El valor de la verdad

De un tiempo a esta parte estamos asistiendo a un escenario donde la verdad parece haber perdido fuerza como valor moral. Existen multitud de ejemplos donde la “postverdad” y las “fake news” se han vuelto algo usual que no nos escandalizan (en el sentido etimológico de  scandâlum, obstáculo para hacer caer) ni tampoco nos  sorprenden.

No recuerdo en mis años de vida una etapa histórica en la que se haya mentido tanto desde el poder, tan reiteradamente, con tanta desfachatez y convicción. Un ejemplo: el presidente del gobierno, Sánchez, sólo se fía de las estadísticas que él mismo ha manipulado, o lo que es lo mismo, le gusta engañarse jugando al solitario, encastillado en una contabilidad ficticia que mantiene el balance letal del coronavirus por debajo de las treinta mil víctimas. El gabinete de propaganda presidencial ha decidido instalarse en la lógica del Humpty de “Alicia en el país de las maravillas”: no hay otra realidad que la que proclaman sus consignas.

Es la pura y simple costumbre de mentir, el apego al engaño como práctica rutinaria lo que motiva este empeño en aferrase a datos maquillados,  comparaciones autocomplacientes y a estimaciones falsas.

El papa Francisco ya apuntó que “la serpiente del Génesis fue el artífice la primera fake news”. ¿Cómo progresar en la verdad? Como apunta el profesor Álvaro Pereira, hay cuatro actitudes que nos ayudan a progresar en la escuela de la verdad: Fidelidad, ser fiel a una palabra, cumplir lo prometido; espíritu crítico, pues hemos de ejercitarnos en las miles de informaciones que recibimos a diario, con sacrificios y renuncias; la humildad, pues la verdad no se arroja, sino que se busca conjuntamente, y, finalmente, una apertura expectante, aguardándola a cada instante, como un espejo roto, en el que cada fragmento refleja una imagen distinta.

Yo añadiría una actitud más: la valentía para buscar, decir y seguir la verdad con todas sus consecuencias, si bien no todo depende de nuestro esfuerzo, pues a veces es la verdad la que sale a nuestro encuentro.

En el momento que está viviendo la Humanidad, es capital asumir la verdad como elemento trascendental para educar. Defender la verdad, proponerla y mostrarla en la vida diaria es una responsabilidad de todo educador, pues libera a los jóvenes y despierta en ellos la atracción por un valor seguro que los hará más libres.




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

3 Comments

  1. Enrique Fernández dice:

    Un excelente artículo, Alberto. Pero faltar a la verdad no es diferente ahora que en etapas anteriores de nuestra joven democracia. Nos hemos acostumbrado a ello y son responsable de ello todos los actores desde dentro del hemiciclo como los ciudadanos de a pié por permitir la “sodomización” de la verdad por parte de ellos.

  2. José Antonio dice:

    Sin duda el valor de la verdad no ha dejado de ser apreciado desde tiempo inmemorial.
    Escrito está: “La verdad os hará libres”
    También recitó el cantautor: “Nunca es triste la verdad, lo que no tienes es remedio”.
    Incluso en alguna película, el juramento caballeresco la exalta en grado sumo: “Decir siempre la verdad, aunque te le conduzca a la muerte “.
    Precisamente esa apreciación del valor de la verdad es debido a que siempre ha existido el poder de la mentira, la manipulación y la tergiversación, probablemente desde que el ser humano es capaz de comunicarse.
    En toda guerra la primera víctima es la verdad. En política, la verdad suele estorbar y en las peores expresiones de aquella (dictaduras, totalitarismos…) la verdad simplemente desaparece, se destruye, se obvia.
    Pero es cierto lo que dices que nunca desde el poder se había alcanzado tal grado de impunidad y de cinismo a la hora de manipular la verdad.
    A nuestros actuales dirigentes simplemente les da igual las consecuencias de sus actos y mentiras y eso es porque saben que no hay tales consecuencias. Nadie hace nada realmente. Es cierto que hay muchos medios de comunicación que denuncian las falsedades del poder, pero, y qué más? Donde está la sociedad civil haciéndose notar, más allá de la exhibición de banderas y consignas en internet ¿??? No se alza la voz para denunciar la manipulación de cualquier verdad hasta retorcerla a gusto de la clase política. ¿Por qué?
    Yo creo que, a la postre, los políticos que padecemos no dejan de ser un reflejo de la sociedad en que vivimos. No todo somos como los políticos pero sí hay una gran parte de ciudadanos anestesiados, aborregados, convertidos en analfabetos por un sistema alienante que en vez premiar el esfuerzo, el sacrificio o la capacidad de trabajo, da por sentado que el individuo se merece cualquier recompensa por el simple hecho de existir.
    Entonces es fácil difundir bulos, trolas, y convencer para que te voten con cuatro soflamas simplistas y luego a nadie le importe si mientes o no.
    Por supuesto, la solución está en educar, empezando desde cero. Como dijo Pérez-Reverte, la única salvación está en los maestros.

  3. Rafael Cruz dice:

    Muy buen artículo. Buena falta hace que se propicie un clima de verdad entre todos. Y esto suma su grano de arena.
    Como Enrique, creo que siempre ha habido la misma mentira en las instituciones políticas. La diferencia con otras épocas es que hoy día existe Internet al alcance de la mano, y el que quiera, en un segundo puede contrastar la información.
    Aunque por desgracia esta facilidad de información es para bien y para mal.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *