El guerrero, las doncellas y el dragón

Había una vez un bonito y rico reino, plural y diverso, de alegres habitantes, amigos de festejos y celebraciones.

Todo era maravilloso, si no fuera porque en un rincón del reino les había crecido un dragón, de esos que lanzan fuego por la boca y exterminan todo lo que alcanzan. Pero en este caso se trataba de un dragón un tanto lascivo, que utilizaba el temor que generaba en sus ataques para raptar a las más bellas doncellas.

Con objeto de aplacar sus arrebatos de ira y lascivia, y para comprar su «paz», los políticos del reino consensuaron entregar al monstruo diez doncellas cada año. Y bajo tan cruel condición, que afectaba a unas pocas familias, pero que nunca se mencionaba en el reino, estuvieron «viviendo» muchos años.

Hasta que un día, el hermano de una de aquellas desgraciadas doncellas, para vengar la afrenta y restablecer la justicia, cambiando el arado por espada se transformó en guerrero. Un guerrero  resuelto a matar a la bestia y acabar con el sangriento tributo bajo el que vivían todos sometidos. Y así una mañana, el guerrero fue a buscar al dragón a su guarida y se enfrentó cara a cara con él. Pero no le pudo vencer en su primera batalla…

Mientras tanto, por el reino comenzaron a oírse los lamentos de temerosas viejas que maldecían al guerrero, por atreverse a romper la «paz» con el dragón.




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *