“¿Eso no lo haríamos todos?” Pues no

El descomunal asunto de los ERE es tan colosal que se nos escapa de las manos, parece que de gigantesco y de obvio no se sabe ni qué decir…

Me pregunto si otros también se han quedado algo “cortados” cuando, al comentar algún caso de corrupción, o de estafa, o de aprovecharse indebidamente de cualquier situación, surge a veces una voz en tono didáctico y moral, como quien posee una especial sabiduría, que alega:

-Bueno, en el fondo, ¿no haríamos todos lo mismo?

“¿No haríamos lo mismo todos?” 

A muchos esto nos irrita sobremanera. Pero resulta difícil reaccionar. Si abrimos la boca para responder: “Pues no, yo no lo haría”, al final decidimos no hablar porque imaginamos las consecuencias… Uno dice “No, yo no lo haría” y enseguida queda, ante la asamblea de sabios, como alguien que “se las da de bueno”, como un “hipócrita” (palabra de la que tanto y tanto se abusa)… Así, pues, al final nadie dice nada y parece que todos tenemos que aceptar la inevitabilidad de la corrupción, y que todos somos iguales, y que puestos ante una tentación  de dinero fácil, “todos haríamos lo mismo”. Quien lo niegue, fariseo hipócrita se declarará.

Creo que es hora de reaccionar contra eso. Contra esa corriente que en nombre de cosas como la tolerancia y el no juzgar y el “no ser hipócritas”, pues decide que la honradez no existe y que no hay ni que aspirar a ella.

Lo que es malo, hay que creer que es malo, e insistir en ello. Hay que desear no caer nunca en eso, horrorizarse ante la sola idea. Y si, en el peor de los casos, una persona íntegra y honrada y que siempre ha odiado el delito (“Odia el delito y compadece al delincuente”. Recordemos ambas premisas), si esa persona al cabo de los veinte años se ve ante una enorme tentación y cae en ella… pues incluso en ese caso, el haber hecho lo que siempre le dio horror seguramente propiciará más el remordimiento y la vergüenza secreta (sentimientos hoy casi extinguidos). En ese caso no sería “hipocresía”. Sería caer en lo que uno no quiere (¿son “hipócritas” entonces los que no consiguen, por ejemplo, adelgazar o dejar de fumar…?). 

Hay que afirmar y creer que “yo no haría eso”, y aun atreverse a decirlo. No cortarse ante el miedo de, dentro de unos años, caer en una tentación, y ser tachado entonces de hipócrita. 

La vida es dura, tremenda, presenta situaciones que ni imaginábamos, puede pasar de todo… Sí. Pero al menos, mientras estamos en plenitud de facultades, mientras nuestras circunstancias son normales, hay que estar seguros de que odiamos el delito y atreverse a afirmarlo.

Ante delitos de tipo más primitivo (maltratos, puñetazos, homicidios brutales), nadie dice: “Oh, ¿no haríamos todos lo mismo?”. Y sin embargo, si vamos a eso, ¿quién sabe lo que nos deparará la vida? Igual que puede depararnos una ocasión de apropiarnos de millones del erario público, también puede ponernos en situación de irascibilidad máxima y con un cuchillo en la mano. Ninguno estamos libres de nada. Eso no es razón para no odiar el delito, y desear con todas las fuerzas no caer en él y horrorizarnos ante la sola idea.

Y si sale la noticia de un caso de delitos enormes, pues decir: “¡Qué horror!”. ¿Por qué no? Es más sano eso, y más cívico, que el vivir considerando que la tentación es irresistible, y, en nombre de una falsa “tolerancia, y no juzgar, y tener amplitud de miras”, pues declarar que la honradez, la grandeza y la bondad no existen ni pueden existir sobre la tierra.

Que es mentira, además.




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