El mejor amigo del hombre

Nunca he creído eso de que el mejor amigo del hombre es el perro. El mejor amigo del hombre es otro hombre.

Recuerdo con gran cariño a los perros que me rodearon sobre todo en mi infancia, a Boby, Paloma, Tarzán o Nerón. Pero los recuerdo como grandes compañías más que como amistades. Y desde luego fueron grandes celadores que cercaban con sus ladridos el perímetro de nuestro chalet familiar en Castilleja de la Cuesta.

 Yo comprendo a quienes llamen amigo a su perro, pero también intuyo todas sus soledades. Porque me da la sensación de que cuando se dice del perro que es el mejor amigo del hombre, puede ser por dos cosas: o porque no se sepa qué es un perro, o porque se ignore lo que es un hombre, un ser humano. Y desde luego porque ha habido poca suerte en encontrar amigos.

 Y me pregunto qué hubiera hecho yo sólo con mis perros sin el esfuerzo de Carlos Hidalgo, que me acompañó a la guitarra cuando canté por primera vez ante el público mientras soportaba por mí las altas temperaturas de una fiebre. ¿Me quieren decir lo que hubiera sido de mi adolescencia de haberla pasado entre perros en vez de disfrutarla junto a mi pandilla? ¿Qué hubiera hecho yo en Madrid sin la acogida de Rafael Rabay o los Vilaboa? ¿Qué habría sido de mí sin el amparo de Rogelio Gómez en tantos momentos difíciles en los que me ayudó con su apoyo moral, su entusiasmo, su fe y su dinero? ¿Qué conversaciones hubiera tenido con un perro en vez de hablar y aprender de mi tío Alfonso Serrano, Miguel Caiceo, Jaime Molina, Federico Casado, Juanita Reina o Caracolillo? Sólo habría escuchado mis pobres monólogos en vez de enriquecerme con nuestros diálogos.

 Me encantan los perros. Hay pocas cosas tan bonitas como acariciarlos y comprobar cómo les confortan mis manos, mientras me alumbran de campo o de hogar con la noble forma en que me miran. Pero de ahí a que sean mis mejores amigos va un abismo. De ahí a que incluso uno sólo de ellos sea mi mejor amigo, va una distancia insalvable con una persona que merezca ser llamada con esa palabra sagrada. Así lo siento. Seguramente porque en amigos he sido siempre muy afortunado.


 

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