“España en nuestras manos”

Este es el título, apropiadísimo, de un libro de Julián Marías de 1978 que contiene reflexiones llenas de ilusión y esperanza sobre la España de entonces, la de la Transición. Ahí se incluye su famosa exhortación: “No digamos ¿qué va a pasar?, sino, ¿qué vamos a hacer?”. España en nuestras manos.

Hoy por desgracia la situación es distinta. Ante la voluntad de división, azuzada desde el poder, parece que estamos condenados a presenciar desastres sin poder evitarlos.

¿Qué está en nuestras manos? Poco, ciertamente. Pero algunas cosas sí. La corrupción de la lengua española, esa sí podemos hacer algo por evitarla. Simplemente, poniendo algo de atención para no imitar, por inercia, los barbarismos, pues ya habremos hecho algo mucho más trascendente de lo que parece.

Hay quien comenta que no hay que “asustarse” ante los neologismos (como si percibiéramos mucho “susto” por eso), puesto que el idioma los absorbe todos sin problema y hasta se enriquece.

No lo niego, pero aquí no hablamos tanto de neologismos, sino de la tendencia a emplear palabras españolas dándoles el sentido que tienen en otras lenguas y despojándolas del suyo. Lo más grave no es el añadido de palabras nuevas, más o menos innecesarias; sino la pérdida de sentido de las nuestras.

Hay cientos de expresiones que, a través de las redes sociales, de las grandes empresas, destruyen simplemente la lengua castellana. Unas se “explican” por la mala traducción literal del inglés y de otros idiomas. Pero lo malo es que se absorben, y ya se ven en páginas cuya primera lengua es el español, e incluso -lo más sangrante- en artículos, periódicos, páginas web y hasta libros escritos en español originariamente, y por mano de “intelectuales”.

Oímos decir: “Fulanito tiene buenas conexiones con gente de esta empresa”. ¿Qué quiere decir? Ah, sí, contactos. “Tiene contactos”, se diría en español. Pero ahora les da por decir “conexiones” por imitar la expresión inglesa- como si aquí hubiéramos estado siglos hablando erróneamente. Esto es mucho más grave que un neologismo. En español, contacto es una cosa, y conexión otra (etimológicamente será lo mismo, pero cada una tiene su matiz y se emplea en un contexto distinto).

Se habla de “un campo de golf decente”. ¿Qué querrá decir? ¿Que los desnudos en el césped están prohibidos? Seguramente se refería a “un campo de golf en condiciones”. Y lo peor es que el que emplea la expresión copiada del inglés, donde “decent” tiene un sentido muy distinto, pues se cree como superior- como más “culto” o más entendido.

La belleza de estudiar otros idiomas es que cada uno tiene sus expresiones propias. Si todo tuviera traducción literal, ¿qué encanto tendría? Ahora con el Covid leemos advertencias impresas, hasta en los lugares más elegantes (o más en ellos), que nos indican “Cómo lavar tus manos”. ¿”Tus manos”? En español se dice lavarse las manos (así como se dice “me duele la cabeza, me duele el pie”, sin usar el posesivo). ¿Ahora tenemos que imitar el inglés – “wash your hands”- como si la distinta peculiaridad fuera un error nuestro, como si tuviéramos que “corregirnos”? Y luego en los lugares más oficiales, más supuestamente serios, se nos dice “Ponte tu mascarilla”, un tuteo que suena raro, chocante, y que a su vez se debe a la traducción automática, literal, servil y absurda del inglés.

Con el aumento del desempleo, se habla de puestos de trabajo “redundantes”. Cuando un español oye en inglés esa expresión “Your post has become redundant”, le resulta curioso, si tiene algo de sensibilidad, el modo en que la misma palabra ha adquirido connotaciones tan distintas: en inglés se asocia a algo tan serio como que te echan del trabajo, y en español es una palabra elegante que suele oírse sólo cuando, al repetir algo, se añade finamente “valga la redundancia”… Si es triste oír hablar, en estos días, de los muchos puestos de trabajo que se pierden, pues el disgusto es mayor si para contarlo tienen encima que asesinar la lengua española. Hay puestos que “sobran”, o que ya no hacen falta, o digan lo que sea, pero por favor “redundante” no; eso expresa OTRA idea, y si perdemos esa palabra será otra gran pérdida… y mucho mayor  de lo que creemos.

¿Seguimos? En español hablamos de enseñanza, de estudios. Alguien “estudió” en tal Universidad; no fue “educado” en ella. En inglés es distinto, sí. “Education” es más bien “Estudios”. Si se dice “educated” referido a una persona o a un grupo hablamos de que están “muy formados”. Pero en español NO. ¿Perderemos esa cosa tan nuestra de entender a qué nos referimos al hablar de la mala y de la buena educación?

¿Más?

Se oye decir “cristianos observantes”, en vez de “practicantes”.

Se oye decir  “asistente” en vez de “ayudante”.

Se lee “un robusto crecimiento de la economía, una robusta defensa de algo”. No seamos serviles. Digamos “sólido, enérgico”, lo que sea. Robusto no.

Leemos: “Corrijan alguna información errónea”. Hay que decir “Corrijan cualquier información errónea”. O bien “Que no quede información errónea alguna”.

En la radio – la barbarie ya total- unos locutores hablaban de “pieza de convicción”.  Hasta un traductor automático lo haría mejor. Prueba condenatoria, querrán decir.

Y continuamente se habla, en los medios que no en la calle, de “remover, remover”. Como si removiéramos el café con la cucharilla. “Bahamas removerá a Isabel II”. En español es quitar, eliminar, deponer, expulsar… busquen sinónimos. Pero remover no, eso jamás se ha dicho en ese sentido.

La batalla por la palabra “evidencia” (estúpidamente usada ahora en vez de “prueba” no la hemos dado), y obviamente la hemos perdido. Hemos perdido la belleza, la utilidad, el matiz de esa palabra. Como hemos perdido los artículos en los titulares de las noticias.

¿Está España en nuestras manos? Pues… la mayoría poco podemos hacer. Pero conservar nuestra lengua sí.




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