El pasado sábado día 24 de Noviembre ocurrieron un par de hechos en esta nuestra Sevilla que, me temo, pasaron desapercibidos para la inmensa mayoría, en esta ciudad eternamente ensimismada y cuyas gentes parecen, lamentablemente no es una característica sólo sevillana, no darle importancia a nada de lo que suceda, no importarles nada salvo no dejar de tomarse sus cervecitas con sus tapitas, eso sí,  a poder ser, acompañadas de una buena procesión por las calles del centro con banda de música y tos sus avíos.


El sábado por la mañana la sede del club Jovellanos en la Sala “La Revuelta”, apareció, después de haber recibido varias amenazas de grupos de la ultra izquierda vía redes sociales a raíz de una conferencia del eminente medievalista y Catedrático de Historia, Rafael Sánchez Saus, sobre  la Reconquista de Sevilla por San Fernando (lo que, mentes cerradas, obtusas y analfabetas, tildaron de acto fascista), con las cerraduras bañadas de silicona y dianas pintadas en sus puertas. La asociación cultural “más fecunda de la ciudad”, como decía en entrevista concedida al diario ABC uno de sus fundadores y máximo artífice, Juan María del Pino,  lugar de intercambio de ideas, de enriquecimiento cultural y de libertad, fue atacado por los intransigentes, los que claman contra lo que ellos llaman “fascismo” (o sea, todo lo que no sean ellos mismos) y que son los verdaderamente fascistas.

Ese mismo día, la Iglesia de Omnium Sanctorum, en el antiguo y sevillanísimo barrio de la calle Feria, amaneció asimismo con pintadas en sus encalados muros que desvergonzadamente  ponían “IGLESIA FASCISTA”. Una vez más, un templo de Dios atacado por los talibanes dictadorzuelos de la extrema izquierda, esa cuya única religión es la de la corrección política y cuyas consignas son el desconocimiento, la incultura y la oposición a todo lo que signifique España.


Una vez más los mismos, la ultra izquierda tramontana y anclada en el guerracivilismo, amparado y potenciado por esta izquierda en el poder que únicamente agitando las momias del pasado para tener apaciguados y conformes a sus socios de Gobierno intenta, mal que bien y dañando más a la Nación a cada segundo que pasa atrincherada en la Moncloa, durar el mayor tiempo posible a fin de que su postiza ingeniería política apoyada masiva y descaradamente por los medios afines, que son la inmensa mayoría, le aseguren un perpetuamiento en el poder que llevaría a nuestro país a una debacle política, económica y, lo que es más grave, en su esencia como Nación, que sería de casi imposible reversión.

Una vez más el oportunismo y el ansía de poder, la ambición personal desmedida, por encima de los principios, la conciencia y los intereses de la Nación, llevando al país al desastre, apenas previsto y avisado por unos cuantos, mientras que la masa indolente sólo se preocupa de su cervecita, sus compras de Navidad, que no falte de, y, faltaría más, que gane el domingo su equipo.

Cuando llegue lo que indefectiblemente tendrá que llegar no valdrá de nada lamentarse si ahora no se atiende a lo que está ya ocurriendo en nuestras calles.

En el 34, cuando se empezó la quema de Iglesias, cuando comenzaron los ataques a curas y monjas, a ciudadanos por, simplemente, pensarse que eran de derechas, a veces solamente por ir a misa, también hubo mucha gente, la mayoría, que sólo pensaba en su propio ombligo, nunca pasa nada se decían. Pero hoy no tenemos excusa, ya sabemos lo que puede pasar, tenemos muchos más medios para enterarnos (pero para eso hay que querer) de la realidad de las cosas que, en la mayoría de las ocasiones, no es la que nos venden en las televisiones que narcotizan el pensamiento.

Esta película ya la hemos visto y nos sabemos el final. No dejemos que ocurra, reaccionemos cuando aún hay tiempo. Si no lo hacemos, no tendremos perdón de Dios.