El yate Vita de Marisú Montero, otro atraco

Es asombroso… Escucho perplejo a Marisú Montero, con su degradada manera de expresarse, cada vez peor, y no salgo de mi estupor.

Resulta ahora que el Gobierno de España no precisa financiarse, dice, porque dispone de los instrumentos necesarios para emitir deuda pública en los mercados y que dichas emisiones se agoten enseguida. Y entonces, ¿qué otra cosa significa financiarse sino endeudarse y endeudarnos hasta las trancas y para varias generaciones?

Es tal el desparpajo de esta ciudadana, tan grandiosa su desvergüenza, que hace apenas un mes escupía en el Congreso (yo diría que al Congreso de los Diputados) que el gobierno no aumentaría los impuestos y menos aún lo haría a la clase media.

Basta conocer el despegue que sufrirá el IVA de múltiples productos para saber que la clase media va a ser abusada por todos sus orificios hasta dejarle temblando los bolsillos, además de las pensiones y los sueldos de los funcionarios. Y sólo en lo que llevamos de coronavirus, la deuda del Estado se ha incrementado en más de la mitad de lo que aspira a recibir en ayudas de la UE.

El PP, señala esta cara de cemento con pronunciación de poligonera, habla de confiscación del superávit de ayuntamientos y diputaciones (sólo de la Diputación de Sevilla son 400 millones y sólo del Ayuntamiento de Dos Hermanas son 51 millones), cuando en realidad quizá debiera hablarse de un atraco a las arcas municipales.

Este robo de los fondos municipales recuerda demasiado al atraco perpetrado por el último gobierno de la República con aquel siniestro organismo que se denominó Caja General de Reparaciones y en el que se habían depositado todas las joyas personales incautadas a los ciudadanos y de los montepíos de España, además de fondos del Banco de España, colecciones de monedas de valor incalculable y tesoros de múltiples iglesias y hasta de la Catedral de Toledo.

Todo ello fue saqueado por el muy golfo y muy ladrón presidente de la República y procomunista Juan Negrín, y a éste se lo robó el no menos golfo (y cobarde) ex ministro de Hacienda Indalecio Prieto, sacándolo de España hacia el puerto de Veracruz (México) en el yate Vita.

El alzamiento del 18 de julio de 1936 le había ‘pillado’ a Prieto de gira latinoamericana… Es un decir, claro, porque inició su periplo en febrero de ese año, tras el fraude electoral, y ya no volvió nunca, quizá temeroso de lo que se avecinaba gracias en buena medida a su deplorable concurso en los acontecimientos.

Aquellos tesoros se los fundió literalmente Prieto a lo largo del resto de su infame vida en casinos y prostíbulos de lujo mientras Negrín le amenazaba sin éxito por haberle saqueado su tesoro particular: quien roba al ladrón…, pensaría Indalecio.

Más sangrante aún resulta escuchar a Marisú, esta ladina embustera, relatar que con dicho atraco lo que se pretende es “que los ayuntamientos puedan gastar ese superávit que permita mejorar la prestación en materia de agenda urbana, movilidad sostenible y lucha contra el cambio climático” (sic)…, como si esa relación de estupideces tuviese algún significado o fuese objeto de interés de ayuntamiento alguno en la situación en la que nos encontramos. Y además, ¿cómo gastarán los ayuntamientos lo que Marisú les saquea de sus ahorros por la vía de la confiscación infame? Del paro mejor no hablamos, porque todo se le va en esa charcutería carente de significado que habla de transiciones ecológicas y modelos sostenibles sin que nadie sepa a lo que se refieren.

Escuchar a Marisú es como si se cayera de golpe toda la cacharrería de una cocina al mismo tiempo y simboliza la humareda continua de ese tubo de escape que es cualquiera de sus discursos, sin elipsis ni elusiones, porque le requiere pronunciar cada concepto por vacuo e inoperante que resulte.

Cada vez que habla la Montero engulles un pan seco que te comes desde un rabo del bollo hasta el otro, sin ponerle nada dentro, ni siquiera una rodaja de mortadela o de sustancia que alivie el trago.

Su palabrería es insana porque sabes que está mintiendo por sistema y le trae completamente al fresco lo que ella mienta porque el volumen de su trola resulta indigerible y a estas alturas es ya completamente inabordable.

Las dimensiones del latrocinio no tienen aún un cálculo posible, porque tendrán que restar ingresos y sumar gastos de financiación para luego multiplicarlo todo por unos índices de ineficacia previsibles y una forma inútil de tirar el dinero en sandeces que arruinarán a España, desde la memoria democrática (así llamada), de la que ya se ocupan los desenterradores de Franco, a las vainadas de la VioPet o la acogida de inmigrantes ilegales a los que se les promete desde Europa una vida regalada.

Ahora parece que a la invasión por mar se le piensa unir la invasión por aire, no sólo por la vía de las gotículas flotantes del virus chino, sino porque el moro realiza impunemente maniobras con sus cazas sobre el cielo de Sevilla sin que la OTAN ni la base de Rota muevan un dedo para impedirlo.
La “marcha verde” no fue un movimiento ecologista, pero fue suficiente para que nos robaran por las bravas y por una bajada de calzones buena parte de nuestro territorio aprovechando la coyuntura de la incertidumbre creada tras la muerte de Franco.

Volverán las oscuras golondrinas… y nos pondrán el alféizar de Ceuta y Melilla hecho unos zorros. Al tiempo.

He dicho.




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