El guardaespaldas Nikolín y los marqueses de Galapagar. LA VISITA DE RECONCILIACIÓN

Aquí me tenéis de nuevo.
Ya no sé si soy un guardaespaldas o un loquero familiar. Os cuento en el diario.
Tras tener el señor -como toda España sabe- una bronca monumental con Pedro El Bello… por lo visto han estado intentado un acercamiento y como resultado, ayer los señores habían invitado a merendar a Pedro y a su señora, que llegarían pasada la hora de la siesta.

A eso de las cinco de la tarde -hora taurina- el jardín era todo una belleza: Flores, plantas exóticas y una mesa bien surtida con toda clase de viandas, aperitivos, bebidas… y todo ello sobre una bellísima mantelería de lagartera.

A la hora prevista llegaron tío Pedro y tía Oña (así les llaman los niños y tío Nike).

Tras un recibimiento que ni el mismísimo Judas, todos se sentaron a departir alegremente y a dar buena cuenta de dulces de las monjas Jerónimas, que para estas cosas no son ateos…

Cuando la merienda transcurría con unas risas más falsas que un billete de tres euros, la señora preguntó a los invitados: “¿Queréis una copita de licor de los monjes Benedictinos?”
Todos asintieron y la señora ordenó al mayordomo que sirviera copas para todos.

Comenzaron a tomar licor espiritual y cuando iban ya por la tercera botella, tía Oña, que hasta entonces solo había hecho alguna mueca parecida a una sonrisa, preguntó a tío Nike:
“¿Qué es lo que miras tú, majo?”

El muñeco diabólico entonces, acercando su carricoche a tía Oña, le preguntó a ella:
“¿Tú ‘res un tío ‘omo dice Irenova, o no?”

Y mientras se lo preguntaba y casi sin darle tiempo de reaccionar, le metió la mano a tía Oña en sus partes correspondientes y exclamó como pudo:
“¡Diene más ‘aquete que Rocco S’iffredi…!”

Y en fin… Allí se armó la Marimorena.
Los titos se pusieron como era de prever ante el bochorno que les había provocado el tío Nike -es decir, más cabreados que un pavo en el puente de la Purísima- y así que se dejaron entonces de falsas risitas, se levantaron muy ofendidos y decidieron que se marchaban.

Al salir por la puerta, Pedro Bello con todo su ceño fruncido, se detuvo por un momento, se giró hacia el señor y mirándole fijamente, le dijo en un susurro:
“Te queda menos mandato que a Simón, que ya es decir…”

Acto seguido Pedro y señora montaron en el coche oficial y se marcharon.

Cuando me levanté esta mañana, todavía se escuchaba a la señora en el jardín dando de babuchazos a tío Nike, mientras éste se defendía a bocados y profería toda clase de gruñidos, porque a esas horas ya había agotado las baterías del carrito y no podía ir muy lejos.

Bueno… Os dejo hasta otro momento, voy a ver si puedo hacer algo que todavía estoy escuchando los chanclazos de la señora y los alaridos del tío Nike…




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