Elogio del churro

Por Javier Hernández García

Son los churros ambrosía, alimento de los dioses, maná de cualquier transeúnte de la esclavitud de Egipto, que no necesita mucho más alimento para pasar el día. La sencilla harina y la sal de la vida revivifica a todo humano y le pone camino de la tierra prometida. Esta España de las gloriosas aportaciones al ser humano, sin las cainitas patentes dejó a la humanidad además del idioma, el Derecho Romano, la Civilización el Churro, y otros grandísimos inventos para la felicidad de los hombres, el botijo que pone el agua fresca en verano, la vernácula siesta, y sólo la mulata la perdimos como último pertrecho de guerra en aquel maravilloso invento de la civilización de nuestros mayores para mayor gloria del ser humano. Que poco valoramos al humilde churro como uno de los mayores inventos de la humanidad que han ayudado tanto y con tan poco al desarrollo de nuestra civilización y a ahormar la convivencia de las naciones. Un chocolate con Churros, tiene mayor eficacia que una reunión del consejo de seguridad de las Naciones Unidas, y es el único momento del día en el que la familia abandona sus cuitas para centrarse en la maravilla del buen vivir. El churro debería reivindicarse como patrimonio inmaterial de la humanidad, porque hasta cuando algo sale mal o “Sale hecho un churro” no ofende si lo decimos, si no que se ofrece la frase como bondad o entendimiento para mejorar. Viva el Churro y las mujeres, vivan las mulatas, el botijo y la siesta y la grandeza del saber popular del pueblo español esencia y nervio de lo mejor y más generoso de la humanidad, que además no tienen patente.




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