El huevo de la serpiente

El título de este artículo se corresponde con el de una película de 1977 dirigida por Igmar Berman en el que se narra la vida cotidiana de Alemania en los años veinte, período entre guerras que hacía presagiar el ascenso del nazismo, y tiene su explicación en la frase con la que uno de sus protagonistas, el siniestro Dr. Vergerus, plantea una similitud entre el entorno social en el que se desarrolla esa época, y ese huevo a través de cuya fina membrana se puede distinguir el reptil a punto de nacer.

La memoria juega a veces con  extrañas asociaciones, casi siempre involuntarias, en las que una situación, como la del actual desarrollo legal de la incipiente ley de Educación en España te lleva a proyectar su resultado hacia el futuro, de no cambiar el texto aprobado en el proyecto de ley va a producir en nuestro país. Aquel “¡Es la economía, estúpido!” que James Carville, el asesor de Bill Clinton exclamó y le hizo ganar las elecciones de 1992 al marido de la candidata demócrata derrotada en 2016, bien podía ser sustituido hoy por ”¡Es la educación, estúpido!”, aunque no con el éxito de aquella expresión, pues quienes supieron verlo así hace décadas (¿verdad, Pujol y Arzallus?), llevan incubando en comunidades como Cataluña, Vascongadas, Galicia, Baleares y Valencia, sobre todo en las dos primeras, el huevo cuya criatura ya estamos viendo o incluso padeciendo.

Lo que ahora se plantea es una vuelta de tuerca más con la Lengua española, la segunda más hablada del mundo y en aumento, eliminando su carácter vehicular. Y eso sin entrar en el cómo se ha hecho: sin consultar a maestros ni familias, ignorando a la Real Academia Española y con propinas, torpedeando la enseñanza concertada, condenando a muerte a la Educación especial  y a la asignatura de Religión (mayoritariamente y libremente elegida como opción) y pudiendo pasar de Secundaria a Bachillerato con suspensos.

Pero lo peor de todo, lo que produce más indignación, es que este resultado de décadas transfiriendo la materia educativa a las autonomías, aula a aula, libro a libro, se haya llevado a cabo con la participación de partidos estatales votados por españoles que no viven en las comunidades mencionadas desde que se aprobó la actual Constitución. Señoras y señores: disfruten lo votado.




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