El partido de los pobres…

Decía Vizcaíno Casas (el autor de derechas más leído de la Transición) que “un descamisado es un socialista que se quita la camisa de seda ante la proximidad de la elección”, algo que decía en respuesta a un demagogo profesional como Alfonso Guerra, que presentaba al PSOE como “el partido de los pobres y los descamisados”, una afirmación que a pocos debe extrañar viniendo del autor de frases ontológicas como “el que se mueva no sale en la foto”, que ilustra lo alto que cotizan las lealtades personales en los partidos, del mismo modo que “Rumasa, tó p´al pueblo”, cuando el holding fue privatizado y vendido a precio de saldo entre los amigos del poder, y cómo olvidar su célebre “Montesquieu ha muerto”, que abrió la veda de la politización de la Justicia. 

La hipocresía de una izquierda que dice amar tanto a los pobres que los multiplica como los panes y los peces allí donde gobierna se pone de manifiesto en socialistas de élite como Felipe González, que pese a ir con la etiqueta de socialista por el mundo y rechazar por cuestión de imagen un título nobiliario a manos del Rey no le impide tener una mansión en Marrakech junto a la del rey de Marruecos o ser asesor de Carlos Slim (el segundo hombre más rico del mundo), algo que también se hace visible en el caso de Zapatero, que una vez que dejó el gobierno no se mudó precisamente a un barrio obrero sino al elitista barrio de Somosaguas, con una exclusiva vivienda ubicada entre la de Emilio Botín y el hijo de Ruiz-Mateos. No obstante, es mucho más lo que se puede decir sobre los comunistas de la hoz y el Martini, esa colección de hipócritas de Podemos y de la Izquierda Unida posterior a Anguita que arremeten contra el capitalismo y hacen bandera de la desigualdad cuando se abonan a los gustos más burgueses porque verdaderamente no quieren acabar con el capitalismo sino limitarlo a los suyos y aplicar el socialismo para el resto, una mala copia del modelo chino. 

Esta tendencia se evidencia en esa reedición del Frente Popular de 1936 que es el gobierno de Sánchez, y son muchos los ejemplos que se pueden citar pero comenzaré por una medida de gran impacto que ha pasado muy desapercibida como es la propuesta del PSOE de eliminar el dinero físico, una medida a la que todo liberal debe oponerse al conferirle al Estado atribuciones propias de un régimen totalitario, ya que el gobierno, las plataformas de pago, los bancos y los negocios en los que se compre tendrán toda la información sobre su cliente: su sexo, su estado de salud, sus hábitos de consumo, su poder adquisitivo y su perfil político y psicológico, información que un gobierno podría utilizar contra un líder de la oposición que se vuelva especialmente incómodo. 

Las consecuencias económicas de esta fórmula harían estragos entre amplias capas de la población, en concreto, sobre aquellos que viven en zonas rurales en las que no hay cajeros ni tienen tarjetas, los pensionistas que carecen de conocimientos de informática, las personas en riesgo de exclusión social (que no pueden afrontar el pago de las altas comisiones por tener una cuenta bancaria) y los pequeños comercios, cuya economía se basa en el dinero en efectivo. No obstante, dicha propuesta fue afortunadamente rechazada por PP, Ciudadanos, VOX y JxCat, a lo que se suma que fue desautorizada por la propia Unión Europea al ir contra la propia existencia del euro. 

Otro ejemplo que ilustra lo anterior es el voto en contra de PSOE y Podemos a la propuesta de Ciudadanos de bajar el IVA a las mascarillas, que a pesar de haber sido decretadas como obligatorias, parece ser que para socialistas y comunistas debe ser un artículo para “ricos”, alegando que la Unión Europea no permitía bajarlo cuando el agravio con países de nuestro entorno era más que notable: en Italia, donde gobierna en coalición el Movimiento Cinco Estrellas y el Partido Democrático (una coalición análoga a la del PSOE y Podemos) están exentas de IVA, del mismo modo que en Francia y Portugal (este último, un gobierno socialista en coalición con los comunistas) lo ha bajado, pero en España, la izquierda nos dice que bajar el IVA no abarata el producto, como si el impuesto no repercutiera en el precio final que tiene que pagar el consumidor. 

El Ejecutivo de Sánchez se basó en un reglamento comunitario suspendido por las circunstancias, mostrando sus verdaderas razones para oponerse a una propuesta que aliviaría a las familias ante un gasto extra: una recaudación de 1500 millones de euros a la que no querían renunciar para no reducir el gasto mientras que en plena pandemia han aumentado en un millón de euros el presupuesto del CIS, encargado de manipular las encuestas para inducir el voto por encargo del gobierno, del mismo modo que han duplicado el gasto en asesores, con un desembolso extra de nueve millones de euros y en el colmo de la inmoralidad, han planteado subir el sueldo de los diputados en unas circunstancias en la que buena parte de los ERTES siguen sin cobrarse y se han subido las cotizaciones sociales de los autónomos. Afortunadamente, dicha medida no prosperó por la oposición de PP, Ciudadanos y VOX. 

No debe olvidarse que la cuestión del IVA de las mascarillas concluyó dejando en evidencia al gobierno, que fue desmentido por la propia Comisión Europea, que seis meses antes de que lo bajasen de manera efectiva ya había autorizado a los estados miembros, por lo que el gobierno hizo caja con una recaudación extra a costa de engaños para luego limitar la medida, que se aplicaría únicamente sobre las mascarillas quirúrgicas y no sobre las FFP2, las más seguras del mercado. 

Uno de los casos más sangrantes ha sido la desvergüenza salarial vivida en la Diputación de Sevilla, donde el PSOE ha impulsado con el apoyo de Ciudadanos y la oposición de PP, VOX y Podemos una subida del 50 % del sueldo de los altos cargos por el “sobreesfuerzo” realizado en la primera ola del coronavirus, cuando es evidente que el mayor esfuerzo ha recaído sobre los médicos, que lo único que se llevan es un aplauso del público que el gobierno de Sánchez utiliza para mirar hacia otro lado mientras mantiene el gobierno con más ministros de la democracia con un total de 22 frente a los 15 de Rajoy (que fue el Ejecutivo más reducido al suprimir dos ministerios), pues obedece a un reparto de cromos entre PSOE, IU y Podemos para hallar acomodo a sus dirigentes y colmar sus ambiciones personales. 

En Andalucía se ha incrementado el sueldo de los médicos en un 20 %, y si bien es cierto que fue propuesto por el PSOE y contó con el apoyo de Podemos no es menos cierto que para que prosperase fue decisivo el voto de VOX ante la oposición de PP y Ciudadanos, siendo especialmente sangrante el caso el partido de Arrimadas, que vota a favor de subir el sueldo de los altos cargos socialistas pero en contra de hacer lo propio con los profesionales sanitarios, lo cual se torna grave en un partido que se presenta como regenerador. ¿Esta era la nueva política? Si era esto, no es más que un engaño que toma lo peor de las viejas prácticas del bipartidismo. 

En el caso del PP supone dejar en entredicho una vez más su credibilidad como partido, ya que entra en evidente contradicción con el discurso de Casado, que propugna subir el salario de los médicos a nivel nacional, pero la oposición de Moreno en Andalucía se ha basado en argumentos débiles para encubrir su oposición en la práctica a aquello que predica en la teoría, alegando que la propuesta del PSOE no ha sido consensuada cuando ni siquiera se tomaron la molestia de presentar una propuesta alternativa. Se trata del mismo PP que en Andalucía propone que se ponga un monumento en cada provincia a los médicos, lo cual constituye una burla en toda regla, ya que no les paga lo que les corresponde atendiendo al riesgo y el esfuerzo que han asumido, pues si tanto valoran su labor, ¿por qué la supeditan al consenso y a cuestiones menores?

Dicho lo anterior, cabe decir que por mucho que en Andalucía la propuesta haya venido de la mano del PSOE, no lo han llevado a cabo en ninguna comunidad en la que gobiernan, de modo que en las pocas comunidades donde se ha llevado a cabo son gobernadas por el PP, siendo el caso de Castilla y León, donde suman mayoría absoluta con Ciudadanos y han materializado una subida que oscila entre los 200 y los 1200 euros, aunque a diferencia de estos dos partidos, el único que ha mantenido la misma postura en todas las Administraciones donde esta cuestión se ha sometido a votación ha sido VOX. 

Otro ejemplo de clara hipocresía de la izquierda que gobierna España se refiere al recibo de la luz, ya que para las terminales mediáticas de los social-comunistas, cuando la luz subía un 10 % era culpa de Rajoy al estar en el gobierno, pero cuando gobierna Sánchez y lo hace en un 27 %, la luz simplemente sube y el gobierno está exento de toda responsabilidad. 

Decía Marx que la historia siempre se repite: la primera como tragedia y la segunda como farsa. En este caso, se vuelven a repetir las mentiras que esgrimieron sobre el IVA de las mascarillas y nos venden que el gobierno está atado de pies y manos al no poder hacer nada al respecto para desviar las culpas sobre las odiadas eléctricas cuando más de la mitad del recibo de la luz son impuestos que no responden al consumo real del contribuyente, del mismo modo que el precio se fija unilateralmente en subasta pública  y soporta un IVA del 21 y no del 4 % cuando se trata de un producto de primera necesidad, algo que va contra toda lógica. 

El mismo Pablo Iglesias que en 2017 exigía a Rajoy bajar el IVA de la electricidad nos dice ahora por boca de Echenique que si se baja el IVA se recaudará menos. No les importó mucho cuando entraron en el gobierno y bajaron el mal llamado IVA cultural (¿o acaso es cultura una película de Torrente?), pero la diferencia estriba en que no les importa que se “recaude menos” cuando es en beneficio de un lobby que apoya a la izquierda e insulta constantemente a media España que es de derechas o al menos no comparte las tesis de la izquierda oficial. 

Podemos deja de lado la pobreza energética, una de las principales banderas que esgrimieron en la oposición, ya que la utilizaron como instrumento para ascender al gobierno, del mismo modo que hizo el PP con las víctimas del terrorismo y el PSOE con los pensionistas, utilizándolos como una escalera para sentarse en su anhelado sillón, y una vez en él le dan una patada a la escalera, y si según los comunistas, la culpa era de Rajoy, ahora es de Bruselas, pero nunca de ellos pese a ocupar el gobierno. 

Nos dicen que bajar el IVA no va en línea con la Unión Europea, cuando está un 2 % por encima de la media cuando España tiene la cuarta electricidad más cara de Europa, lo que nos hace perder competitividad como país, lo cual contrasta con nuestro vecino Portugal, donde un gobierno socialista más decente que el español ha mostrado el camino al bajar el IVA a la luz del 23 al 6 %, del mismo modo que en Italia es del 10 % y en el Reino Unidos es del 5 %, presentando el precio más bajo la Hungría del tan demonizado Orban, ya que una Directiva comunitaria de 2006 lo permite y si el gobierno alega de manera falsaria la ilegalidad de dicha medida, no tiene más que plantear una consulta ante el Comité sobre el IVA de la Unión Europea, pero si no hacen lo propio es porque saben que la respuesta no irá en el sentido que ellos quieren. 

La última medida contra el sector más vulnerable de la sociedad como son los pensionistas es la inédita bajada de las pensiones, de un 6 %, que ya está sobre la mesa de Sánchez. Si bien es cierto que a Rajoy se le reprochaba que subiera las pensiones sólo un 0.25 %, claramente por debajo del IPC, con el PP siempre aumentaron y nunca se redujeron, ya que en este país de memoria tan frágil muy pocos recordarán que Zapatero las congeló en 2010 con una inflación del 3 % y después de subir el IVA. 

A pesar de todos los motivos que existen para la indignación en uno de los pocos países que no ha bajado, sino que ha subido los impuestos en plena pandemia sobre los ya empobrecidos negocios, podemos estar tranquilos, ya que muchos se están preparando para incendiar la calle …. cuando gobierne la derecha. 




 

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