El papel electoral mojado y Melania

A mí me gustaría que alguien de buena fe nos dijese al menos un sólo motivo por el cual, pudiendo perpetuarse en el poder, alguien de este gobierno dejaría pasar la oportunidad de hacerlo.

Si algo debiera quedar del todo claro tras el proceso vivido en las presidenciales norteamericanas es que la vulnerabilidad del complejo sistema tecnológico empleado actualmente, especialmente en la fase de recuento electrónico, es absoluta.

Se hayan logrado o no las pruebas necesarias para demostrar el fraude, al menos en la forma en que lo han querido exigir los diferentes estamentos judiciales para no agrandar el problema, por primera vez ha podido verse de manera descarnada el hueso y hasta el tuétano de un artefacto frágil como un pirulí de azúcar.

El mejunje resultante ha necesitado escenificarse incluso en momentos penosos, patéticos y hasta obscenos, como las imágenes donde se tapaban con cartones las cristales de los recintos donde se ‘recontaban’ las papeletas a espaldas, mediando engaño, de los observadores exigibles de la contraparte.

Hemos visto a individuos sospechosos manipulando las máquinas de recuento, pertenecientes a Dominion y a Smartmatic (la empresa venezolana que se autolesionó en su día reconociendo haber cometido numerosos fraudes en Venezuela), las cuales, a su vez, ha quedado acreditado que están controladas por la UBS, una oscura compañía con dos filiales, una en EE.UU. y la otra en Beijing.

Hemos asistido a la dramática y a su vez irrisoria experiencia de ver cómo se producía un apagón total y a partir de ese momento, minutos después, los zombis robotizados escupían recuentos de entre el 84 y el 93% de las papeletas a favor de Biden. Todo tan burdo e indisimulable que ni siquiera toda la fuerza del garantismo a favor de lo institucional lograba tapar la grosera marrullería empleada para lograr a martillazos un resultado pre establecido.

En la campaña electoral de 2016, hasta las grandes figuras de Hollywood y el propio Barack Hussein, se mofaban, aceptaban apuestas y negaban categóricamente la más mínima posibilidad de que Trump ganara la carrera presidencial. Las chanzas fueron infinitas y están grabadas en múltiples programas de TV, pero lo hizo, y desde entonces no han cesado en el acoso y derribo, incluso inventando un “impeachment” absurdo que se marchó por el sumidero y que no dejaba fuera ni siquiera la estúpida e inane acusación de que Trump habría mantenido relaciones con alguna prostituta en un hotel de Moscú muchos años antes de presentarse a unas elecciones.

El Partido Demócrata ha incendiado las calles durante estos años utilizando sus terminales más extremistas y delirantes, pero ni siquiera eso ni la pandemia han logrado evitar que, en 4 años de mandato, EE.UU. no haya emprendido una sola guerra, no haya disparado un sólo misil en ningún lugar del mundo, salvo un dron en un rincón de Medio Oriente para acabar con dos militares altamente peligrosos, y no ha tenido que acudir a recoger los atáudes de ningún joven caído en una misión militar de alto riesgo alrededor del globo.

A la vez, durante el mandato de Trump, se han generado 8 millones de puestos de trabajo, casi hasta el pleno empleo, han mejorado las prestaciones de las minorías negra e hispana, se ha recuperado terreno en la guerra comercial y económica con China y, sobre todo, se ha infundido el ánimo necesario a un país casi devastado, con un Detroit, antaño símbolo de la pujanza industrial, abandonado como un juguete roto al terminar la era frustrante del binomio pijo de Barack Hussein-Hillary.

La ridiculez del acoso padecido por el trumpismo abarca desde el ninguneo a una princesa mediática como Melania, una verdadera estrella en el pavoroso firmamento feminoide que representaba una horripilante Michelle Obama vacaburrizada a la que pretendieron colocarnos casi cada día como una mujer elegante o bella que no alcanzaba ni para un papel en Django Desencadenado.

No contentos con todo ello, las encuestas previas aseguraron que un mediocre y desenfocado Biden, que no fue capaz de llenar ni un recinto de más de 200 personas en toda la campaña, además de acusado de pedófilo y de acreditada corrupción familiar en China, arrasaría en las elecciones, cosa que no se ha producido ni de lejos, ni siquiera con toda la manipulación registrada en los medios de comunicación y en las redes sociales.

Sea como fuere, lo que todo esto permite recordar es que el sistema de recuento electrónico, con diversos matices y variantes propias de cada sistema electoral, viene a ser el mismo o parecido en medio mundo y también en España, cuya única diferencia a favor nuestra es que en la Ley Electoral española existe la posibilidad de control definitivo mediante las actas de papel, único soporte al que la ley le reconoce validez.

Ocurre, como he repetido hasta la saciedad, que dichos escrutinios no se realizan por decisión caprichosa y suicida de las juntas electorales provinciales, que son las encargadas de llevarlo a cabo. Si a esto le unimos la previsible parcialidad que tendrá la próxima Junta Electoral Central y, sobre todo, la Fiscalía General para impedir que se investiguen posibles denuncias por presunto delito electoral, ¿me quiere alguien decir por qué motivo irían a renunciar quienes ocupan el poder a propiciar una situación semejante a la que hemos visto en EE.UU. hasta convertir los votos en papel electoral mojado?

No solution.

He dicho.




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2 Comments

  1. Kas dice:

    A ver querido, que sepas que las actas en papel sirven de muy poco en una impugnación tardía ya que los votos físicos se destruyen a las 48 horas.

    Si en una mesa se manipulan los resultados entre dos o tres partidos dejando fuera a un cuarto – pongamos, por ejemplo, que en un territorio comanche existen mesas en donde no hay representantes de un partido nacional – las actas no representan mas que la constatación de esa manipulación: 100 para menganito, 90 para zutanito, 150 para chorradito y los votos del nacional = humo

    La única solución seria que, de impugnarse la votación, se pudiese verificar que los votos reales de esa mesa, tanto presenciales como por correspondencia, están verazmente reflejados en el acta. Pero eso es imposible de verificar si la impugnación, como decía arriba, no se realiza dentro de las 48 horas siguientes a la votación

    ¿Por qué se destruyen? dicen que para evitar una manipulación posterior de los resultados, pero eso es un insulto a nuestra inteligencia, porque si existiese la obligación de guardarlos en una urna sellada y firmada no solo por los integrantes de la mesa, sino por alguna autoridad o persona responsable que diese fe, no habria opción a la manipulación.

    Por lo demás, fantástico, me he divertido mucho con la vacaburrizada de Django Desencadenado

  2. José Mª Arenzana dice:

    Estimado sr, lamento que no haya entendido el fondo del asunto. La posible manipulación que se pudiera producir en las propias Mesas no tiene mucho arreglo porque, como ud bien señala, los votos se destruyen por imperativo legal, medida que a mí me parece razonable porque lo que ud sugiere de mantener una cadena de custodia de más de 50.000 urnas durante semanas supone un riesgo inaudito y diría que casi imposible, ni siquiera mediando la intervención policial. Para salvar ese escollo (aunque es obvio que no elimina el riesgo en puntos concretos del País Vasco y Cataluña muy radicalizados) existe vigilancia poolicial en cada colegio electoral además de la existencia de interventores y apoderados de los partidos.
    No obstante, me parece que ud no entiende que el mayor riesgo se encuentra a partir del momento en que los datos reflejados en las actas viajan electrónicamente a una base de datos, y que es ahí, en la base de datos, donde nos encontramos con el momento más opaco del proceso, donde todo está lejos de nuestra visión. Para corregir esto, la Ley establece un mecanismo fundamental que es la del conteo (no sólo la revisión) de los números que figuran en las ACTAS DE PAPEL, no en los datos del ordenador, a los que nuestra Ley no les concede validez ninguna.
    Espero haberle aclarado su confusión al respecto.
    Saludos y gracias por leer.

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