El sanchicomunismo y “les gallines”

La primera vez que Irene Montero oyó hablar a los del 15-M de los peligros de ser casta, ideó un plan: se zumbaría al jefe, a ser posible con hijos, para dejar pruebas de que había exorcizado ese riesgo. Se acabó la castidad.

Ahora vive en un casoplón, con muchachas a su servicio y guardias civiles en una garita, pisa moqueta ministerial, luce estilo sin mascarilla, como Rita Maestre, y se dopa con PCR cuando le sale del papo. ¿Pasa algo? Porque yo lo valgo, que para eso ya no soy casta… y a las pruebas de los churumbeles me remito o si lo prefieren me someto al pañuelo de la virginidad gitana, tan heteropatriarcal, pero tan identitario que mejor no mencionarlo.

El zurdismo deconstruido y posmoderno (o sea, el sanchicomunismo), que no atiende al significado de las palabras y enuncia argumentos como de oídas y sin venir a cuento, tiene estas cosas.

Si mencionas que Portugal ha saltado con la pértiga de la prevención y la eficacia la pandemia, a los zurdos les falta tiempo para salir a subrayar que allí la oposición se puso del lado del Gobierno, como si no entendieran que si la oposición se puso de su parte fue porque el Gobierno escuchó a la oposición y los resultados estaban siendo justos y razonables y no al contrario.

Es decir, que si un día hace calor es porque sale el sol y no a la inversa, porque ponerse a tiritar no impide que el sol amanezca ni logra rebajar la temperatura ambiente. Y no, ministra Ribera, nada de ello guarda relación alguna con que el sol salga por el Este y Portugal quede más al Oeste.

Pero en los silogismos de la zurda, ya se sabe, cabe cualquier cosa, incluso que es la carreta la que empuja a los bueyes. ¿Acaso no ve un facha que los bueyes van delante y la carreta detrás? Pues no hay duda: la carreta empuja a los bueyes, que si no…

La zurda de las nuevas anormalidades es una experiencia francamente (con perdón) alucinante que se permite re-enunciar el mundo, la Ciencia, las religiones, las banderas, los principios y valores, la lógica de Platón y de Aristóteles, la rueda y el fuego, los códigos legales, la economía, las pandemias, la libertad de expresión… y hasta los accidentes de tráfico.

Es que si no, dirán ustedes, no sería la zurda. Y aciertan, claro.

Sí, señores, porque hay accidentes de tráfico enooooormes de los que ustedes ni se enteran. Si semejante barrabasada la hubiese dicho Donald Trump, las cancillerías del mundo estarían echando humo alrededor de la CNN, la CBS y el NYT y las redes inundadas de memes y chascarrillos sobre la necesidad de un magnicidio que salve al planeta de ese simio albino.

A Reagan, los zurdos lo demonizaron con sus chanzas y una crueldad inusitada durante todo su mandato como cowboy analfabeto con ganas de apretar el botón rojo (mis recuerdos al sectario Peridis).

El resultado, en cambio, fue que puso fin a la carrera de misiles y acabó con la URSS y con la guerra fría sin mover un tanque. Hasta hoy es considerado el tercer mejor presidente de la Historia de los EE.UU. No obtuvo el Premio Nobel de la Paz, que es sólo cosa reservada a pre-presidentes de color zurdo.

Porque, si no lo sabían, lo zurdo es también un color. Y un sexo (cuanto más extravagante mejor). Y una sinrazón. Y un sofisma. Y un cambio climático. Y un insulto a la inteligencia… Y lo que a ellos les dé la gana, porque ser zurdo, o progre, consiste no en lo que digas, sino en quién lo diga; a partir de ahí, puedes enunciar lo que te salga de la breva y que coja forma.

Por ejemplo, si el subcomandante escupe por la comisura que hay que hacerse pasar por demócrata y recibir los apoyos de Irán y Venezuela para explotar las contradicciones del capitalismo y hacerse con los tanques hasta que las empresas del Ibex-35 tengan miedo, nada hay de atentatorio en ello. Pero si Abascal reclama el pin parental, no hay duda de que estamos ante una muestra clara del fascismo que le habita dentro a la caverna.

Si el sanchicomunismo, que es el disfraz que sucedió al eurocomunismo post-paracuellista de Carrillo, coloca al frente de la comisión de reconstrucción de la economía al “pastelero” de la ETA, un tipo con el bachillerato terminado, y al representante del narcoterrorismo de las FARC, nada debe hacernos pensar que nos están venezualizando. Pretender, en cambio, que Espinosa de los Monteros hable en una comisión parlamentaria es un claro gesto de hostilidad de ese nazismo insurgente que se extiende por Europa y hasta el Indostán.

“Hay que rehumanizar la sociedad”, exclama la vicepresidente del sudario, ahora que su gobierno nos ha despojado de 42.000 ‘humanidades’ en dos meses, con parecido misticismo al de la chica de ‘les gallines’ que creaba reservorios como paraísos para lagartijas y conejos sin importarle desatar una epidemia de mixomatosis que arrase la camada entera de la fenicia Ispanya.

Tanto esfuerzo y tanto empeño zurdo por la transición ecológica y por salvar al planeta, pasa (no lo ocultan, aunque lo niegan de palabra) por dejar atrás a buena parte de la población y encumbrar a les gallines, a les conejes, a les gates, a les hueves, a les vaques y a les perres… Y a los virus, claro está, que también son cosas de la Naturaleza misma, tan expansiva como la idiotez que nos inunda con esta generación pijoflauta de comunistas pichaflojas que compra doctorados y se pasea por la Universidad.

He dicho.




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