Entre indultos e insultos

Mientras el Gobierno de la fullería permanente trabaja en la arbitrariedad de los indultos para los golpistas de Catalumnia, el Parlament y la Generalitat no cesan su maquinaria de los insultos. Así, entre indultos contra insultos y viceversa, navegamos hacia el testarazo final contra los arrecifes de una democracia que zozobra a base de trompicones y arremetidas del sanchicomunismo, que desea esquivar la Constitución a cualquier precio y somete a la Justicia al bamboleo de sus caprichos enmendándole la plana por la vía de los decretazos.

Alguien en el PSOE debería hacer acopio de las medidas que se recogían en su programa electoral y alguien de la oposición recopilar aquellas otras promesas con las que directamente hizo todo lo contrario y ponerlas en un fielato, para comprobar sin lugar a dudas el nivel de la estafa y de la ilegitimidad que ha alcanzado este Gobierno en apenas año y medio de legislatura.

Nada, salvo en las hemerotecas, queda de aquellos discursos sobre la negativa de llegar a acuerdos con partidos filoterroristas e independentistas; nada sobre quienes ponen en riesgo la unidad territorial de España o agreden a los símbolos nacionales; nada sobre el abuso de los decretazos como forma de gobierno; nada sobre quienes plagian sus trabajos doctorales ni sobre quienes recaiga la sospecha de usar atajos fiscales para proteger sus bienes; nada sobre la racionalización del gasto en asesores ni sobre las puertas giratorias; nada sobre la profesionalización de la Administración ni sobre los méritos y la excelencia; nada sobre la congelación de impuestos a las clases medias y bajas ni sobre el aumento de la inversión y el gasto en Sanidad; nada sobre la eliminación de peajes ni cautela en las subidas del IVA y del precio de las energías; nada sobre políticas calculadas contra la inmigración o sobre la protección de derechos de los ciudadanos; nada sobre transparencia, enchufismo o sobre control parlamentario de la acción caprichosa de gobierno; nada de pactos esenciales de Estado sobre temas capitales como la Educación; nada de concordia y reconciliación; nada de negociaciones con la oposición sobre ningún asunto que no sea para buscar el desacuerdo y la confrontación; nada sobre la reforma del Poder Judicial para garantizar la separación de poderes y, en definitiva, nada de jugar una sola pelota limpia y sin efecto endemoniado que permita un sencillo peloteo en el centro de la cancha en busca de la necesaria y ansiada armonía y estabilidad que garantice a los emprendedores y creadores de empleo la seguridad jurídica imprescindible para sacar a nuestra economía de la ruina absoluta en la que nos encontramos, con una deuda disparatada por encima del 125% y unas cifras de paro nunca vistas desde la posguerra…

Con ese bonito escenario, todavía Sánchez se pregunta por qué no le dejan gobernar tranquilo y acusa a quienes se quejan de que les están retorciendo el brazo mucho más allá del umbral del dolor, de ultrafachas de la muerte, que encima protestan con abucheos e improperios cuando aparece en algún lugar rodeado de una comitiva digna de un sultanato en lugar de recibirle con hosannas y palmas como si fuese Jesús entrando en Jerusalén.

Lo de su señora aposentada en una falsa cátedra sin poseer ni siquiera una licenciatura es el culmen del despilfarro de la mínima honradez y la cúspide de esa permanente arbitrariedad del estilo de los Ceaucescu que asusta a Europa tanto o más que las tramposerías que emplea este Gobierno en cada uno de los documentos que remite a Europa para la tramitación de los fondos previstos.

Sánchez desconoce que el poso moralista del protestantismo centroeuropeo es mucho más estrecho de lo que quisiera su mentalidad corsaria o como de sátrapa oriental y que la mentira y el engaño en esos países se cobra a precio de la dimisión inmediata y con la autodescalificación para seguir sentado a la mesa de quienes reparten cartas.

Puede que en el Mediterráneo aún cotice al alza a veces la triquiñuela de “ser listo” por el mero hecho de salirse con la suya y llevarse el gato al agua, pero en la fría Bruselas y sus alrededores, donde el empecinamiento y la indoblegable moral protestante eternizaron las guerras durante siglos contra los emperadores del orbe católico, no cuela la tramposería, la añagaza y la hipocresía de este aspirante a rey persa que todo lo fía a postularse en el futuro para dirigir algún garito del globalismo etéreo de Soros o de Bill Gates y convertirse, como Zapatero, en una especie de embajador ambulante, pero esta vez del milenarismo catastrofista en sustitución de Al Gore.

La pelea está reñida y tendrá que disputarle el cargo a cara de perro a Greta Thunberg, mientras Begoña pontifica en cada restaurant francés que abandonen el hígado de pato y lo sustituyan por una ensalada de tofu y tomates marroquíes aderezados con gusanos amarillos.

He dicho.




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