Ensoñación antifranquista

Parte del odio feroz que muchos destilan a través de las pancartas y consignas extemporáneas antifranquistas que enarbolan y jalean en sus manifestaciones y revueltas, sea cual fuere el motivo bajo el que se aglomeran, sólo se comprende por el tenaz adoctrinamiento recibido durante años en forma de cuentecillo facilón, falso y maniqueo, pero sumamente eficaz, porque en el fondo somos como niños.Una historieta urdida desde la izquierda, y tragada y asimilada hasta el tuétano por casi todos, que nos explica que el actual sistema político español fue el resultado de un largo combate protagonizado por una heroica militancia izquierdista progresista, que luchó denodadamente contra la represión franquista (pagando con sangre y cárcel sus combates) para alcanzarnos la libertad para todos y todas; pero que durante la Transición fue obligada dolorosamente a ceder en puntos esenciales que ahora, ya más libres de poderes represivos, habría que reivindicar y recuperar.

Pero lo cierto es que, salvo contadísimas excepciones, quienes realmente se enfrentaron contra el franquismo fueron en su gran mayoría comunistas etiqueta roja que, con la mema ayuda de algunos tontos útiles, perseguían imponernos uno de sus liberticidas «paraísos» gobernados por la miseria moral y material. Y que la generalidad de quienes tras la muerte de Franco les faltó tiempo para proclamarse antifranquistas, no sólo vivieron cómodamente en aquella España, sino que pertenecían a familias que gozaban de posiciones bastante privilegiadas respecto al resto. 

Uno de los efectos de esta situación es que -tras décadas de aleccionamiento en fantásticas crónicas doradas de épica antifascista-, la ensoñación antifranquista ha hecho presa en ellos y ha ido generando una caterva de ilusos ignorantes, jóvenes y no tan jóvenes, que calentados por cuatro consignas demagógicas se creen héroes y se lanzan lúdicamente a encender las calles con temeraria frivolidad, entre selfie y selfie, poniendo morritos y con el fondo en llamas. Son los nuevos tontos y tontas útiles que ni se imaginan quiénes mueven sus hilos y a qué nuevo «paraíso» los quieren dirigir.




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