El espinazo doblado

Sigo creyendo que todos nos equivocamos en la pelea por demostrar lo obvio, es decir, lo que todo el mundo sabe en su fuero interno… Y es que de lo obvio no se discute, porque discutir de lo obvio es una idiotez y una pérdida de tiempo.

La gravedad del asunto proviene de la permanente impostura de estos individuos que ocupan el Gobierno, con su principal impostor a la cabeza, Sánchez Pérez-Castejón, que se invistió de calvinista para quemar herejes cuando él mismo era un hereje desde la primera hora. Esto es lo grave del asunto.

¿Plagió su tesis?, pues claro que plagió; ¿se la hicieron?, pues claro que se la hicieron; ¿se inventaron un tribunal por la cara y un cum laude?, pues por supuesto… ¿Y qué? Cuanto más se insistió en toda aquella obviedad que todo el mundo sabía, más cerca estuvimos de que llegara el día y la circunstancia favorable para que el Sr. sánchezpérez saliese a decir: “Sí, fue así, pero es mi tesis doctoral y para mí se queda; si queréis la devuelvo, que a mí eso me la suda cuando lo que tengo entre manos ahora no es una tesis sino el BOE…, así que dejen de tocarme las narices diciendo que soy un trilero, porque ahora el que está aquí es el menda y no me voy a ir por haberme saltado un semáforo en rojo hace unos años. A todos vosotros también os han multado alguna vez, dejen de decir carajotadas”…, etc.

Créanme, después de lo que llevamos visto, pues de haber dicho algo así, nada habría cambiado y muchos le habrían aplaudido, porque ya saben ustedes que en España es un hecho casi incontestable que se aplaude más, más sinceramente y es más valorado (y es más divertido hacerlo) al listo que al inteligente, al ladrón que al policía, al pícaro que al honrado, al avispado que al que se esfuerza, al simpa que al generoso y desprendido… y entonces a muchos no les importa que nos gobierne un burlador antes que un cumplidor honrado, antes un donjuán de folletín que un honesto camarlengo, mejor un ventajista y un tramposo que se ríe de su suerte que un contable aburrido de la suya.

En fin, que el problema nunca fue lo que hizo para obtener la tesis doctoral, que no es en nada diferente de lo que le vemos hacer ahora con todo lo demás, sino su desvergonzada capacidad para traicionar a todo y a todos, su travestismo para disfrazarse de contable o de honesto canónigo y su permanente disposición para entregar hasta lo que no es suyo y acusar a todos los demás ocultándose detrás de sus acusaciones.

El gran inquisidor general era el hereje, el cura del pueblo que pontificaba cada tarde desde el púlpito de la iglesia era el dueño de la casa de putas; el que esparcía las sospechas sobre los demás era el asesino; el que robaba el banco era el guardia de la puerta; el que predicaba la paz trazaba su plan de ataque; el beato era el estuprador; el que odiaba la guillotina cortaba las cabezas tras las cortinas; el que anunciaba el fuego era el pirómano que incendiaba el bosque cada noche: él solito era el caballo de Troya y comía las uvas de tres en tres, porque, ande yo caliente y…

Pregunten en el PSOE, allí le conocen. Pero, ¿qué hacer entonces? ¿Pedirle que dimita? ¿Que se vayan todos a su casa? Anoten esto: con un tipo que no tenía ni tiene nada que perder (y esto vale lo mismo para Rufián, para Pere Aragonés, para Juan Espadas o para Pedro Sánchez) no negocies nunca como si fuese un caballero.

La ruina la tenemos ya asegurada y los 15 euros que dicen van a subir el Salario Mínimo se descuentan del 1,5 de la inflación que ha iniciado su carrera desbocada. La deuda y el déficit son ya inalcanzables, el paro nos rebosa, la recuperación es un fantasma, las empresas del Ibex soportan como pueden el desplome… El apocalipsis no vendría por el clima, sino por la manera de doblar la cerviz y el espinazo un ególatra que sólo deseaba proteger sus intereses personales.

He dicho.




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