España: Infierno de cobardes

Cuando Clint Eastwood, en 1973, dirigió y protagonizó la película, no le llegó a la suela de los zapatos a lo que los habitantes (ni debo, ni puedo decir “españoles”) de este país han convertido España, un auténtico “infierno de cobardes”.

Visto lo visto (y lo que te rondaré morena) creo que el pueblo español, el que fuera noble pueblo español, en contra de la Fe, el genio, el valor y la hombría que lo ha caracterizado a lo largo de la Historia, y principalmente en momentos como los actuales de venganzas y reconvenciones, se ha convertido en la actualidad en un corral pero, ojo, no por culpa de los protagonistas o autores de las felonías y traiciones que no cesan en perpetrar, sino lo que es peor, por las actitud de los permisivos espectadores que no hacen nada para su combate o contradicción, colectivo conformado por individuos (¿mandriles?) transigentes, conformistas, amorales, hedonistas y, algunos, hasta manfloritas; y esos adjetivos, para bastantes, cualidades, han gangrenado todo el espectro social, principalmente a los más vulnerables, a los más fáciles de convencer, a los más permeables de todos los públicos: las clases medias, las conformadoras de los denominados centro izquierda y centro derecha, y la juventud, papel secante que absorbe todo lo que no exija esfuerzo y disciplina. En resumen, los que tienen mucho que perder.

Siguiendo con las infecciones, este infierno de cobardes, también lo han provocado los políticos, en su mayoría profesionales ganapanes, que se apuntan al partido a los 17 y, si estudian, después de hacer Derecho o Empresariales (ADE o “La Conjunta”, creo que se llama ahora) en diez o doce años, pasan al cargo remunerado sin previamente haber cotizado un solo minuto en un puesto de trabajo; están los jueces (para la democracia, para la aristocracia, para la burocracia y para la ginecocracia, ¡qué pena de adscripción política de un Poder del Estado que no debería estar adscrito a nada!); luego siguen los militares (mientras se jueguen la carrera y la pensión, “amén” a todo lo que hagan los enemigos de la patria, sea cual sea la provocación, atrocidad, traición o defección que ocurra, -verbigracia, bandera, himno, fotografías de los Reyes, personajes históricos desde el medievo a la actualidad, etc.-. Eso sí, cuando pasen a la reserva, ya se despacharán a gusto y suscribirán fervorosos manifiestos patrióticos); los curas (a los que ya no les interesan ser santos y predicar lo que es pecado y lo que no lo es, porque ya nada es pecado, el pecado es franquista), y.., me voy a callar.

España es un infierno de cobardes porque hay un concurso permanente de a ver quién echa el escupitajo mas lejos, a ver quien defeca mas sobre los valores de la patria, a ver quién blasfema mas o se desnuda antes, en las televisiones, donde un día sí y otro también, se asevera que la cruz es sinónimo de opresión y sometimiento, de odio y guerra, y la Iglesia, una plataforma pedófila, conformada por unas series de grupos sedientos de placeres, prebendas y exenciones fiscales; el Ejército, (cabra de la legión incluida) y la Guardia Civil, el brazo armado del caciquismo explotador y sanguinario. “¡Me cago en los muertos de la Guardia Civil!”, dijo en un acto en el Ayuntamiento de Cádiz, ante las cámaras de la televisión y el Alcalde, un individuo, y tan campante, ni sin tan siquiera un “picha, modérate”, es mas, estoy seguro que en el croqueteo y cerveceo que habría al finalizar aquel acto, se pondría puo.
España es un infierno de cobardes e irá a mas, (si no al tiempo) porque a los demonios que vienen imponiendo este orco, le sales gratis total el serlo, es mas, cobran por ello, porque contra más perversos son, mas la gente les pide selfies; porque todo lo que proclaman, hacen o impiden, ya ni siquiera precisan de telediarios, ni infamias semanales, manipuladas para difundirse, porque tienen el cine, las series, los reálitis, las novelas, los cuentos, las redes, donde (les) cabe de todo y ellos son los buenos y los otros los malos.
España, es un infierno de cobardes porque los padres no ejercen de padres, son “compensadores” de niñatos caprichosos y desocupados, al que jamás se le han preguntado cómo sin tener ingresos, usan y tienen unas Ray-ban o un Iphone; energúmenos de 12, 15 y 20 años, a los que nunca se le han dado un guantazo (o dos o tres o los que hagan falta) cuando se encaran o se ríen de la madre o los abuelos, a los que no miran porque tienen los ojos ocupados en la pantalla de su (creo que lo llaman) “dispositivo”; impertinentes criaturas (hijos únicos o, todo lo mas, la parejita) que desde que echaron los dientes, se han criado con una play station, una tablet o un portátil, jugando o diciendo tonterías en las redes; alumnos (por llamarlos de alguna manera) cursando una escolaridad tibia y atenuada (ni un clásico de nuestra literatura, ni tan siquiera un verbo irregular del inglés se les ha exigido en sus planes de estudios), a base de recuperaciones, repescas, revisiones, impugnaciones, etc. de los exámenes para tontos que son sus programas; mindundis que se van de Erasmus -más bien orgasmus, colador de asignaturas- para pasarse un año bebiendo (y lo que salga) de fiesta en fiesta; barraganes que cuando ganan dos duros, y declaran que se van a vivir con su pareja (sabe Dios el color de la ropa interior de la pareja), los padres, encogiéndose de hombros, sueltan un inadecuado “¿qué puedo hacer yo?”; etc…

España, es un “infierno de cobardes”, porque se ha convertido en un parque temático turístico de todo el medio pelo del globo terráqueo, que deja mucho dinero (por supuesto, del color del abuelo de Kanuté), imponiendo un ambiente y un paisaje espantoso, ruidoso y asqueroso (si lo dudan, miren, huelan y no toquen); porque han vuelto los tiempos del franquismo, sí, he escrito bien: del franquismo: ha regresado el tranvía, la bicicleta, el pan negro –mas caro que el blanco-, las tiendas de arreglos de ropa, las tiendas de segunda mano, las casas de huéspedes y de comidas, el trueque, los economatos, los pisos municipales, los alquileres sociales, los emigrantes –mi niña trabaja en Munich y mi sobrino en Liverpool- etc.); porque esto es ya un país de tatuados (no se cuánto cuesta uno tecnicolor, ni cuando se cansen, como se quita), de tíos en pantalones cortos y, lo que es peor, piratas (hay algo mas horroroso que las piernas peludas de un nota?), de individuos calzados con chanclas y sandalias (vaya peste, y que de mierda en los pinrreles), de botellona, de burguer, de maleducados (ni saludan al llegar, ni se despiden al salir, y el “por favor” y el “gracias” no lo conocen), de malhablados (el hostia, el coño, el joé y el no me sale de los huevos, son un bucle que repiten cada medio minuto); porque nos han robado hasta los nombres de los sitios, vamos, la Geografía, (y lo más gracioso, que aquí, ya se dice “A Coruña” “Girona”, “Ourense”, “Iruña” y la madre que los parió).

España es in infierno de cobardes, porque los, teóricamente, “decentes”, no hacen nada, si acaso, acudir a una manifa a Madrid o Barcelona y gritar “España no se rompe” o “España una, y no cincuenta y una”, para después votar a quien no manda o, si manda, no mandar.

Amén.




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