España y el Papa 

Aun reconociendo que a este Papa se le manipulan interesadamente algunas de las profusas declaraciones que suele verter sobre cualquier asunto, lo cierto es que analizando sus palabras y actitudes respecto a España y lo español, no es arriesgado concluir que a este Papa parece que no le gustamos. Y si eso a los españoles no católicos (exceptuando a los progresistas) les puede generar antipatía hacia el Papa, a muchos católicos españoles nos produce una triste inquietud difícil de concretar.

Pues como católicos -por la lealtad, el respeto y el cariño que su figura nos merece- no sólo estamos obligados a superar la antipatía evitando que derive en «antipapía», sino que también lo estamos a rezar por él y por su altísima misión en la Iglesia. Pero sin caer en el papanatismo ni en la «papolatría» de suscribir acríticamente todo lo que salga de la boca del Papa sobre cualquier materia opinable.

Y aunque la leyenda negra -relanzada ahora por el indigenismo marxistoide- intente impulsar en la hermana América hispana una sesgada visión negativa respecto a la labor de España, no debería ignorarse, al menos en la Iglesia, que no ha habido otra nación en el mundo que haya padecido ni vertido más sangre al servicio, defensa y expansión de la fe y de la cultura católica, como la nuestra.

Quizás en el Vaticano deberían recordar esta nimiedad.




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