El miedo es ¿libre?

 

“El miedo es libre”, reza una frase popularizada en tiempos recientes. Como idea, resulta ciertamente chocante. ¿Libre? ¿El miedo es “libre”? Diríase que es justamente lo contrario, el miedo es cobarde, servil; la libertad siempre ha sido sinónimo de no tener miedo, o cuanto menos, de vencerlo, de dominarlo. Miedo y libertad son conceptos totalmente opuestos.

No obstante, tratemos de comprender qué quieren decir hoy con esta frase y por qué se ha popularizado. Si vivimos, no digo desde la pandemia, sino desde muchísimo antes, en una época caracterizada por el afán de seguridad y ajena al heroísmo, pues la idea de tener miedo de algo, lejos de ser indigna y humillante (como lo ha sido a lo largo de toda la historia de Occidente, y hasta de lo que no es Occidente), esa idea no sólo se rescata del saco de lo vergonzoso, sino que resulta hasta ensalzada. “¡El miedo es libre!”, claman, como quien defiende una consigna valerosa, en vez de hacerlo de una timorata. Viene a querer decir: no hay nada malo en tener miedo, tener miedo es un sentimiento universal que hay que respetar, actuar movidos por el miedo no tiene nada de humillante, es más, resulta hasta digno de aplauso. Como mínimo, a nadie se le debe reprochar el tener miedo. A partir de ahora, la del miedo será una excusa digna y presentable para eximirse de cualquier deber…

Entendemos que esa es la idea. El presentarla bajo una fórmula que equipara miedo a libertad no puede ser más peregrino. Pero en fin, siendo benévolos, quedémonos con el mensaje central de que “no hay que avergonzarse de sentir miedo, ni reprocharle a nadie el tenerlo”. (Nuestros antepasados se sonrojarían de oír semejantes cosas, pero en fin, nosotros no).

Las actuaciones más aberrantes imaginables, la pérdida de nuestras libertades y placeres, el fin de todo cuanto nos era gratificante (hasta abrazar a un sobrino; hasta pasear por la calle a cara descubierta), todo se da por bueno en aras de una presunta seguridad porque “el miedo es libre”.

Pero, ¿y el que no desea inocularse con una sustancia experimental porque teme a un presunto efecto secundario, por ejemplo de trombosis? ¿Ese miedo no es digno de respeto? Ese miedo, ¿no es “libre”?

Sería bastante mejor no vivir sujetos al miedo. En verdad, y dejando aparte a Don Pelayo y a Hernán Cortés, apartando de la mente a Don Juan de Austria y a Blas de Lezo, admitiendo que vivimos en unos tiempos timoratos y de apego al confort y que no podemos ya aspirar a ideales heoricos (que no es así, justo ahora necesitamos heroísmo a raudales, pero bueno, incluso adaptándonos al discurso oficial), pues… el miedo entre la población no es bueno. Hasta el más cínico de los gobernantes, el que menos se preocupe por el bienestar de sus ciudadanos, pues siempre preferirá, ante una situación difícil, ante una tragedia, pues ante todo, quitar el miedo.

Siempre, hasta 2020, a lo largo de toda la vida pública que podemos recordar, cada vez que se han dado tragedias, atentados terribles, plagas de alimentos contaminados, ola de crímenes… pues en todos los casos, la actitud de los gobiernos era siempre la misma: ¡Calma! Ante todo, calma. Lo primero, tranquilizar a la población. Esto se hacía por el interés de los gobernantes, claro (que no les echemos la culpa pues la catástrofe no es tan grande), pero también incluso por el bien general. Todo el mundo sabe (o sabía, hasta 2020) que si se desata el pánico, eso aumenta los daños, siempre, en cualquier tipo de accidente o desgracia.

Hasta 2020. 

Recordemos un espléndido soneto de Quevedo titulado: “Al repentino y falso rumor de fuego que se movió en la plaza de Madrid en una fiesta de toros”:

 

“Verdugo fue el temor, en cuyas manos 

depositó la muerte los despojos

de tanta infausta vida; llorad, ojos

si ya no lo dejáis por inhumanos

¿Quién duda ser avisos soberanos, 

aunque el vulgo los tenga por antojos,

con que el cielo el rigor de sus enojos

severo ostenta entre temores vanos?

Ninguno pudo huir su fatal suerte; 

nada pudo estorbar estos espantos; 

ser de nada el rumor ello se advierte

Y esa nada ha causado muchos llantos

Y nada fue instrumento de la muerte

Y nada vino a ser muerte de tantos”

 

Efectivamente, hubo muertos y heridos causados por aquel falso rumor de incendio. Sólo el miedo ya se cobra vidas.

Pero hoy decimos “el miedo es libre”, y se fomenta desde arriba.

¿Las generaciones futuras entenderán por qué? ¿O llegaremos a verlo nosotros?




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1 Comment

  1. Maloma dice:

    Bien visto. Y bien analizado.

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