El látex bolchevique

Les ruego me sepan perdonar la boutade de referirme hoy a una fantasmal asociación de juristas andaluces (en realidad de Sevilla), la totalidad de cuyos miembros cumplirían fielmente la prohibición del Gobierno de pandemias que obliga a viajar como máximo a dos personas por coche, ya que todos ellos, me sospecho, caben en un vespino y aún quedaría el asiento de atrás vacío.

Quiero referirme a esta ineluctable asociación porque su único benefactor y puntual beneficiario resume, a mi juicio, en su justa medida, la impostura y el pordioserismo sobreactuado del zurderío patrio.

La dicha asociación (o sea, el susodicho), que luce el nada oblicuo nombre de “17-M”, ha presentado una denuncia ante la Fiscalía de Sevilla contra los espontáneos y pacíficos manifestantes de cada tarde con la rimbombante y amenazadora admonición de que “Están cometiendo un delito y podrían enfrentarse a dos años de cárcel”.

¡Arsa y ole!

Cabe señalar que el promotor de tal denuncia, más allá de su condición de Doctor y profesor de Derecho y de su paso como letrado por el Tribunal Constitucional, fue candidato a dirigir Podemos en la provincia de Sevilla y quiso disputar la Alcaldía de la capital, pero resultó laminado de malos modos, antes de lograrlo, por la muchachada del subcomandante Pablo Iglesias.

Ya por aquellos años, tan ilustre jurista deslizó un patulaje memorable al afirmar en un debate televisivo sobre la pretendida reforma de la Constitución de 1978: “¿Qué herramienta se utilizó para hacer esa Constitución? ¡Las Cortes franquistas!”. El gambazo fue de tal calibre que él mismo manipuló después el video de aquel “pange lingua gloriosi” para no dejar constancia de su abulia constitucionalista.

Desde entonces para acá, el mencionado dogmático activista se ha convertido en un habitual alborotador (más que agitador) de causas presuntamente relacionadas con los derechos humanos, de tal modo que no resulta extraño verle sobreactuar a cada rato, ya sea como promotor de escraches o rodeando sedes del PP, como representante electoral de Herri Batasuna en Sevilla, como defensor de aquellas falsas giraldillas que irrumpieron en el escenario de presentacion de un Mundial de Atletismo o defendiendo a quienes reventaron las puertas del Rectorado y siempre a favor de la excarcelación de ladrones convictos y confesos o de agresores comunes…, contando, claro está, con que los condenados destilen alguna traza del lumpen zurdenco.

Lejos de arredrarse ante el morlaco, este ‘torerito’ del Derecho, más cercano a las bufonadas y desplantes de El Platanito que al tremendismo severo del Litri o al más piadoso de Pascual Duarte, ayer mismo proclamaba en un tuit que “En plena epidemia, esta panda de irresponsables se lanzan a la calle sin medidas de seguridad. Nos pueden contagiar a todos y están cometiendo un delito grave. Es inaudito que las autoridades no actúen ya. Por culpa de estos sinvergüenzas puede morir gente. Se cargan el país”.

Para colmo de los males zurdos, todo ese discurso de la impostura lo apoya “el tío calambres” en que esas legítimas caceroladas ciudadanas no han sido comunicadas y autorizadas por la autoridad competente, lo que resulta más chocante si se tiene en cuenta que durante los años de plomo de la mastodóntica invasión de inmigrantes sirios camuflados (además de eritreos, congoleños, afganos, etc.) que llegaban a Grecia y a Italia desde Turquía con la excusa de la guerra en Medio Oriente, nuestro torerito se había convertido en un encendido turista de aquellos lares, donde se disfrazaba como de ‘observadò internasioná’ del sargento Arensivia predicando una presunta legitimidad y reclamando el pretendido derecho de aquellos ciudadanos a saltarse por la cara la frontera de otros países sin permisos, protocolos ni perrito que les ladre.

Así que para saltarse las fronteras de un país, según el docto doctor, vale sin autorización de nadie y para mentarle la madre al Rey de España o quemar su retrato es libertad de expresión, pero realizar una cacerolada contra sus viejos camaradas que le metieron a él mismo la cabeza en el fango necesitaría una autorización inmisericorde de la incompetente autoridad de las pandemias bajo amenaza de cárcel o de muerte.

Es curioso, porque se ve que a ciertas categorías del zurdismo patrio le alimentan estas cosas del látex stalinista. Hasta el POUM, masacrado históricamente por la ortodoxia bolchevique, entra en “síndrome de Estocolmo” y hace causa común cuando el caudillo de ocasión les muestra el látigo y los correajes de su sectarismo.

Candidatos a ejercer de mamporreros del líder (aunque el líder sea un tipejo tan cínico y despreciable como la ideología que los sustenta), el sectarismo dogmático del subcomunismo español no deja de resultar siempre sorprendente porque reproduce de arriba a abajo, una y otra vez, todos los males que denuncia.

Y digo esto porque no pueden perderse el estrambote de toda esta pantomima del zurdo sobreexcitado… Cuando nuestro protagonista ocasional de hoy anunció su retirada de la lucha por liderar aquel proyecto podemita, lo hizo mediante un escrito en el que denunciaba que había conocido “lo peor del aparato de Podemos”.

Aseguraba en aquel entonces que dicho partido estaba lleno de “gente ávida por conseguir una parcelita de control a través del modo que sea, no importa lo sucio o agresivo que resulte, gente ambiciosa y sin escrúpulos que vive en la puñalada trapera al compañero y en la falta de principios, casi todos con trayectoria en otras organizaciones y acostumbrados a esas miserias”.

No contento con ello, este Strelnikov de oferta añadió entonces: “Ya no tengo espacio para trabajar en ese lugar sucio que están creando. Me han dejado muy claro que no tengo nada que aportar a un proyecto como éste. Que lo celebren los sinvergüenzas que llevan semanas pidiéndome a gritos que me vaya. Yo celebraré más lo tranquilo que me quedo. Y que no he renunciado a nada. Yo estoy donde estaba, con la gente”.

Ahora, ya lo ven, no está con “la gente”, sino con la despótica autoridad que nos desgobierna y nos arruina, mientras él exige palo y tentetieso contra la pacífica protesta de la calle y contra la disidencia.

La libertad de expresión para quien se la trabaja…, Joaquín Urías.

He dicho.




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *