El episodio de la espada de Bolívar

La ácida crítica expelida desde la extrema izquierda contra la sedente y digna actitud de Felipe VI ante la exhibición de la espada de Bolívar, nos ha recordado dos cosas: una, saber quién fue verdaderamente el «libertador» Simón Bolívar; y otra, el odio a España que alimenta a nuestra ultraizquierda.

El caraqueño Simón Bolívar fue un traidor que se alzó en armas contra España decretando la muerte contra los españoles y poniéndose al servicio de los intereses del imperio británico. Y respecto a nuestra extrema izquierda, no es que mantenga una visión diferente, alternativa y legítima sobre nuestra nación, sino que simplemente no traga con España ni con su historia, y aspira a acabar con ellas tal como las conocemos. Esto explica su apoyo a cualquier separatismo y su aversión a los símbolos de nuestra patria, mientras que se entrega a algo tan «noble» como es exigir reverencia ante la espada de un traidor.

En un arranque de sinceridad, ya lo reconoció el propio Pablo Iglesias cuando dijo que él no podía pronunciar la palabra España… Que este sujeto haya llegado a ser vicepresidente de una nación que desprecia, sólo podría pasar aquí y gobernando Pedro Sánchez. E igual de sorprendente resulta que existan en suelo español estatuas homenajeando a Bolívar.

Impensable encontrar ambas situaciones en cualquier otra nación.




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