El recuerdo de Lopera

A pesar de que nunca he sido aficionado al fútbol, sí lo soy a sus aspectos empresariales en aras de analizar la gestión de las personas que lo dirigen en calidad de presidente, y en vista de que el Betis hoy se encuentra por primera vez desde Ruiz de Lopera en territorio Champions, creo que es menester analizar con perspectiva histórica lo que su figura supuso para el equipo que presidió. 

De no ser por Lopera, el Betis hubiera desparecido, ya que cuando él aterrizó en la entidad no tenían dinero ni para pagar los desplazamientos y mucho menos contaban con el capital necesario para afrontar la conversión en Sociedad Anónima Deportiva y evitar el temido descenso a Segunda B, aunque in extremis hizo el desembolso de 700 millones de pesetas que necesitaban. No obstante, a día de hoy ese logro se ha visto rebajado al conocerse que no había pagado la mitad de las acciones por las que se hizo con el control del Betis en 1992, siendo realmente propietario de manera ilegal. Aquel desembolso hizo que lo grabasen para así presentarse ante la opinión pública como el salvador del Betis. 

Durante su presidencia, se consiguieron hitos inéditos como el que entonces fue el fichaje más caro del fútbol mundial, Denilson, por treinta millones de euros, un fichaje que le arrebató ni más ni menos que al Real Madrid, a lo que se suma que, por primera vez en su Historia, el equipo verdiblanco jugó la Champions, por lo que llevó a su equipo a sus cotas más altas, unas metas que no han vuelto a alcanzarse hasta casi dos décadas después. 

Durante la primera etapa de Lopera, el Betis tenía un prestigio nunca antes visto, pues el mejor Betis que se recuerda en décadas fue bajo su presidencia, con Assunçao, Joaquín y Oliveira, quedando doce temporadas por encima por Sevilla, jugando cuatro temporadas en la Champions y en dos temporadas, el Betis jugaba en primera mientras el Sevilla lo hacía en segunda, invirtiéndose la tendencia habitual por la cual el Sevilla había tendido a estar por encima en términos deportivos. A todo ello se suma que el Betis ganó una Copa del Rey en 2005. 

Con estas credenciales, se puede señalar que Lopera ha sido el mejor presidente de la Historia del Betis, con dos etapas claramente diferenciadas: una primera muy buena en la que todos le alababan y una segunda mala en la que pedían su cabeza, ya que el equipo abandonó la senda de los éxitos deportivos, con una mala planificación deportiva y una baja calidad de los fichajes, incumpliendo muchas de sus megalómanas promesas, una deriva que culminó con el descenso del Betis a Segunda División en 2009, lo que generó una reacción multitudinaria en contra de la afición que le obligó a deprenderse de sus acciones. 

En el plano personal, Lopera es un narcisista con un ego enfermizo y un afán desmedido de protagonismo que en el centenario del club puso un busto con su imagen, ya que él no es realmente bético sino loperista, lo que explica que ningunease a los futbolistas históricos, que podrían haber potenciado la marca del club, actuando como embajadores del mismo, una actitud que contrasta con la de Florentino Pérez, que en una decisión muy celebrada nombró a Alfredo Di Stéfano presidente de honor del equipo, pero el narcicismo de Lopera llegó a niveles tan estratosféricos que le puso su nombre al estadio en 1997. 

En línea con lo anterior, Lopera se caracterizó por ser un personaje muy autoritario que se cargaba a todos los que le hacían sombra, incluso a los mejores entrenadores, algo que se ilustra en la lamentable escena que protagonizó cuando Serra Ferrer logró el hito de convertir al Betis en el primer equipo andaluz en jugar la Champions (algo que no ha conseguido el Sevilla, que a lo máximo que ha llegado es a jugar la UEFA), y cuando todos esperaban que le felicitase, le dijo textualmente: “Me dijiste que el padre de Joaquín y un primo viajarían en avión y no lo han hecho. ¿Quién paga esos billetes?”, a pesar de que el título había hecho que el equipo ganase millones. 

El otrora presidente del club tuvo un estilo personal muy acentuado, con un populismo teatrero y de bajo nivel intelectual (de hecho, él mismo reconoce no haber leído nunca un libro) que buscaba insuflar un sentimentalismo irracional por medio de frases sin sentido en las que todos eran del Betis, aunque algunas frases han quedado grabadas a fuego en la memoria de los béticos, del estilo “Si me tienen que matar, que me maten por el Betis” o “Prefiero comerme un bollo debajo de un puente antes de defraudar la confianza de mi familia, que son ustedes los béticos”. 

Lopera ha tendido a hacer gala de sus profundas convicciones religiosas, aunque su modo de proceder no es el propio de un católico coherente, ya que él mismo decía que llevaba siempre consigo una imagen del Gran Poder para que el Betis marcase y otra de la Macarena para que no le metieran gol, lo que denota a alguien más supersticioso que religioso propiamente dicho, ya que su coherencia en la fe queda manifiestamente en entredicho cuando ha estado marcado por las sombras de corrupción, acusado durante años de robarle al Betis por el que dijo que “daría la vida” y de desviar dinero de las arcas del club a sus sociedades particulares, aunque a diferencia de Del Nido consiguió salir indemne de los cargos, lo que hizo que su imagen pública no se viese tan afectada de haber sucedido lo contrario, pues al igual que Jesús Gil era muy listo aunque no fuera inteligente, reconociendo los cargos de apropiación indebida y evitando la cárcel al entregar como compensación sus acciones, ya que dejó al Betis con una deuda de 100 millones de euros y en concurso de acreedores. 

Lopera y Del Nido, tenían estilos personales análogos, y como dicen los castizos, Del Nido es “como Lopera pero con estudios”, aunque el caso que llevó al que fuera presidente del Sevilla a prisión era mucho más grave que el de Lopera, ya que el segundo fue acusado, y absuelto, por robo a su equipo y el primero a todos los españoles, a lo que se suma la propia reacción de sus clubes, pues Lopera fue denunciado por plataformas de béticos y Del Nido cuando fue condenado en sentencia firme fue defendido por el sevillismo, que incluso organizó recogidas de firmas para pedir su indulto. 

A pesar de los éxitos del pasado, se marchó por la puerta de atrás, pese a lo cual no desfalleció en su intento de volver a hacerse con el control del Betis, sirviéndose de modo maniobrero de los ultras de los Supporters Sur para desgastar a la siguiente directiva. Prominentes luces y sombras en el plano deportivo de una figura que constituye toda una época en la historia del club verdiblanco, con partidarios como detractores acérrimos, pero desde luego, ninguno indiferente. 




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