Andaluces, como de todos es sabido, ya nos han convocado elecciones autonómicas para que se celebren el día dos de diciembre, con la excusa de que el pacto de gobierno existente entre Susana Díaz y Cs se había roto, razón por la que resulta imposible aprobar los presupuestos de la Comunidad Autónoma para 2019 y en aras a la estabilidad de nuestra región, conviene citarnos a los ciudadanos a las urnas.


Una vez más, quienes ejercen la noble profesión de la política, nos toman el pelo a los ciudadanos contándonos milongas poco creíbles respecto a la realidad de cada día, como si viviéramos en un mundo aparte, en el que parece que no somos conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor y que lo que sucede, es aquello que nos quieren hacer ver, porque realmente responde a sus intereses personales, de partido, pero no a los intereses de los ciudadanos que gobiernan.

Los ciudadanos sabemos que esta legislatura que ha terminado, o mejor dicho, que la han matado para cumplir con sus intereses. Por una parte, evitar cualquier cercanía con el juicio de los ERE, que toca de lleno a personajes vitales de la columna vertebral socialista en la región, que no se ha querido explicar en el parlamento, lugar matriz de la democracia en nuestra Andalucía, además de impedir que se haya abierto una comisión de investigación respecto a los gastos en francachelas y puticlubs de personas relacionadas con la Junta de Andalucía. Mientras que por otra, un partido que apareció en el mundo de la política hace tres años y medio y que prometió regeneración democrática, un cambio sensato y un control de las políticas de gobierno, también se ha sumado al reto del engaño a los ciudadanos, teniendo en cuenta que su apoyo al gobierno de Susana Díaz, no es precisamente el escaparate perfecto para concurrir a unas cuantas elecciones que nos plantea el horizonte, en donde además aspiran a ser la primera fuerza política española.


Lo cierto es que se echan los trastos unos a otros respecto a quien ha tenido la culpa de este adelanto electoral, sabiendo que sabemos que solo han mirado por ellos, tácticamente, por sus intereses y por aquello que les conviene para salir del paso. Porque con el aparato mediático que tienen, creen que cualquier cosa que nos digan, colará por la insistencia y por aburrimiento ante tanto insistir en sus falsos discursos.

Andalucía y los andaluces están mal, debido a como nos han gestionado una vez más quienes nos han gobernado, que ya van para 40 años, nada más y nada menos que cuatro generaciones de ciudadanos que a lo largo del tiempo, si han visto modernizar algo esta gran región, pero con la retahíla de que, desde entonces hasta hoy, nada ha cambiado en los puestos estadísticos nacionales y europeos, al ser de las últimas regiones en desarrollo económico, prosperidad, capacidad de asumir inversiones y otras decenas de  estadísticas que demuestran que la gestión realizada, no ha sido la adecuada para la región con más posibilidades de España y en la que la gestión de sus políticos, la hunde cada vez más en el pozo del infradesarrollo y en ser la región puntera que debe ser, hasta convertirse en esa “California Europa”, que todos queremos, pero que no llega por la incapacidad de quienes nos han gobernado.

Andalucía y los andaluces están mal, porque con la actitud despótica de nuestros gobernantes, vemos como salen casos de corrupción, mala utilización del dinero de todos, y para más INRI. utilización de fondos de empleo, en “juergas y francachelas”, que pasan sin explicación ni investigación ninguna en la casa de todos, porque claro, “ocurrió hace diez años”. ¿Gobernaban entonces los mismos que ahora? Encima tienen la cara dura de decirnos que repudian la situación, pero ¿hacen algo por evitarlo?

Todos los que amamos esta gran tierra estamos mal, porque nos están tomando el pelo y encima quien critica estos años de gobierno o estas actitudes, es cuestionado con el sambenito que lo que hace es insultar a Andalucía, cuando lo que queremos en realidad es una Andalucía próspera, en la que se abran las ventanas, se levanten las alfombras, se lidere un cambio de actitud de la ciudadanía de una resignación lánguida hacia una ilusión por la prosperidad de la tierra propia. Siendo apartados del poder y del gobierno, aquellos que nos han llevado a esta situación con métodos y maneras caciquiles, sin darnos explicaciones, burlándose de nosotros contándonos milongas y lo que es peor, impidiendo que nosotros y nuestra tierra, gocemos de la prosperidad que merecemos por ser un pueblo de una región privilegiada y una ciudadanía con ansias de mejorar sintiéndose orgullosa de su propia tierra.

Es hora ya de reflexionar y tomarse en serio lo que ocurren en esta región, en donde es necesario que se produzca una regeneración democrática, con el gobierno de otras caras, otras ideas y sobre todo, de otras maneras de hacer, decir y demostrar que realmente la política y los políticos, están al servicio de los ciudadanos y no como hasta ahora, en donde un ciudadano contempla al político y a la política como un problema que le causa dolor de cabeza. Da igual que gobiernen naranjitos o gaviotas, populares o liberales progresistas, lo cierto es que Andalucía necesita aire fresco, nueva gente, nueva sabia que le saque del ostracismo al que está sometida y que, si nadie lo remedia, seguirá por los siglos de los siglos. Hagamos con Andalucía y la fuerza del voto, que es el verdadero poder de los ciudadanos, la región que todos queremos, que todos deseamos y que sin duda somos capaces de demostrar que lo es, gracias a la decisión de los ciudadanos. El voto es nuestra fuerza, nuestro poder y hace que el futuro de nuestra tierra, este en nuestras manos.