Tenemos una información de tabique, como cuando se pega el oído a la pared para tratar de escuchar qué pasa al otro lado de ella, qué discusión hay en el piso de al lado, qué ocurre en casa de los vecinos. Es una información de tabique cuando no del techo, desde el que casi no nos llegan audibles más que las pisadas insoportables de los que viven arriba. A los políticos les interesa su sonido confuso, distorsionado, sus palabras a la mitad entre nosotros y el muro que levantan. ¿Qué está pasando en España? A España parece que la está cantando Bambino en “esa maldita pared que separa tu vida y la mía”. Esa maldita pared que nos divide en políticos corruptos y ciudadanos honrados asfixiados de tributar y de aguantar lo inaguantable. Para ellos la realidad de las cúpulas donde manejan sus influencias; para nosotros, el reparto de sus funciones que acaba siendo el reparto de nuestras ficciones.

¿Qué es de verdad en la política española? Todo parece una temeraria escenificación con los papeles bien aprendidos; con los papeles y, por descontado, sus tiempos, como en los enredos que ajustan a la perfección la conveniencia de coincidir o no en el mismo acto. Da la impresión de que vive España dentro de un peligroso guión, corregido y aumentado -como el diccionario-, con los movimientos bien calculados de un sainete, para que cada parte actoral entre y salga de la trama cuando proceda: ahora le toca a Torra en la zambra del carcelero carcelero del independentismo; ahora a Sánchez, como un colegial ingenuo y feliz invitándolo al cumpleaños de la Constitución; tiene collons que cuando Cataluña está que arde, se le ofrezca que apague las velitas en vez de llevar la manguera del 155. Hasta Franco muerto está de invitado especial.Y la memoria histórica es un muñeco de Mari Carmen con la mano metida por la espalda, para que mueva la boca como convenga y emita las mentiras de la ventriloquía socialista. En Andalucía se sirve mientras tanto un entremés entre octubre y noviembre, con el casting bien perfilado de actuantes para Susana Díaz y Albert Rivera, que suena ya electoralmente como el apuntaor ese que muere en todas las refriegas.


Nosotros, los españolitos de a pie, sólo contamos ya como los extras de este híbrido peliculón llamado España, somos los meros figurantes que agitamos las banderitas.