España convertida en sopas de ajo

Bien está que un ingeniero agrónomo salga a la palestra y opine sobre cultivos de algún tipo, uno de Caminos opine sobre un puente o un médico se pronuncie sobre la patología de un enfermo, pero lo que carece de ningún sentido es que la mujer del presidente del Gobierno, cuya única aproximación conocida al negocio de la hostelería eran los salones de “masaje feliz” que tuvo su padre, siente “cátedra” sobre lo que debe hacer una familia con un restaurante.

Su recomendación como de pitonisa o de agorera a quien lleva varias generaciones viviendo de atender a sus clientes en un bar o en una casa de comidas constituye un dislate colosal a la altura de la osadía de su marido, que sin tener conocimiento ni experiencia en la gobernación de absolutamente nada, asumió una pretendida transformación de todo un país que nos redirigirá hacia la “tierra prometida” de una nueva normalidad, que ni sabe dónde está y mucho menos en qué consiste. ¿Qué podía salir mal?

Igualmente su marido, Pedro Sánchez, más que dudoso economista, sin actividad alguna conocida en esa materia, consideraba ayer absurdo que una ley pudiera cambiar ningún artículo de la Constitución: “Esto es de primero de Derecho”, dijo ayer, refiriéndose a Yolanda Díaz, este ‘experto’ jurista improvisado que sostuvo que la Fiscalía General del Estado depende del Gobierno de turno. Y se quedó tan feliz como los masajes de su suegro.

Apenas un rato antes, Yolanda Díaz, con el rigor que la caracteriza, sorprendía a todos enunciando con firmeza y a base de muchos cabezazos y melenazos, como un perrito colocado en el parabrisas trasero de un coche, que su gobierno, en el que ella disparata a placer cada mañana, había procedido a modificar el artículo 49 de la Constitución mediante una nueva ley que hasta Biden le copia y que nos ha colocado como pioneros en la vanguardia mundial de la idiotez universal.

Está visto que a menor enjundia intelectual y a mayor memez, la osadía y la ridícula grandilocuencia se les dispara, como le ocurriera en su día a la inefable Leire Pajín avisando al mundo de la conjunción planetaria decisiva que iría a producirse entre ZP y Obama cuando éste último accediera a la Presidencia de los EE.UU.

De toda esta ecuación planteada hasta aquí, cualquiera puede extraer el resultado inmediato que lo simplifica casi todo de que María Jesús Montero es el resumen más exacto y adecuado para esta situación incomestible, pues de ser médico pasó a consejera y ministra de Hacienda y se puso a diagnosticar y a recetar soluciones fiscales a un enfermo desahuciado e instalado en la moribundia con el mismo desparpajo que la mujer del jefe despacha soluciones para sacar adelante un restaurante.

Si la ministra de Igualdad (cartera de por sí absolutamente superflua e innecesaria con la que sólo se pretendía contentar al socio ocasional de gobierno) es una supremacista feminoide que estigmatiza a la mitad de la población por el mero hecho de haber nacido varones y desearía arrastrarlos a una situación de sumisión y miedo laminando todos sus derechos fundamentales, poco más cabe añadir a la espantosa situación económica y sanitaria que atravesamos, mientras un Miguel Iceta con el COU terminado se ejercita en dar saltitos y en escenificar la renuncia del Gobierno a hacer cumplir las leyes a una reata de asesinos en serie que llevaron a la democracia española contras las cuerdas en la mayor crisis de seguridad y de libertades de su Historia en su lucha contra el terrorismo criminal.

Ahora sólo queda que Ione Belarra, ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030 (casi seguro que nadie sabe en qué consiste semejante Ministerio), nos ilumine sobre alguna misión imposible que nadie le haya encomendado y se pronuncie sobre las papas con choco o sobre la lluvia de cohetes de Hamás en Tel Aviv.

Porque esa es otra, el mismo día que Yolanda Díaz usa como referencia del progresismo mundial a “Pepito” Biden “el cariñoso”, llueven sobre el aeropuerto Ben Gurion chuzos explosivos enviados por el amigo palestino después de cuatro años de trumpismo en los que la franja de Gaza no ha hecho ni un ruido y en los que Corea del Norte se lamía las heridas. Ha sido llegar Pepito el progre a la Casa Blanca y arden de nuevo los conflictos en el mundo, en Afganistán, en Colombia, en África… y ahora volverán las declaraciones de condena hacia los obtusos norteamericanos que no entienden que los israelíes deberían dejarse arrasar por la cochambre del terrorismo islamista.

Tengamos claro al menos algo: si el PP y VOX no dejan de atacarse mutuamente y no paran de hacerse la puñeta a ellos mismos y a los electores que resisten, estos indocumentados del Gobierno harán con España una sopa de ajo y los ciudadanos no seremos ni los tropezones de este condumio intragable que Europa nos hará tragar a cucharones.

He dicho.




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