El infierno son los otros

Dado que la corrupción es ya un innegable cáncer en todos los grandes partidos (obviamente más en aquellos que “tocan” poder) la lucha contra ella debería empezar desde dentro. No desde el propio aparato de partido -causa principal por no decir exclusiva de la corrupción- sino desde sus bases, únicas realmente legitimadas para castigar duramente la corrupción de sus líderes.

Me explico: Los militantes y simpatizantes de un partido deberían ser implacables con “sus” corruptos y no tanto con los del contrario. Tengo la convicción de que a costa de justificar, ignorar o minusvalorar la importancia de la corrupción entre “los nuestros” hemos estado perpetuando el vicio, ya que los otros hacen exactamente igual y por lo tanto nada cambia, ya que el 50% de la sociedad consiente la corrupción de las derechas y el 50% restante asume la corrupción de las izquierdas. Parafraseando a Cordell Hull, secretario de estado de Roosevelt, “es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Sartre escribió con esa misma idea que “el infierno son los otros”. Conclusión: la corrupción -si sumamos izquierdas, derechas, etc- es 100% admitida.

Si cuando se destapara un caso de corrupción en un partido sus bases, votantes y afiliados se plantaran masivamente en la sede de tal partido (y no en la del contrario como suele ser habitual) los líderes de ese partido quizás decidieran cortar algunas cabezas y tomar medidas disuasorias para el futuro.

Pero me temo que actuar así requiere una sociedad muy madura, capaz de ver antes hechos que etiquetas, de valorar las ideas y no las consignas y, sobre todo, que esté dispuesta a castigar la incoherencia ética de los “suyos”. Mientras eso no suceda seguiremos leyendo nuestro periódico favorito que oculta las miserias de “los nuestros” y amplifica las de los otros, seguiremos acudiendo en tropel a la sede del partido contrario para denunciar sus bajezas mientras ignoramos las propias y seguiremos votando aborregados a “los nuestros” sin importarnos que sean corruptos, canallas, incomprensibles, incoherentes, cobardes, rastreros y populistas.




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