El orgullo de ser español

El jueves, Pablo Llarena, el Juez del Tribunal Supremo azote de supremacistas, el benemérito y exiliado, víctima de las amenazas y presiones de los hiperventilados muchachos de los CDR, que vienen a ser, versión separatista catalán racista y xenófobo, como los aguerridos kale borroka de tierras vascas, se vió obligado, acompañándolo con amargas quejas sobre la “falta de compromiso” de los jueces alemanes, a rechazar la entrega del jefe del golpe de Estado en Cataluña, ya que la Audiencia Territorial de Schleswig-Holstein decidió el pasado 12 de julio extraditarlo a España tan solo por un presunto delito de malversación de fondos, pero no por el de rebelión. Esto significaba que, de haber aceptado Llarena la extradición en esas condiciones, la condena máxima a la que se arriesgaba el Sr. (por decir algo) Cerro del Monte era de doce años, en lugar de los bastantes más de treinta a los que podría enfrentarse si se le juzga finalmente por todos los delitos por los que está imputado, incluido el de rebelión.

 Aparte de poner en cuestión gravemente la utilidad de la llamada “Euroorden”, y poner de manifiesto la deslealtad de los Estados europeos (Bélgica, Alemania…),lo cual debería hacernos reconsiderar que Europa estamos construyendo y si merece la pena seguir haciendo el canelo en plan pariente pobre, del que un simple Tribunalcillo regional alemán se permite el lujo de reírse, esta serie de reveses judiciales al Tribunal Supremo español y a un juez servidor fiel al Estado, que, incluso durmiendo, tiene más categoría judicial e intelectual que esos juececillos de Schleswig-Holstein, están siendo utilizados por los continuadores del golpe catalán para hablar de descrédito de la justicia española y volver a pedir, como hacen prácticamente cada día, la libertad de los presos “políticos” acusando al Estado español, como no, de reaccionario, dictatorial, opresor y mil cosas más.

La cuestión es, ¿como hemos llegado hasta esta situación?, y para averiguarlo hay que retroceder a las fechas en las que, siendo ministra plenipotenciaria para Cataluña  Dña. Soraya del CNI, la misma que tras la celebración del referéndum ilegal del 1 de Octubre dijo que había triunfado la legalidad, la misma que impidió que se vieran las imágenes de agresiones a las fuerzas del Orden en dicha jornada, la ministra del “dialogo” en suma, se permitió que unos cuantos pájaros (y pájaras) separatistas volaran, que varios de los máximos responsables del golpe, y, sobre todo, el jefe del mismo, pusiera rumbo a Marsella, seguido por agentes el CNI, donde fue despedido por esos mismos agentes agitando el pañuelo, para dejarlo huir a donde le dio la real (bueno, eso no, que son republicanos) gana.

El ridículo de magnitud planetaria que hizo en ese momento el CNI y, por ende, el Gobierno y el Estado español, nos lleva a comprender lo que está pasando con los Tribunales europeos, de los que nos llega bofetada tras bofetada en este vital asunto para la Nación. Y es que un país que no se respeta a si mismo y no hace respetar sus instituciones no puede exigir luego respeto a nadie.

Sólo la movilización popular, con ese aflorar de banderas españolas en balcones y ventanas, nunca antes visto salvo con la selección de futbol, apoyada y arengada por el Rey, en un discurso televisado que pasará a la historia igual que pasó el de su padre en la madrugada del día 24 de Febrero de 1981, junto al Juez Llarena y la acusación particular de un partido extraparlamentario (que vergüenza para el resto de partidos), como es VOX, han impedido que la deshonra y perdida de reputación de la Nación frente a esa banda de energúmenos, descerebrados y racistas erigidos en representantes de Cataluña cuando no representan mas que, como mucho, la mitad de loscatalanes, haya sido mucho mayor. Y ahora queremos que en Europa nos respeten y nos hagan el trabajo que aquí nosupimos hacer….

Fue León Tolstói quien dijo “todo acaba bien para el que sabe esperar”, y quizá eso piensen los supremacistas golpistas, en la confianza de que estos políticos blandengues y sin convicciones ni principios, finalmente cederán a sus pretensiones, como ya se va percibiendo de los nuevos ocupantes de la Moncloa, dispuestos a cualquier concesión con tal de aguantar el mayor tiempo posible en el poder, pero, enfrente, han de tenernos a los que creemos en nuestra Patria, en su Unidad, en su Historia, y no nos avergonzamos sino bien al contrario, nos enorgullecemos de ella: hay otra frase, no de un escritor insigne sino de un deportista, Carl Lewis, que dice: “si no tienes confianza, siempre encontraràs una forma de no ganar”. Si los españoles no demostramos el orgullo de serlo, el orgullo de pertenecer a un país con una historia fecunda en hazañas y victorias militares, que dominó el mundo durante siglos, que descubrió nuevas tierras gracias al valor y coraje de muchos de sus hijos, en fin, si nos abandonamos a la ideología dominante, que reniega de nuestras gestas más grandiosas y de las creencias y valores que históricamente han sustentado el espíritu español, nunca ganaremos la partida, pues el enemigo, en su radicalismo, no tiene dudas.




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