El “recordman” Pedro Sánchez contamina cuanto toca

Tenemos los españoles el privilegio de contar con un presidente del Gobierno que bate todos los récords posibles en la política y en la ética. Todos los políticos mienten, pero pocos hay como Pedro Sánchez que, no solo mienta a diario por imperativo categórico -aunque lo maquille diciendo que se trata de cambios de opinión y sea más voluble que un anemómetro en un ciclón de las Bermudas-, sino que ha hecho de la mentira la piedra angular de su política. Y lo hace con tal desenfado, que no tiene escrúpulo en decir una cosa y la contraria en un breve espacio de tiempo. Muestra de ello ha sido la afirmación en su último discurso de investidura de que era necesario levantar un muro contra las actitudes reaccionarias y retrógradas de la ultraderecha, y su negativa -tan solo unos días después en TVE- de que hubiera dicho semejante cosa, que lo del muro era una invención del PP y que no por repetir muchas veces la misma mentira, acabe por convertirse en una verdad. Santiago González ha comentado con  sorna que, si te engañan una vez, la culpa es del engañador, si lo hacen dos, la culpa es tuya y, si lo hacen más veces, la culpa es del PP. Las palabras de Sánchez pueden ser fácilmente comprobadas ya que se encuentran registradas en las actas del Congreso, salvo que su fementida presidenta las haya borrado. Circula un video que recoge sus mil y una mentiras, pero su palabra está por encima de hemerotecas y videotecas. Como diría Groucho Sánchez, “¿a quién vais a creer, a mi palabra o a vuestro oídos?”.

Descripción del personaje Pedro Sánchez

Sánchez es un personaje fácilmente descriptible por la desmesura de su proceder y su desfachatez, que provoca la admiración de sus fieles e incluso de sus detractores. Así, Arturo Pérez Reverte ha señalado que “es muy bueno en lo suyo”, pues nadie tiene su descaro y su cinismo. Se trata de un aventurero sin letras que aplica su instinto asesino para lograr el éxito político, alguien capaz de convertir a sus rivales en comparsas incapaces de aguantarle el pulso. Según Manuel Arias Maldonado, el hombre es el estilo y Sánchez representa el triunfo del estilo sobre la sustancia. No cree en nada salvo en sí mismo. La clave está no tanto en la falta de escrúpulos de alguien que defenestra a sus compañeros de viaje o firma libros que no he escrito, sino en el conflicto entre su estilo político y los valores de la democracia constitucional. Quizás no sea tan difícil ganar hundiendo las pensiones sin tasa, repartiendo de manera opaca los fondos europeos, eludiendo el control parlamentario, mintiendo sin recato a los ciudadanos, o colonizando las instituciones, pero “lo meritorio sería hacer una política exitosa y ganar elecciones persiguiendo el interés general bajo las condiciones que impone el marco constitucional”.

A diferencia del coronel de García Márquez, Sánchez sí tiene quien le escribiera y cuenta con valiosos “negros” y “negras” que -aparte de escribirle su tesis doctoral- le han redactado sus libros “Manual de resistencia” y “Tierra firme”.  La antigua diputada de UPyD, Irene Lozano, puso su ágil pluma al servicio del amado líder, quién -en justa retribución a su dispnibilidad- la nombró Secretaría de Estado de la España Global, puesto en el que, por cierto, desempeñó una encomiable labor para contrarrestar las campañas falaces del independentismo catalán y explicar al mundo cómo, desde un Gobierno autonómico, se un había dado un golpe de Estado posmoderno. El problema ahora es que las circunstancias han cambiado desde el 23-J y el brillante argumentarío desarrollado por Lozano se ha convertido en políticamente incorrecto, por lo que ha sido borrado de la web del Ministerio de Asuntos Exteriores. No sabemos si, desde la Casa Árabe, su reincidente presidenta tendrá que cubrir con ceniza su cabeza y retractarse por su imprudencia para no enojar al amigo invisible de Waterloo ¡Que no está el horno para boyes! En su nueva autobiografía -en la que no menciona ni una sola vez el nombre de Puigdemont-, Sánchez se ha autodefinido como “un político con convicciones”, aunque su única convicción sea la de mantenerse en el poder a cualquier precio. Ha afirmado que no ha habido ningún presidente de Gobierno que no hubiera modificado sus posiciones políticas al llegar al poder, porque unas veces cambiaba la coyuntura y otras había que hacerla cambiar. En el presente caso, el cambio obedece, sin duda a la imperiosa necesidad  de siete votos.

Una magnífica forma de describir la galanura de Sánchez para destruir a España y salvar su pellejo político, nos ha sido facilitada en” El Debate” por Antonio Naranjo, con un cierto sentido de humor negro. Sánchez siempre ha logrado el poder por métodos legales, pero comenzó su andadura política con una tara de origen  que -lejos de compensar con un ejercicio extra de probidad- ha aumentado con un despliegue pavoroso de indecencia y una ausencia insólita de los principios y valores presentes hasta en un humilde cefalópodo. En la cadena trófica que es la política, el renovado presidente es una mezcla de hiena y buitre, que aguarda su momento para lanzarse sobre la carroña, sin otro objetivo más allá del estrictamente alimentario. A pesar de las múltiples ocasiones en que ha mostrado su naturaleza, el sistema no ha encontrado el tratamiento oportuno para combatirlo, quizás porque a la gente civilizada y a los sistemas democráticos les cueste acostumbrarse a especies como ésta. La custodia de la democracia como un bien común exige la asunción de unos  límites infranqueables, por elevada que sea la tentación de rebasarlos para obtener un beneficio. Se ha lucrado con la educación ajena, convirtiendo la mesura de sus rivales en un trampolín para su ausencia de fronteras morales. Algún día había que aprender de todo esto y quizás haya llegado el momento. A Sánchez se le ha perdonado su tesis plagiada, su suicida gestión de la pandemia, su intromisión caciquil en cada rincón del Estado, su ruinoso populismo económico, su extravagante elección del verano para acudir a las urnas, y su decisión de colocar a dos peones en Correos y en Indra, entidades claves en el recuento electoral.  Llegados a este punto, deberíamos haber aprendido la dura lección y a proceder en consecuencia, pero nunca es tarde si la dicha es buena. Hay que desechar el pesimismo y -desde la política y la sociedad civil- actuar con vigor y contundencia democrática, porque o se incorpora a la pelea una ciudadanía que se ha ido manifestando masivamente, o al final del partido serán los buenos los que terminen en una celda, en un juzgado o en un frenopático. Sánchez no toma  rehenes y sus rivales se han comportado hasta ahora como hermanitas de la caridad ingenuas ante semejante monstruo. “Ni un paso atrás y -a ser posible- dos más adelante” (“La única manera de acabar con Pedro Sánchez”).

En tan solo unos días al frente de un nuevo Gobierno basado en la mentira y la confrontación mediante la construcción de un muro que impida la alternancia en el poder  y negándole a la derecha no nacionalista el pan y la sal, los ciudadanos debemos demostrar nuestro desacuerdo por higiene democrática. Dado que Sánchez perpetra sus excesos en horario laboral, mientras que para el resto de los españoles es un esfuerzo añadido a los peajes cotidianos necesarios para sobrevivir, Naranjo estima que deberíamos encontrar la manera de integrar nuestra protesta en la jornada ordinaria y, para expresar nuestro desacuerdo sin excesivos costes personales, ha hecho -medio en serio y medio en broma- las siguientes sugerencias: 1) Al igual que los aficionados catalanes asistentes a un partido en el Camp Nou vocean el lema de in-de-pen-den-cia al llegar al minuto 17.14, gritar en los distintos estadios de España “Constitución” o “Fuera Sánchez” al cumplirse el minuto 78; 2) mostrar en las ventanas y los balcones de  las casas la bandera nacional y prender en las solapas un lacito rojigualda; 3) participar cada 15 días en distintas ciudades de España en pacíficas manifestaciones de protesta con la familia, sin tirar un papel al suelo; 4) aplaudir y hacer caceroladas cada día a una determinada hora; 5) firmar manifiestos contra la amnistía y remitírselos a las instituciones europeas. Deberíamos hacer lo que podamos en cuanto ciudadanos que confían en el TS, el Senado, los restos del TC, el Poder Judicial, las Comunidades Autónomas y los medios de comunicación democráticos; en definitiva, en la sociedad civil. “Cantemos en el Bernabéu y en las Gaunas en el 78, pues no hay nada más demoledor para un dirigente capcioso que ver a todo un pueblo, en pie de paz y en voz  alta, defendiendo su libertad sin perder sus códigos de conducta”  (“Cinco maneras de protestar contra Sánchez y hacerle la vida imposible”). 

Aunque Sánchez sea obviamente el principal responsable del presente estropicio, no podría llevarlo a cabo sin la incondicional colaboración de sus acólitos, los Bolaños, Yolandas, Calviños, Robles, Marlascas, Monteros, Puentes, Armengoles,  Pachís, Cerdanes, Pumpidos, Ortices…y “tutti quanti”. A Bolaños en especial le ha encargado recubrir sus abusos de una falsa apariencia de legalidad, como si el día pudiera convertirse en noche por Real-decreto y al margen de las evidencias. Sánchez es presidente gracias a un golpista prófugo que recibe a sus mensajeros -como capo calabrés- en su guarida de Waterloo o en Ginebra, a donde acuden sus “bolaños” a prostituirse gratis y pagan encima al proxeneta un estipendio inasumible para España, pero imprescindible para darle el anillo del poder. Sánchez es la imagen de la banalidad del mal en un político que sacrifica a su propio país para cubrir sus ambiciosos sueños, pero también la de los ”bolaños”. Ya han señalado con el dedo a once millones de españoles que no le votaron y a los que presenta como violentos insurgentes (“Felix ‘Apaños’, la banalidad del mal”).

Records de Pedro Sánchez

Sánchez es el “recordman” mundial de desaciertos políticos y muestra de ello es el cúmulo de desaires que ha recibido en un solo día: 1) Anulación por decisión unánime del TS del nombramiento de Magdalena Valerio, ex-ministra de Trabajo, como presidenta del Consejo de Estado; por no ser una jurista de reconocido prestigio; 2)  declaración del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) de la inidoneidad de Álvaro 

García Ortiz como fiscal general del Estado, al haber sido condenado por el TS por desviación de poder. Unos días después de esta sentencia, el Gobierno lo ha confirmado en el cargo pese a haber dado sobradas pruebas de falta de idoneidad y de parcialidad en sus nombramientos, rayana con la prevaricación. Ascendió en dos ocasiones a su mentora, Dolores Delgado -que no tenía los méritos suficientes- sin contar con el preceptivo informe del Consejo Fiscal. Prueba de su sectarismo es de que de los 17 ascensos que ha concedido a fiscales,14 de ellos eran miembros la Unión Progresista de Fiscales, pese a ser minoritaria en la carrera -7.4%-. Se ha negado a amparar a los fiscales del TS y al magistrado García Castellón frente a los ataques de los separatistas, y ha sido el único dirigente judicial que no ha condenado el “warfare”; 3) resolución del Tribunal de Cuentas que desvelaba irregularidades en la tramitación de contratos en la Fundación Internacional  y para Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas – que preside Calviño- e instaba al Gobierno a que mejorara los sistemas y procedimientos de gestión y control interno de dicha Fundación; 4) decisión del Gobierno de Israel de llamar a consultas a su embajadora en Madrid, a causa de las reiteradas declaraciones hostiles de Sánchez por sus acciones contra Hamas en Gaza,  realizadas en Jerusalén, Rafah y Madrid por partida doble -una de ellas en TVE-; 5) crítica del ministro de Asuntos Exteriores italiano, Antonio Tajani, en respuesta a las dirigidas por Sánchez contra Giorgia Meloni por presidir un Gobierno de ultraderecha. El ex-presidente del Parlamento Europeo le echó en cara que formara Gobierno con la extrema izquierda comunista y el apoyo de los independentistas, y que -a diferencia de Italia- no respetara el Estado de Derecho; 6) advertencia del presidente de Repsol, Antonio Brufau, de llevar Francia o a Portugal las previstas inversiones de unos 1.500 millones de euros en hidrógeno renovable, en  busca de una estabilidad jurídica y fiscal que ha dejado de existir en España tras el pacto entre el PSOE y Sumar para mantener el impuesto extra ordinario las empresas energéticas; 7) viaje de Bolaños a Bruselas para tratar de justificar ante el comisario de Justicia de la Comisión Europea, Didier Reynders, la compatibilidad de la proposición de Ley de Amnistía con el Derecho comunitario, pese a mantener que se trataba de un asunto doméstico en el que la Unión no debería entrometerse. Todo esto ha coincidido con la tardía ejecución -cuatro meses-de la sentencia  del TS que anuló el ascenso a fiscal de Sala del coordinador de Menores, Eduardo Esteban. Ocho desautorizaciones de una tacada, que prueban la arrogancia y prepotencia de Sánchez, y su incuria para desgobernar su cortijo. 

También ha batido el récord mundial de retirada de embajadores, ya que -en un breve espacio de tiempo- ha conseguido que lo hagan Marruecos, Argelia e Israel. Asimismo ha insultado a los presidentes de Argentina y de Israel y a la primera ministra de Italia. Como ha observado Alfonso Guerra, se puede criticar a un país, pero ir a la casa de los israelíes para escupirles en la cara…“¿Estamos locos o qué? ¿Es que queremos hoy estar en guerra con todo el mundo?” Pero se ve tan feliz al ministro de Asuntos Exteriores como si todo lo hubieran hecho bien. En efecto, Albares ha afirmado que España es líder en el discurso internacional y ha asumido un papel de liderazgo.

¿Celebración del 45° aniversario de la Constitución de 1978?

Ayer se celebró el 45° aniversario de una Constitución, que ha facilitado el más largo período de paz y prosperidad en la Historia de España  -la media de la vigencia de las otras Constituciones españolas ha sido de 6 años-. Uno de sus parteros, Miquel Roca, se preguntó si podíamos sonreír por un día. Lamentablemente, hay pocos motivos para ello, pues los aliados del Gobierno de Sánchez -que se han ausentado de la celebración- han expresado su intención de derogarla, y -en el ínterin- no aplican sus disposiciones. Pese a la afirmación mendaz de Sánchez de que él y su Gobierno siempre cumplen la Constitución, incumple a diario su letra y -sobre todo- su espíritu. No cumple la Constitución quien negocia con un prófugo para que le preste los 7 votos de su partido a cambio de la impunidad, mercadea en Bélgica o en Suiza con el partido del fugitivo la concesión de un pacto fiscal privilegiado y la celebración de un referéndum de autodeterminación bajo el arbitraje de un oscuro diplomático salvadoreño experto en guerrilla latinoamericana, propone conceder una amnistía que exculpe a los autores de un golpe de Estado y a los catalanes que hayan participado en acciones terroristas -en contra del principio de igualdad ante la ley-,  y establece un muro para que no gobierne la derecha, aunque gane las elecciones. Como ha observado Joaquín Manso, el último grito de degradación democrática ha tenido lugar cuando se consumó el sometimiento voluntario del Gobierno de España a la fiscalización extraparlamentaria por parte de un extranjero en sus negociaciones con el prófugo Puigdemont, y -según Guerra- que la gobernación de España tenga lugar en Suiza entre un delincuente y un representante del PSOE, vigilados por un árbitro extranjero que decida cómo se debe gobernar sí nuestro país, es un escándalo y, por ahí vamos camino del Caribe.

Control del Poder Judicial

Sánchez ha ido ocupando con sus peones todos los resortes del poder y solo le falta domeñar al Poder Judicial y, dentro de éste, al CGPJ y al TS, y la mejor manera de conseguir el dominio de éste es a través del control de aquél. Si el presidente lograra la mayoría en el seno del Consejo, se podrían cubrir las vacantes de la cúpula judicial con magistrados “adictos al régimen” , como ha hecho Ortiz en la Fiscalía. El Gobierno ha afirmado reiteradamente que el CGPJ está fuera de la ley, tras 5 años sin ser renovado, por culpa de un PP que viola la Constitución. Puede que en esto haya algo de cierto, pero tanta o más culpa tiene el PSOE, que se ha negado a atender las recomendaciones del Consejo de Europa y de la UE de que los vocales judiciales sean elegidos por los jueces, y mantenido el actual sistema de designación, que facilita la politización del Consejo y el intercambio de cromos entre los dos partidos. El Gobierno ha despojado al CGPJ  de su competencia de hacer nombramientos, salvo cuando necesitó su concurso para nombrar a los magistrados del TC a propuesta suya, cuándo le devolvió la competencia para ello por unas horas. Ha intentado rebajar la mayoría requerida los nombramientos, pero -al topar con el rechazo de la Unión- tuvo que recular. La Comisión Europea ha insistido en la urgencia de renovar el CGPJ y de cambiar el modelo de elección, pero los partidos interesados solo se quedan con la parte de la recomendación que les beneficia. El tri-ministro Bolaños ha afirmado qué hará  cuanto esté en su mano con el fin de renovar el Consejo y -para demostrar su talante negociador- uno de los miembros del Gobierno, Sumar, se ha querellado contra el Consejo por prevaricación. El PP ha presentado en el Congreso una proposición de ley que permita, de manera simultánea, la renovación del Consejo y la modificación de la LOPJ para volver al sistema de elección establecido por esta Ley en 1981, pero el Gobierno se ha opuesto. En cuanto a la hipócrita rasgadura de togas, la no cobertura de las vacantes podría realizarse si el Gobierno le devolviera al CGPJ su competencia.  

Letra chica del Acuerdo entre el PSOE y el PNV

Para obtener los votos necesarios para su investidura, Sánchez ha ido haciendo concesiones a diestra nacionalista y a siniestra populista, disparando con pólvora del Rey. Así, para ganar el único voto del BNG, ha reconocido a Galicia como nación. Aunque las principales concesiones hayan sido hechas al independentismo catalán, también las ha hecho al PNV, aunque haya pasado desapercibido para la opinión pública un inadmisible acuerdo, que al menos no se ha ocultado, a diferencia del concertado en la oscuridad con Bildu, para que éste le conceda desinteresadamente sus votos.

Según el profesor Juan Pemán, las principales irregularidades del Acuerdo son: 1) Bilateralidad: Se creará una Comisión Bilateral Permanente, copresidida por los presidentes del Gobierno y el de la Comunidad Vasca, que se reunirá cada 6 meses para tratar en exclusiva de las relaciones entre los dos Gobiernos, al margen de las demás Comunidades; 2) Foralidad; Todos los proyectos de ley que afecten a las competencias de la Comunidad Vasca -¿y cuales no le afectan?- deberán contar con una cláusula foral, que se acordará previamente con el PNV, quien tendrá capacidad para decidir el alcance de la aplicación de  las leyes nacionales en el País Vasco; 3) Decretos-leyes: Su convalidación por el Congreso deberá ser pactada con anterioridad con el PNV; 4) Blindaje de la Ley Electoral: La Ley solo me modificará en casos de” extraordinaria necesidad”, y deberá hacerse de acuerdo con el partido; 5) Modificación de leyes: Se modificarán el Estatuto de los Trabajadores, la Ley de Puertos, y la Ley de Régimen Local; 6) Participación del Gobierno vasco en las negociaciones internacionales y presencia de sus instituciones en la UE y en las Organizaciones Internacionales. El Acuerdo consagra un injustificado  “status” privilegiado, no ya a un Gobierno autónomo, sino  a un partido, lo que resulta inaceptable para todos los demás.

Conclusiones

He descrito con detalle lo que el famoso programa de TVE “Un, dos, tres” denominaba “parte negativa”, que corresponde al Gobierno, pero ¿qué hay de la “parte positiva”, que corresponde a la oposición? Como partido más votado y líder de la oposición, el PP a hecho algunas cosas bien para luchar contra la deriva autocrática de Sánchez y otras no tan bien. Su principal asignatura pendiente es la de acordar una entente con Vox para provocar un cambio democrático del Gobierno. 

Feijóo debería ser consciente de que es harto improbable que el PP obtenga en solitario una mayoría absoluta y de que solo llegará al Gobierno si consigue  unificar a toda la derecha. Por mucho que le escueza el acoso de Vox, ha sido lamentable el acuerdo que ha alcanzado con el PSOE para el reparto de las presidencias de las Comisiones del Congreso, por el que, de las 23 existentes, solo 4 ellas han sido adjudicadas al PP, mientras que 11 corresponderán al PSOE, 5 a Sumar, 2 a ERC y una  al PNV, y el tercer partido de la Cámara se ha quedado sin ninguna. Por otra parte, no le bastará con denunciar las innumerables tropelías de un Gobierno Frankenstein, sino que tendrá que ofrecer una alternativa esperanzadora, un programa razonable que permita hacer frente a los ingentes desafíos que asuelan a España. Tiene un poder descomunal en el Senado, en el Congreso y en doce Comunidades -además de Ceuta y Melilla-, y cuenta con el hartazgo de la mayoría del pueblo frente a las arbitrariedades sin límites del conducátor Sánchez, y ha de saber aprovecharlo. Según una encuesta de 40dB para “El País”, 85% de los españoles estiman que el objeto de la amnistía es que Sánchez conserve el poder, y solo el 30% cree la falacia de que sea para mejorar la convivencia en Cataluña. Un 60% -incluido un 58.2% de los votantes del PSOE- considera que la amnistía es injusta y supone un privilegio. El PP debe aprovechar su mayoría en el Senado para solicitar a los órganos consultivos los informes sobre la amnistía que el Congreso les ha negado y nombrar al sustituto de Montoya en el TC.

Según Javier Rupérez, la Constitución es de todos los españoles -fue aprobada por el 87,5% de ellos- y sigue siéndolo 45 años después, por lo que merece su prolongación para garantizar lo que ha conseguido: el respeto a un país de ciudadanos libres e iguales. Para Javier Redondo, la preciada herencia que nos han dejado nuestros mayores debe obligarnos a una rotunda reivindicación para impedir que incurramos en la  desmoralización y evitar que asumamos que la Constitución se muestra impotente para frenar la deriva iliberal de un iluminado ahíto de poder. Su espíritu resiste porque “a la sociedad española le une todavía mucho más de lo que la separa”. La Constitución de 1812 fue aprobada el 19 de marzo y el ingenio gaditano la bautizó como “La Pepa”. Si la de 1978 fue adoptada el día de San Nicolás, gritemos -como hicieron nuestros antepasados en la “Tacita de plata”- ¡Viva la Nicolasa! 




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