El hombre objeto (II)

El hombre objeto (I)

Tengo una muñeca vestida azul con su camisita y su canesú. Así comienza una popular canción infantil que hemos cantado las niñas de cinco generaciones en el transcurso del siglo XX y lo que va del XXI. La muñeca de la canción iba vestida de azul, no de rosa. Esto de la ropa de la muñeca de la canción viene a cuento de lo que las feminazis llaman micromachismos. ¿Qué son los micromachismos? Pues son, ni más ni menos, que un sinfín de cosas comunes, de palabras y frases que usted, yo y cualquiera dice con frecuencia y que a ellas les parecen auténticas ofensas hacia su condición de mujer, como por ejemplo el que popularmente se piense en – dicen ellas – en el color rosa como un color femenino y en el azul como signo de masculinidad que tanto odian.

Como a estas nuevas amazonas no les gustan las muñecas no han cantado nunca lo de la muñeca vestida azul, pero quieren vestir al hombre de color de rosa para así, dicen ellas, igualarlo con la mujer a la que ellas ven dominada desde la cuna por ser obligada a vestir de rosa por esta sociedad patriarcal que no quiere ver que ellas también sirven para descargar muelles, levantar pesas y ligar con la vecina de enfrente demostrando que su identidad de género es disruptiva, o lo que es lo mismo, que es capaz de comportarse como un hombre para salirse de la heterosexualidad patriarcal que las atenaza con sus micromachismos, sus piropos acosadores y sus miradas lascivas, esas miradas que la Ministra de Igualdad quiere elevar a categoría delictiva dentro de los centros de trabajo casi al mismo tiempo que agradece como un piropo muy bonito que el periodista radiofónico Quique Peinado le diga que tiene un coño como una mesa de grande. A la señora ministra le gustan las ordinarieces pero ve como micromachismo que un hombre comente que una mujer es poco femenina o que le diga a su pareja que sonría porque está muy seria, o que le regale a su hija una muñeca sin preguntarle si le gustan las muñecas o que deje que su mujer haga la compra.

 

 

La lista de los micromachismos que tienen elaborada estas ¨santas¨ es, además de interminable, tremendamente estúpida y no pasaría de ser una tontería si no se hubiera empezado hace años a introducir en los programas lectivos de colegios, institutos y universidades de todo el mundo mediante las políticas impulsadas desde la ONU, incluidas en su Agenda 2030 y las otras agendas que están por venir y que tienen el perverso fin de cambiar la sociedad a la fuerza utilizando para ello, entre otras cosas, al actual feminismo que está manejando unos planteamientos que ya estaban pasados de moda hace cincuenta años.

Este feminismo de guardarropía con olor añejo nos deja a las mujeres en muy mal lugar, nos trata como si fuéramos seres de segunda categoría incapaces de razonar o defendernos. No hay peor machismo que el de estas nuevas feministas subvencionadas por el Nuevo Orden Mundial para convertirnos seres pansexuales, en individuos despersonalizados, sin libertad ni tan siquiera para hablar utilizando nuestro idioma en toda su amplitud de conceptos porque ellas quieren implantar su lenguaje inclusivo, lo que viene a ser una forma de hablar inculta a más a no poder donde las muy lerdas quieren borrar toda etimología e imponer un lenguaje absurdo surgido de sus mentes calenturientas y de sus complejos de inferioridad.

Uno de los ejemplos que he encontrado en una de las muchas web que andan por la red dedicadas a denunciar lo de los micromachismos en el lenguaje ha sido la palabra AVENTURERO a la que ellas le dan el significado de valiente o arriesgado pero se olvidan de los sinónimos de vividor o golfo que tiene la palabra, palabra cuyo femenino AVENTURERA para ellas solo significa puta, cuando en realidad esta palabra tiene igual significado en masculino que en femenino. Lo mismo les sucede a estas memas con la palabra ZORRO que ellas ven como sinónimo de héroe – sinónimo inexistente – pero su femenino lo ven como el de puta cuando la realidad es que, dejando la zoología aparte, la palabra ZORRO-A quiere decir, astuto, listo, sagaz, pícaro, taimado, etc, etc. Luego están los zorros de quitar el polvo, esos plumeros de tiras de trapo que tan prácticos resultan a la hora de limpiar tapicerías. Está claro que ellas tienen un lupanar en la cabeza y tal vez el inconfesable deseo de sentirse meretrices, meretrices de la ONU, naturalmente.




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