Nuestro ex alcalde y ahora también exministro de todos, se ha despedido del puesto que encarnaba en el gobierno central. Se ha despedido bien, como Dios manda. De todos y cada uno de nosotros, o de vosotros, o de ellos. Ha dicho adiós y ha dado las gracias, porque de bien nacido es ser agradecido. Sobre todo en las Redes Sociales, que es, parece que para todos, donde se cuecen las habas o se parte el bacalao.

“Muchas grasiah a todos con los que he compartido esta etapa y mis disculpas a quien haya podido molestar (…) “ FOTO


“He visto cómo nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad luchan contra el narcotráfico (…), por eso estoy aún más orgulloso de ellos” FOTO

“el 4 de noviembre de 2016 (loquevienesiendo no hase ni doh añoh) inisié una aventura maravillosa que ahora finalisa. Muchas grasiah a Mariano R por confiar en mí, a mis compañeros y a todo el equipo de loquevienesiendo gobierno interior, que me ha ayudado día a día” FOTO

“Ha sido un privilegio servir a los españoles. Muchas gracias a MR por esta responsabilidad, a mis compañeros de Moncloa por su ayuda, al equipo que me ha acompañado en esta etapa…” FOTO (Ojo, que esta cita es muy parecida a loquevienesiendo otra anterior)

En 1755 en el Cabo de San Vicente ocurrió un terremoto más conocido como el de Lisboa. En ese movimiento, en el que cayeron iglesias pero no burdeles lisboetas, se dejó notar desde la desembocadura del Tajo hasta la costa argelina y Francia, afectando también a la ilustre ciudad de Salamanca, que es la historia que les relato ahora, a sabiendas de que la conozcan.

Al sentir el temblor ese 1 de noviembre, muchos fieles que seguían la Misa tridentina con Ordo Missae en la catedral de la ciudad, permanecieron dentro, qué mejor que rezando para que pasara pronto, o a lo peor ir al cielo; y los no tan fieles que merodeaban las calles aledañas corrían a refugiarse dentro de la iglesia, en los brazos de Santa Bárbara, porque tronaba.

Aunque cayeron todas en Lisboa, en Salamanca sólo se inclinó la torre un poco, si bien las calles sufrieron más de la hecatombe. Es por eso que el Cabildo catedralicio estableció que cada 31 de octubre, alguien de la familia de los Mariquelo, encargados de cuidar y morar en la Santa Catedral, subiera a La Torre de las Campanas para dar gracias a Dios por salvarlos de aquello y al mismo tiempo comprobar que no empeoraba la inclinación. Con Dios se fueron los Mariquelo, y con ellos la tradición. Pero se recuperó años después, junto con la del Lunes de Aguas. El actual Mariquelo (sepan que el apellido de entonces, ahora es sólo oficio), está hasta la punta del sombrero charro de subir cada año la torre bajo la mirada de los curiosos de abajo, viéndolo trepar ataviado folclóricamente y con gaita y tamboril, en realidad lo que esperan es ver si se cae, porque si no, no lo entiendo. Y de cansado que está el hombre de subir y dar las gracias y que todo el mundo lo espere abajo, siempre dice que se va y lo deja. Pero nadie tiene bemoles a sustituirle, y entonces, se queda. Y se vuelve a cansar y dice que se va, pero nadie le reemplaza, y entonces, se queda. Y así. Se despide. Adiós y gracias. Gracias y adiós.

De ahí los vecinos charros siempre dicen que alguien “se despide más que El Mariquelo”.

Que es lo que ha venidohasiendo nuestro UanInasio. “Muchas gracias a todos los hombres y mujeres que forman o han formado parte de la policía porque gracias a su profesionalidad (…) Mucha suerte a todos y gracias por vuestra ayuda” FOTO.

Yo también le doy las gracias Señor Zoido, porque nos ha cuidado o al menos lo ha intentado. Y al Gori y al Guapo (las gracias a ellos no; que los ha cuidado usted también, digo). Pero ya está bien, que Mariquelo sólo hay uno. A no ser que quiera plantarse un trajecito charro bien apretaíto de fajín en cintura, con su gorro, su gaita y su tamboril y trepar por la ladera de la Torre de La Campana de la Catedral de Salamanca. (io, qué frío), que es también una nueva etapa en la que estoy segura de que aprenderá nuevas tácticas y prácticas, siendo un trabajo bien agradecido por los ciudadanos. Don Zoido, me da a mí que nos vamos a ver muy pronto y de cerca. Adiós y gracias. Gracias y adiós.