El parto de los montes Pirineos

Inés Arrimadas sale de cuentas en una semana y a Nadia Calviño y a la chiqui-ministra no les salen las cuentas.

La doctora Merkel y la UE tendrán que practicarle a los presupuestos de España una cesárea, pero Sánchez se empeña en parir en casa, de puertas para adentro, y luego endilgarle la factura del paritorio, del anestesista y hasta del bautizo a Europa.

A Bruselas le da la risa floja con las pretensiones de los progenitores A y B, Sánchez e Iglesias. España en manos de estos dos aventureros es el parto de los montes Pirineos. Pero dan a luz un ratón. O una rata. De Bildu.

No hay respiradores, ni incubadoras, ni canastillas suficientes en la UE para prestar la asistencia que necesita España y esto amenaza con acabar en disparate por grave riesgo para la salud de la madre. También en la economía rige una ley de plazos y a España se le acaba el tiempo para reactivar su economía.

Sánchez e Iglesias, con la excusa de un virus, nos han metido a todos en la UVI, que diría Lopera, y estaremos pronto en la morgue y luego convertidos en cenizas, mientras Fernando Simón e Illa siguen relatando muertos cada día, contados con los dedos, por la cuenta de la vieja, a través de un plasma.

Los que sobran, o no les cuadran, los barren debajo de una alfombra… de la Moncloa, el lugar al que se trasladó a vivir el ministro de las pandemias cuando se decretó el estado de alarma para asumir el Mando Único.

Se supone que ahora Illa y Begoña comparten tostadas cada mañana y desayunan juntos, muy temprano, en la ‘cocina’ de Tezanos, donde comentan las nuevas masculinidades de Simón, que dimitió de la Ciencia por la trazada de una curva peligrosa como las del circuito de Montecarlo y por favorecer una manifa de sectarias del 8-M; o sea, Simón, que el violador eres tú.

Fernando Simón es la voz cascada del No-Do de esta pandemia, mientras el matrimonio Ceaucescu se ocupa de los gatos y los canarios de las que llaman al 016 y distribuyen millones entre los chiringuitos del núcleo irradiador de Errejón y entre los quintacolumnistas zurdos que reparten estopa en las caceroladas.

El subcomandante comunista blinda el chaletazo de Galapagar (la calle es suya) con seis patrullas de la Guardia Civil, a la vez que moviliza a su “guardia mora” de menas magrebíes en las manifestaciones de Moratalaz o de Alcorcón para amedrentar y sembrar de pánico cada protesta.

Sánchez sigue empeñado en ser el niño en el bautizo, pero España y los españoles están poniendo los muertos en este entierro deplorable y negligente que amenaza con atascar los tribunales civiles y penales de una Justicia que cuando revise la sentencia de Chaves, de Griñán o de Zarrías por los ERE, los condenados en primera instancia estarán con Alzheimer.

Arrimadas se presta, con una insensatez de pre-mamá, a ser la comadrona, sin percibir que su apoyo alumbrará un fiambre y que la factura conduce a C’s directamente al cementerio. Estaría, tal vez, de caprichos hormonales, pero una parturienta ensimismada no reúne requisitos para sostener el timón de España.

Como la paloma de Rafael Alberti, se equivocó George Orwell, se equivocaba… Lo que estaba por venir no eran 1984 y su distopía imaginada, sino 1934 (¡otra vez!), un viaje que revisita el pasado, un déjà vu de crímenes y agresiones callejeras socialcomunistas antes de las checas, con un ministro del Interior torticero, que adora las ocultaciones y disimulos de los armarios, induciendo a la barbarie.

Los discursos de Iglesias en el Parlamento son el pistolón de Indalecio Prieto en la tribuna del Congreso o la admonición de La Pasionaria a Calvo-Sotelo. Echenique es como Largo-Caballero en el tronkomóvil de Los Picapiedra Pedro y Pablo, pero con frenillo y sin muchos aspavientos.

A Marisú Montero, que pega melenazos con sus rizos de guardarropía y luce encajes de colores imposibles, no le queda otra que ponerse en el papel de sheriff de Nottingham y esquilmar a impuestos a la plebe, no a los ricos, porque los ricos son ellos, mientras Robin Hood arrecia en sus caceroladas vespertinas

Me parece que Pablo Casado no imposta en nada su prudencia y sus reiterados ofrecimientos al Estado (no al Gobierno), igual que Moreno Bonilla, cuya moderación y paciencia merecen no se sabe bien si un encendido aplauso o una catea. Tal vez aciertan porque piensen que detrás de las soflamas sólo está el abismo.

Pero a Santiago Abascal no le sirven las excusas del miedo a lo desconocido y le planta cara al desafío destemplado de una izquierda atrabiliaria e irredenta que amenaza y les insulta, porque se mueven en la triquiñuela falaz e irresponsable y en el engaño permanente y sin prejuicios de un embustero prodigioso como Sánchez, capaz de mentir “lo que haga falta, cuando haga falta y donde haga falta”.

El PSOE de Sánchez no es en estos momentos un partido, sino un gang (“una banda”, Rivera dixit) y ayer Sánchez quiso asesinar por segunda vez a Miguel Ángel Blanco, pero luego (quizás una llamada a medianoche de la Merkel y de los empresarios) salió corriendo para practicarle el boca a boca…

Vamos tarde, porque el miserable ha vuelto a dar la medida de su carencia total de escrúpulos para la infamia y la ignominia.

He dicho.

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