El segundo tocomocho y el Chapo vestido para un bautizo

Sume usted tasas, impuestos (directos e indirectos) seguros, contribuciones (manda narices el nombrecito que aún le damos al sablazo), además de multas, recargos y fianzas…

Cuando haya hecho la suma comprenderá mejor lo que sostiene la errejonada y toda su parentela podemita, que consiste en que nos convirtamos en esclavos de un cortijo cuyos capataces son elegidos cada cuatro años para repartir a su gusto entre la clientela que les vote. Y no hay más.

Según la lógica capada y a pensión completa de este personal, lo que importa no es el esfuerzo ni el talento y ni siquiera la felicidad o realización personal, sino que se ponga usted contento apenas con saber que este año contribuye más que nadie al reparto que ellos harán entre toda clase de ocurrencias y fanatismos personales con la única intención de alimentar el sacrificio al temible dios de sus propias utopías personales.

No me extraña nada que Javier Solana, aquel inefable Mr. PESC que permitió que en los Balcanes se asesinaran durante diez años mientras él silbaba al techo, se acordara el otro día de que en las sociedades incas habría podido nacer la Seguridad Social. Se olvidó decir que para lograrlo habrían ido echando al fuego o aplastándole la cabeza a todo aquel que se opusiera al fanatismo personal del Inca y de sus sacerdotes.

La diferencia, dijo alguien, entre un impuesto y una multa es que una multa es un impuesto por hacer las cosas mal y un impuesto es una multa que te ponen por hacer las cosas bien. Y ese es el único margen de decisión que este chavismo españolizado te permite, porque la única intención, en definitiva, es que todo lo que ganes les pertenezca a ellos y hemos rebasado con creces los seis meses de cada año trabajando para las arcas públicas.

Por eso Iglesias señalaba hace unos días que es injusto que alguien que ha logrado acumular más, por ejemplo Ana Botín, pague el mismo IVA por un boli que un asalariado, de manera que si le cobras 500 o 1.000 veces el valor del boli, quizá conseguirás acabar hasta con el remanente del que más tiene hasta esquilmar los monederos… para Monedero. Una prueba irrefutable de que el verdadero objetivo es atracarnos y hacernos a todos igual de pobres.

A todos menos a ellos mismos, claro, porque Iglesias se apresuró a cambiar las normas internas del partido que limitaban el salario máximo de sus cargos públicos. Lo curioso es saber ahora que no sólo acabó con dicha limitación, sino que, curiosamente, impuso en su jerarquía que quienes más cobraban (él mismo) aportasen menos al partido, invirtiendo por completo la lógica constitucional y que reclaman constantemente de progresividad fiscal.

Puede verse, por tanto, fácilmente, que lo que buscan y procuran es el robo progresivo hasta dejar exhaustos los bolsillos y meterlo todo en el cofre del tesoro que, cuando menos te lo esperes, acabará en Caracas como antes acabó en Moscú o en el yate Vita del golpista Indalecio Prieto, el cual se corrió las grandes juergas de casinos y prostíbulos (los mismos que ahora pretenden cerrar para disgusto de ciertas tramas del socialismo andaluz y para pena del suegro de Sánchez) con las joyas y el dinero saqueado a los españoles. Quien roba a un ladrón…

Es que ya ni siquiera disimulan y ayer mismo el Congreso de los Diputados les tumbó el Real Decreto Ley con el que pretendían usurpar el superavit de los vecinos de cada municipio, de igual modo que durante la II República arrasaron, vía la inventada Caja de Reparaciones, los fondos del Banco de España, de museos e iglesias y todas las alhajas de los montepíos donde el pueblo llano guardaba la última línea de su sustento. El atraco fue feroz, aquella vez bajo la excusa de que el dinero se destinaría a paliar las dificultades de unos cuantos miles de exiliados que encontraron cobijo en México durante la Guerra Civil.

Pero ya metidos en harina lo contamos todo, porque el muy cínico Indalecio, que se encontraba en aquel país desde varios meses antes del inicio de la Guerra Civil (le pilló de gira desde Chile mientras los españoles se masacraban entre sí), nunca más volvió, pero fue avisado de la llegada de un yate deportivo llamado Vita al puerto de Veracruz cargado de tesoros y fletado por orden del último presidente de aquella república siniestra, Juan Negrín.
El muy sedicioso doctor se desgañitó por cartas escupiendo insultos e improperios contra el golpista desde Nueva York, reclamándole al vasco-siciliano que le entregara el contenido de dicho barco, producto del latrocinio, porque lo consideraba su botín.

Qué gran papel hubiesen jugado en los muelles de Manhattan junto a los sindicatos de Al Capone, como si se tratasen de Lucky Luciano y Salvatore Maranzano peleando por hacerse con el poder de los clanes de Castellamare.

Quiere todo esto decir, por resumirlo mucho, que tienen todos los antecedentes en regla, con sus certificados de penales ahítos de desvergüenza. Y ya sería el colmo y mucha guasa que, una vez mediando una guerra y ahora usando como excusa una pandemia, nos diesen el mismo tocomocho por segunda vez.

A Iglesias le brilla ya el colmillo como a Meyer Lansky las cachas de nácar con diamantes incrustados de su revólver y luce camisas rojas y corbatas negras (o viceversa) como el Chapo Guzmán vestido para un bautizo.

He dicho.




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