El soldado Iñaki ataca de nuevo

Justo dos semanas después de que se decretase el primer estado de alarma. En el primer artículo que publiqué para ustedes en SevillaInfo, titulado “La farsa feroz: todo acabó” , decía:

“Se acabó. El telón está en el suelo y, al caer, ellos han salido huyendo y han retirado los rastros de la conjura para que nada conste. Sólo lo que vieron tus ojos, lo que creíste creer. Nos han dejado solos, confinados sin remedio y con cara de idiotas. Pero, créanlo, ya no hay nada que hacer, salvo esperar a que se produzca el colapso tal vez de algunos centros, que aumente el número de muertos mientras, poco a poco, algún día, volveremos a la normalidad y seguirás escuchando las cantinelas de que “nos cogió por sorpresa a todos”, “nadie pudo evaluar el alcance”, “a Italia y a otros también les pasó”, “el 8-M no tuvo importancia en la crisis”, etc. El relato, sólo les interesa el relato…”

Dos días más tarde, el 28 de marzo, hablé de una vieja técnica que aplicaron los nazis y predije que era lo que veríamos a partir de entonces. Bajo el título “Nadie es culpable”  intenté explicar en qué consistía:

“Se trata de expandir la culpa a todos los rincones, cuantos más mejor. Dividirla, trocearla, distribuirla por cielo, mar y tierra, generalizarla hasta la banalización y afectar a todos hasta diluirla como un azucarillo. De hecho, ya lo estáis contemplando, lo tenéis ante vuestros ojos… Mil ruedas de prensa, pero no sólo una voz cantante. Hay voces principales que guían el discurso, sí (Simón, Oliver, Illa… y a veces Sánchez para dar impulso a la corriente), pero luego cada día nuevas voces: ministras y ministros que nada pintan (Pons, Iglesias, Oliver, mandos del Ejército y la Guardia Civil, directores generales, y así todo)… Es el abrazo del vampiro y todos, en distinto grado, quedan contaminados en ese mordisco de la culpa general…”

Y añadía:
“Pero hay más reparto de mierda y más disoluciones. Por ejemplo ese discurso unívoco que relata que “todos los países la han cagado y nadie lo vio”, o sea, otra vez la culpa repartida, diluida entre muchos; en realidad, entre todos, porque este es el objetivo primordial. También se aprecia cuando tratan de echarle balones a la periferia de los responsables autonómicos: a los consejeros y presidentes de cada Comunidad, todos en la culpa de alguna forma, aunque el decreto del estado de alarma sabemos que les deja apenas con escasas competencias y sometidos a la única autoridad central. Con el nazismo había funcionado divinamente la técnica de esparcir la mierda. Todos los alemanes estuvieron implicados por acción u omisión…, ¿me siguen?”, explicaba.

Y cerraba así:
“¿Y cuál es la consecuencia de semejante ardid? Muy sencillo: “Si todos somos culpables… ¡nadie lo es!”. Y nadie lo es, porque lo somos todos. ¡¡Puro Joseph Goebbels!!…”

Creo que no me equivoqué en nada o casi nada, pero no porque tuviera una bola de cristal, sino porque todo eso estaba escrito en el guión. En un guión tan viejo como el mundo, el mismo manual que manejaron siempre los tiranos modernos de una punta a otra de los continentes.

Lo que describí y llevamos vivido era la crónica de una tiranía anunciada que aún no ha logrado finiquitar la función, sólo retardada porque en el contexto actual de Europa no les resulta tan fácil como ocurrió en otros tiempos y en otras latitudes asesinar a la democracia por la vía de los hechos.

Pero están en ello y si la caprichosa casualidad no lo remedia, todo se andará, porque hoy por hoy no tengo ni la menor duda de que, ante el peor de los escenarios (o uno de los peores), los caudillos que tenemos al frente del gobierno no dudarían, llegado el caso, en propiciar unas condiciones que favorecieran una confrontación de falsa bandera y que por su mente pudiera cruzar incluso la ignominiosa idea de trastocar unos eventuales resultados electorales como ya hacen con las encuestas con descaro.

Vamos a peor, yo creo, y la verdadera grave situación aún no ha comenzado. Cualquier paso en falso puede provocar un terremoto y por el momento siguen atravesando puentes en un equilibrio cada vez más inestable y un roce o un traspiés puede acabar con todos en el fondo del precipicio.

Están alimentando a un monstruo que sitúa a sus rivales políticos, sin ser cierto, en un extremo de la cuerda y continúan poniendo caras de no haber roto nunca un plato cuando tienen toda la cacharrería esparcida por el suelo en mil pedazos y a la vez persisten en echar más leña inútil a una caldera que está cerca de que explote: con una economía desfondada y un paro desbordado, leyes absurdas cuando no perversas, ineficaces salvo para alimentar la mala leche, intencionadamente ideologizadas, despilfarradoras y excluyentes.

Esto es lo que da de sí el gobierno, pero se acerca la hora de que la mecha alcance la santabárbara corrupta que se esconde detrás de todos los fuegos de artificio y disimulos: autopsias que no se hicieron, triajes que se aplicaron a destajo, compras de material falso y abusivo a prendas sospechosos y amigotes, hilos judiciales que van guardando un rastro inevitable con casi 90 querellas criminales admitidas a trámite y pendientes de instrucción…

Así se entiende que PSOE y Podemos estén tan ansiosos por renovar los órganos que controlan el poder judicial y han tenido que mandar por delante al viejo lobo Iñaki Gabilondo, blandiendo la estaca del viejo vampiro Javier Pérez Royo,  para denunciar que ni el PP ni C’s son constitucionalistas ya que no facilitan dicha renovación.

La amenaza velada en boca de Gabilondo no es otra que, dado que el PP se obceca en la negativa a facilitar la renovación del CGPJ, del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional (lo que supone, sostienen ellos, un incumplimiento grave de la Constitución), Sánchez y su gobierno podrían desligarse a su vez de cumplir con la misma y sabotear lo que les parezca oportuno. Esto y no otra cosa es lo que esconden sus amenazas, aunque el mecanismo está previsto con la prórroga en sus cargos de los actuales titulares.

“¡Tensión, necesitamos subir más la tensión!”, le capturó un micrófono desleal a Zapatero cuando le daba instrucciones a Gabilondo. Y en ello están otra vez. El soldado Iñaki ataca de nuevo.

He dicho.




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