Embustes neoclásicos, trolas rococó y fraudes góticos

Les diré una buena razón, una sola, para descartar todo tipo de especulación sobre un posible adelanto electoral de Pedro Sánchez a lo largo de este año o del próximo.

Muy sencillo: resulta impensable o muy dudoso que ahora que se aproxima una lluvia de millones de la UE (que serán muchos menos de los anunciados, porque mirarán con lupa cada proyecto sospechoso y no contribuirá a arreglar nada), Sánchez y los suyos quieran retirarse de una oportunidad de oro para gestionar y ampliar la red clientelar que les sostiene.

Después de un año y medio bajo la férula insistente de una catástrofe que han agravado con la evidencia de su incapacidad, ya ven cerca la hora de ejercer un poco como reyes magos fuera del primer círculo concéntrico de asesorías, prebendas y cargos públicos y ven una ocasión inigualable de lucirse con los brochazos gordos de los créditos y la financiación de una fábrica nueva por aquí o un negocio ecológico por allá, al modo de la Agencia IDEA de la Junta, que a base de promover proyectos de amigotes originó un agujero millonario y un desfalco que ha necesitado más de una década para sentar a sus responsables en el banquillo.

Hubo una vez en Sevilla una banda de músicos callejeros que por su pertinaz entusiasmo e infatigable manera de tocar hasta las claritas del día se dio en llamar “Los Incansables de Torreblanca”, con dos hermanos, los Quero, de Morón de la Frontera, y el inconfundible batería, Pepe Carrasco, bizcocho de Torreblanca, echando en el asador del infinito y variado repertorio sardinas y filetes musicales que acompañaban las madrugadas en toda clase de eventos y reuniones sociales.

A “Los Incansables…” les podías solicitar sin pausa un tema de los Beatles o un bolero, una rumba lo mismo que Paquito Chocolatero, porque improvisaban cualquier estilo con el desparpajo y el énfasis de los que no saben hacer otra cosa y con la misma enjundia que si se estuvieran ganando el primer jornal de sus vidas.

Y ante parecida tesitura se encuentran estos recién llegados a la cosa pública, aprendices de primer curso dentro del aparato del Estado que ponen mucho empeño hasta en meter la pata y parecen estar sentados frente al panel de mandos de un avión y tocan todos los botones como un mono loco, mientras prometen un vuelo plácido y feliz que no logra despegar del suelo.

Lo que importa, según ellos, es la intensidad que le ponen a todo lo que abordan, sin conciencia alguna a veces del estropicio causado. A Yolanda Díaz, por ejemplo, se le va la vida en cada minucia de su propia inconsistencia y es como si perdiera de vista el bosque de los millones y millones de parados a cambio de ocuparse de una más que dudosa legislación sobre los ‘riders’ y los repartidores de pizza, como si se tratara de una profesión a la que alguien pudiera dedicar el resto de su vida y no una manera circunstancial y decorosa con la que salir adelante o ayudarse en los estudios.

Le ocurre parecido a Irene Montero o a Ione Belarra, capaces de atascarse en algunas de sus muchas tropelías, como si de no ocuparse ellas, el mundo fuese a detenerse y dejara de girar mañana. En fin, la pertinacia oblicua y tozuda de cualquier adolescente.

En un campeonato mundial de dirigentes políticos taimados y embusteros, este Gobierno copa el medallero y compiten entre ellos a ver quién logra meter la trola más gorda sin enrojecer de bochorno ni mostrar un temblor de voz por cada gamba putrefacta que nos lanzan.

Sánchez. Ábalos, Calvo o María Jesús Montero son maestros especialistas en mentiras a la intemperie, en embustes neoclásicos, trolas rococó, estafas churriguerescas, timos dóricos, jónicos y corintios, fraudes góticos y hasta engaños Art-Decó y falsedades cuasi renacentistas.

No se turban en el escamoteo, en la trampa ni en la farsa y driblan cualquier obstáculo imprevisto con una nueva trola o con la repetición obvia de sus trapacerías. No hay cama pa’ tanta gente ni dinero para tanto despilfarro y todo acaba en el sainete que ahora se saca de su chistera Iván Redondo con un plan de soluciones para 2050, que si 20 años no es nada, según el tango, ¿diez más a quién le importan?

La cuestión es que los problemas de 2050 los arreglo incluso yo desde aquí sin despeinarme, pero otra cosa diferente es solucionar ahora lo que no tiene solución por muy temprano que te levantes para colocarte al sol los lunes y hasta el domingo mientras intentan justificar el dispendio y el derroche con discursitos sobre la igualdad de género en busca de una nueva subdivisión social que permita olvidar que hasta Josu Ternera se deja detener en Francia para volver a su pueblo a chulear a sus víctimas.
Otegui se escandaliza de las bombas que estallan en Palestina, que es como si Messi o Cristiano Ronaldo se quejaran de que existe el fútbol, mientras Iceta incita a los vascos a que reivindiquen el derecho de autodeterminación por si los suyos pueden recoger luego las nueces y desgajar España en varios pedazos, como si fuese una víctima del atentado de Hipercor en Barcelona.

No, no habrá adelanto electoral, porque Iván Redondo sabe que están en su peor momento y se ha puesto no a diagnosticar cuáles serán los problemas del futuro, sino a inventar las soluciones para lo inexistente. ¡Todo por la pasta!

He dicho.




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