sin ser malvados, tienen un punto malicioso, sobre todo egoísta, y un nulo interés en ser buenos. Más bien, todo lo contrario. 

A los goblins de hoy, sin embargo, no se les encuentra en el bosque ni en las Tierras Altas sino en el sofá, comiendo patatas fritas o chuches, y con el mando del televisor o móvil en la mano, para escoger productos de plataformas que no exijan esfuerzo intelectual. Con esta expresión, aplicada a los humanos, se quiere describir un tipo de actitud autocomplaciente entre la dejadez, la pereza y el estar sobrepasado por la situación, de alguien que, además, rechaza las normas o las expectativas sociales que se tienen de él. Y así, el goblin mode es uno de los términos que tienen, sobre todo, los adolescentes para expresar su desidia, sumado a otros ya más comunes como el doom scrolling, esto es, pasar y pasar el dedo por su pantalla, esperando recibir estímulos de las aplicaciones. 

¿Es un comportamiento lógico y positivo en las actuales circunstancias, o es negativo? ¿Quién no ha visto a un joven (o a un adulto) entregarse a dejar la vida pasar, o a centrarse exclusivamente en un pasatiempo, como puede ser un atracón de series o una sesión interminable de videojuegos? ¿No será consecuencia del cansancio de tanto postureo como ha habido en las redes, de proyectar unos estándares de belleza y estilos de vida perfectos, que no existen en la realidad? Para algunos psicólogos, estamos ante un síntoma que refleja el malestar de una sociedad pospandémica, hiperconectada y sobreinformada, donde el cerebro entra en cortocircuito y nos pide parar.

La pandemia, claro está, aceleró y propagó este fenómeno entre los más jóvenes, desamparados ante un mundo nuevo para el que no estaban preparados y que, en consonancia con otras dinámicas depresivas, nos devuelve un panorama ciertamente preocupante, que ya es materia de consulta en gabinetes de psicólogos y de psiquiatras, y que algunos ponen en correlación directa con el actual aumento de la tasa de suicidios. 

Por supuesto, plataformas como TikTok o Twitter hacen poco por frenar la adicción a estos comportamientos, puesto que ahí radican sus ingresos, en la exposición continua, pero debería ser labor de los estamentos gubernamentales el poner algún tipo de barrera allá donde los padres o tutores legales de los niños no lleguen por desconocimiento de cómo afrontar el problema o por falta de interés en el cuidado de los menores. 

Al fondo, se aprecia una voluntad de rechazo a las normas sociales que nos estábamos auto imponiendo, y se nota una tendencia al cambio.  Esta necesidad de modificar la actitud la han captado muy bien los dueños de BeReal y la otra red con más crecimiento, TikTok, que también han querido crear su propia versión de imágenes subidas al instante, sin retocar, TikTok Now.

¿Qué se puede hacer ante el goblin mode? Que se instaure la dejadez en la ropa, el desorden en casa y el olvido de las obligaciones domésticas, no aporta nada bueno. Normalmente, los expertos recomiendan siempre prevenir antes que curar, estableciendo hábitos saludables en el consumo de los aparatos tecnológicos. Pero llegados al agujero de la auto indulgencia, lo mejor es la intervención de un profesional cualificado para evitar que los problemas puntuales se puedan convertir en situaciones crónicas de desinterés, tanto personal como por la vida en sociedad. 

Conocerse uno mismo, analizar qué estamos haciendo con nuestra vida y cómo nos sentimos con lo que hacemos, aceptarnos con nuestros defectos, y recuperar un poco la calma, nos vendrá bien a todos.

Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com




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