El hombre mineral

Como lo desconozco todo o casi todo sobre la unidad de medida de la dureza y resistencia de los materiales, me he permitido establecer mi propio baremo que va más allá de incluir el diamante, el pedernal, el acero prensado o el titanio como referentes esenciales, convertidos todos ellos en yogur de fresa o en sirope de arce si los comparamos con la calidad del rostro de Pedro Sánchez, máximo común múltiplo y mínimo común denominador de todos los elementos existentes en el planeta Tierra en cuanto a dureza, indesmayabilidad y resistencia a la fatiga.

Al término de los actos desarrollados el Día de la Constitución, sin ir más lejos, donde ni siquiera han permitido que suene el himno de España para no molestar a sus socios en “el gang del presupuesto”, dicho individuo se ha permitido el lujo de dirigirse a una cámara de TV para decir que este día sirve para recordarnos a todos la necesidad de cumplir con todos y cada uno de los artículos de la Constitución. Y lo ha repetido varias veces: “De pe a pa” (dixit); o sea, la Pepa. ¡O la monda!

Y digo yo que hace falta tenerla como el acero bruñido de los cañones de Navarone y poseer huevos cúbicos y con aristas de bronce colado para proclamar algo semejante con tres declaraciones consecutivas de inconstitucionalidad sobre los cuernos sólo en lo que se refiere a las actuaciones relacionadas con los estados de alarma en apenas tres meses.

Este tío es de otro planeta, inerme e insensible al gas de la risa y al que cabría someter a pruebas irrefutables de laboratorio que atestigüen que en su fabricación fueron utilizadas las más avanzadas técnicas de resistencia ante el cinismo y la vergüenza.

No se conocía hasta la fecha un personaje tan delicuescente y falsario, incapaz de retener ni un sólo átomo de pudor en sus carnes a la hora de pronunciar salvajadas o embustes sin que le tiemble la voz ni exteriorizar una sombra de enrojecimiento en los pómulos.

Palidecen ante la dureza de su rostro las paredes abisales de millones de años de las gargantas andinas y la lava solidificada en las faldas del Vesubio.

Nada igual ha logrado encontrarse en la siderurgia manchesteriana, ni en las petroquímicas soviéticas de Cheropovets, donde se producía el famoso “severstal” (“acero del norte”) con el que se fabricaban los tanques y la poderosa artillería de Stalin.

Ni siquiera en el incomparable acero de los Krupp-Thyssen que alimentó a la industria nazi en las factorías del Ruhr se alcanzó jamás algo similar en cuanto a dureza imperturbable se refiere como el careto de este individuo, que se diría mineral.

Todo lo demás de lo que ustedes disfrutan es material de desecho, incluidos los rostros de Rufián, de Yolichari, de Otegui o de la tal Irene, si tratan de establecer un parangón con la tremenda y apocalíptica dureza del rostro de Sánchez, prototipo y unidad de medida universal e intemporal para lo que queda de la edad geológica en la que nos encontramos y que debería quedar encerrado en una urna, como la barra de platino-iridio de un metro que se guarda en París desde 1875 como base del sistema métrico decimal.

“Cumplir la Constitución de pe a pa, desde el primer artículo al último”, repite el muchacho la chanza tres veces, sin descomponer la figura ni mover de su sitio los pies, que, dicen los expertos, es lo primero que se desmanda cuando se comienza a faltar a la verdad en público.

Pedro Sánchez es ya el hombre mineral.

He dicho.




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