“En la Pila der Pato, mi arma…»

Pila del Pato. Prado de San Sebastián.

Existe de antaño un pato volandero en Sevilla, desde que nació en bronce allá por 1850 y, una vez animado, se posó sobre una fuente de abastecimiento de agua a la población, en el lado sur de la Plaza de San Francisco, primitiva Plaza Mayor de la villa. Ahí permanecería, en el ápice del pilar, observando en sitio preferente el discurrir de comerciantes, carrozas, carros y, como no, el paso de procesiones de Semana Santa, Corpus y otras fiestas más profanas.  Este manantial sustituyó a uno anterior de sobrio estilo renacentista, la Fuente de Mercurio, la primera monumental de la urbe, que se elevó en el mismo lugar en 1576, siendo derribada y reconstruida en 1717 y desmontada a mediados del siglo XIX.  

Por razones de índole viaria, nuestra bella anátida levantó el vuelo en 1872 y realizó un corto trayecto portando el pedestal pétreo que sustenta hasta el centro del recinto. Al poco, nueve años más tarde, el inquieto animal intuiría que ese enclave no era el idóneo, de tal forma que decidió embarcarse en un viaje de más altura, yendo a aterrizar cerca de las columnas de los leones de la Alameda de Hércules. En el bulevar se mantuvo un tiempo considerable, participando de las “velás”, disfrutando del rasgado de guitarras, del arrullo de cantaores y de las mil historias relatadas por toreros en ciernes a novias y admiradores…En 1953, quizás cansado del perfil prostibulario que adquiría el barrio, decidió transportar su pesada carga hasta un espacio más alegre y festivo, en los aledaños del Prado de San Sebastián, frente a la entrada peatonal de la Estación de Autobuses. La vida en su nuevo territorio resultó ser muy agradable, participando de forma activa en la Feria de Abril, hasta el punto de ser protagonista principal de algunas letrillas de sevillanas, como la que canta “El Pali”: “En la Pila der Pato mi arma t´e conocío…, y conté los lunares, mi arma, de tu vestío…”.

Las palmas y las castañuelas se prolongaron hasta 1966, cuando se sometió el volátil personaje a los deseos oficiales de llevarlo en volandas hasta la Plaza de San Leandro, cobijado bajo un mayestático Laurel de Indias y gozando de una vida sosegada acorde a su avanzada edad. Frente a él, en la fachada del Convento del mismo nombre que ennoblece el lugar, se encuentra un recogido retablo cerámico representando a Santa Rita de Casia, “Abogada de los Imposibles”… 

Diversos estudios han elevado la hipótesis de que la Fontana del Pato se compone de una doble fuente superpuesta, con un vástago abalaustrado que soporta una taza inferior con carátulas grotescas de aires románticos decimonónicos y una pequeña taza superior de formas clásicas renacentistas. El ánade apical sirve de ligazón, de cemento y unión de culturas, y con sus vuelos extiende por la ciudad una obra única, amalgama de diferentes orígenes; por tanto, constituiría una estructura de integración que refleja el eclecticismo enriquecedor de la antigua Ishbiliya, lo cual no deberíamos olvidar en aras de un progresismo alocado, destructor y ciego ante nuestro glorioso pasado…

Aquí descansa nuestro alado viajero rogando a la Santa que recuerde su penoso vagar y le permita transitar su último tramo vital en este recoleto, conventual y tranquilo claustro callejero. En realidad, él y yo nos preguntamos si será hacedero. ¡Acudiremos a nuestra  Abogada de lo Posible en tardes ensoñadoras de pasados y de presentes a orar por ello! ¡Amén! 

 

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